Nunca he estado en Gaza.
Nunca he estado en Gaza.Seguir leyendo…
Nunca he estado en Gaza.
Ni antes de esta guerra desproporcionada ni ahora, con la Franja arrasada por los misiles israelíes o los drones israelíes, que son lo mismo, vamos, el mismo artefacto cobarde y asesino.
Nunca he estado en Gaza pero puedo imaginarme su ahora: me basta con contemplar las imágenes que recorrían las redes hace un par de semanas, cuando se había abierto allí una diminuta ventanita de felicidad.
Esta es la diminuta ventanita de felicidad: es la Copa del Mundo de fútbol y se juega el Argentina-Egipto y miles de gazatíes se aúpan a la montaña de escombros del campo de refugiados de Nuseirat y, juntos como hermanos, contemplan aquel cruce de octavos en una gran pantalla.
Durante un par de horas, hay una pausa de hidratación en la guerra: ¡fútbol en la gran pantalla! En la tregua, los gazatíes cantan y vocean y admiran al gran Mo Salah y celebran los goles de Ibrahim y Ziko y lloran más tarde, cuando las huestes de Messi se rehacen como el ave fénix y remontan el partido, y luego todo se olvida y todo se perdona, el fútbol todo lo puede.
– Football is life! –voceaba el gran Dani Rojas en Ted Lasso mientras gambeteaba sobre el césped del AFC Richmond.

El fútbol es la vida, lo es por unas horas en aquel campo de refugiados, y la vida se la ha regalado Mohamed al Wahidi, el trabajador humanitario palestino que ha liderado la instalación de aquella gran pantalla y muchas otras en la Franja.
El fútbol es la vida, lo es por unas horas en aquel campamento gazatí, hasta que un dron lo mutila todo
Pero mira por dónde.
Cuando todo ha acabado y los gazatíes aún saborean las emociones del fútbol y regresan a sus casas, o a sus tiendas de campaña, o a lo que les quede en pie, una noticia recorre la Franja.
Resulta que, una hora antes del partido, un misil israelí o un dron israelí, que son lo mismo, vamos, el mismo artefacto cobarde y asesino, ha destrozado el taxi que llevaba a Mohamed al Wahidi de un lado al otro. Muere él, el hombre que había abierto una diminuta ventanita de felicidad en la Franja, y mueren dos criaturas gazatíes y también el taxista, y los israelíes admiten el error, se disculpan, dicen que confundieron a Al Wahidi con un terrorista y si te he visto no me acuerdo.
Football is life, el fútbol sigue en la Franja, y hay más retransmisiones en los días sucesivos, y las contemplan los refugiados, juntos como hermanos, pero ahora, mientras cantan, vocean y aplauden, por momentos alzan la vista al cielo pues no se fían, no saben en qué momento aparecerá un misil o un dron, da igual lo que sea, para arrebatarles lo poco que les queda, que es la nada pues la Copa del Mundo se ha acabado y ahora allí ya no se abren diminutas ventanitas de felicidad, solo quedan escombros.
Deportes
