Los vínculos entre Argentina y España son la mar de sólidos: una lengua común, la dinastía compartida de los Simeone y el agravio de que si las Malvinas son argentinas, Gibraltar es español. ¿Viviremos mañana una fiesta de la Hispanidad o daremos la nota para un día que el mundo nos mira?
Los vínculos entre Argentina y España son la mar de sólidos: una lengua común, la dinastía compartida de los Simeone y el agravio de que si las Malvinas son argentinas, Gibraltar es español. ¿Viviremos mañana una fiesta de la Hispanidad o daremos la nota para un día que el mundo nos mira?Seguir leyendo…
Los vínculos entre Argentina y España son la mar de sólidos: una lengua común, la dinastía compartida de los Simeone y el agravio de que si las Malvinas son argentinas, Gibraltar es español. ¿Viviremos mañana una fiesta de la Hispanidad o daremos la nota para un día que el mundo nos mira?
No calentemos la final. Celebremos lo que nos une (las empanadas, por ejemplo). No es un partido a vida o muerte y qué mejor que sonreírnos si coincidimos en un semáforo con un colectivo de argentinos que grita por encima de sus posibilidades y de las ordenanzas municipales, se besan el escudo de la camiseta con la que llevan durmiendo toda la semana y te señalan las estrellitas, que siempre es más educado que llevarse la mano a la entrepierna.

Vínculos sólidos: lengua común, la dinastía de los Simeone, los agravios de islas Malvinas y Gibraltar
Todos tenemos la responsabilidad de contribuir al buen ambiente. No se me ocurre mejor manera para empezar que reproducir un chiste. El humor aligera la tensión y hermana a los pueblos hermanos, así que ahí va el chascarrillo.
Un rapaz argentino que aún no bebe mate y tiene un bisabuelo en la aldea lucense de A Picha llamado Serafín, dice a su progenitor:
–Papá, papá, ¡de mayor, quiero ser como vos!
Empapado en lágrimas y baba, enfundado en la albiceleste con el dorsal de Mario Kempes, el Matador, el padre inquiere: “Decime mi hijo… ¿qué es lo que más te gusta de mí ?”.
–¡Tener un hijo como yo!.
A todos nos sobran argumentos para el optimismo (ganará la roja, claro está). Y el temor compartido a que la afición del vencedor se pase de frenada, nos dé la noche de domingo –siempre quedará aquello de que los pueblos serios y teutones trabajan– y convierta la jornada en uno de esos días que hacen historia, como sucede a diario.
Que gane el mejor, o sea España porque somos los mejores –lo dicen Rajoy y las encuestas del CIS–
Las dos hinchadas pueden ser muy pesadas si les da por celebrar el título en las calles o berrear cuando alguien les planta un micrófono. A entusiasmo Argentina es insuperable y su pasión, inverosímil. Ya lo dice Lionel Scaloni: los argentinos son así y no asá. A algunos compatriotas, esta argentinidad callejera les empieza a cargar por boluda, macanuda o atorrante. Y esperen…
Todo se le perdona a Argentina, porque han dado emoción a un Mundial discreto en fútbol. Que gane el mejor, o sea España porque somos los mejores –lo dice Rajoy y las encuestas del CIS–, jugamos como un equipo y si ellos tienen a Messi enchufado, España posee cántaros que llevan a De la Fuente.
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