Lejos de nuestra tierra, seguimos siendo gente pasional y de superstición, de cábalas. De ritos sin sentido. En casa creemos que ganar depende de que la bandera esté al lado de la tele en la misma posición en la que quedó el primer día. Que uno de la docena que nos juntamos para ver la final empiece el partido sin la camiseta y se la ponga con el partido a medias. Y si la cosa se pone fea, giramos el ventilador hacia el balcón, sin dar al salón y matándonos de calor como resultado, porque contra Cabo Verde lo hicimos y el partido se destrabó.
Lejos de nuestra tierra, seguimos siendo gente pasional y de superstición, de cábalas. De ritos sin sentido. En casa creemos que ganar depende de que la bandera esté al lado de la tele en la misma posición en la que quedó el primer día. Que uno de la docena que nos juntamos para ver la final empiece el partido sin la camiseta y se la ponga con el partido a medias. Y si la cosa se pone fea, giramos el ventilador hacia el balcón, sin dar al salón y matándonos de calor como resultado, porque contra Cabo Verde lo hicimos y el partido se destrabó.Seguir leyendo…
Lejos de nuestra tierra, seguimos siendo gente pasional y de superstición, de cábalas. De ritos sin sentido. En casa creemos que ganar depende de que la bandera esté al lado de la tele en la misma posición en la que quedó el primer día. Que uno de la docena que nos juntamos para ver la final empiece el partido sin la camiseta y se la ponga con el partido a medias. Y si la cosa se pone fea, giramos el ventilador hacia el balcón, sin dar al salón y matándonos de calor como resultado, porque contra Cabo Verde lo hicimos y el partido se destrabó.

También congelando rivales, método estrella este Mundial. La receta es simple: escribir en un papel el nombre de un jugador o equipo rival y meterlo al congelador para desactivarlo a distancia. Una foto también vale. Congelar, ciencia pura. No estamos locos, todo el país lo hace. El pobre Vozinha, humilde portero caboverdiano, acabó entre helados y la bolsa de guisantes. Para Egipto, partido de milagros, Anto, Giuliana y Mela, ejecutoras del ritual en casa, decidieron que la cosa era grave y congelaron al país entero. Contra Inglaterra le tocó a Declan Rice en formato cromo, estampa que salió –más casualidad imposible– en un paquete comprado para la ocasión. El destino lo quiso. Imagínese invitado a la casa de un argentino y que lo salude un pobre inglés tiritando cuando va a por hielo. Que se prepare Lamine para ir al cajón del medio, porque el método ha ido funcionando. Será en formato papel, que el cromo va cotizado. Aunque en una España tan coral será difícil elegir al condenado.
El humilde Vozinha o Declan Rice ya han sufrido el frío este Mundial: ¿con España será más difícil acertar?
Todo es contradictorio, algo muy argentino. Confiamos en conjuros baratos cuando en la cancha sigue Lionel Messi. Por mi juventud no me atrevo a decir lo de mejor de todos los tiempos. Hace años le preguntaba a mi padre, él que vio a los dos, si Messi era mejor que Maradona, única discusión posible. “Le falta el Mundial”, me repitió mucho tiempo, parco en palabras. Hoy ya no duda. Aunque camine por el césped, dosificando, sigue siendo nuestra esperanza. Aterricé en esta redacción en el 2014. Por suerte o desgracia, quizás también por vagos, me apodaron Messi, por argentino. El mote lo mantiene la vieja guardia, Joaquín Luna a la cabeza. De ahí que sea, quiera o no, otro fiel soldado en su ejército. Combativos hasta el final, lo que han pagado varios. España sabe que un 2-0 puede ser corto en el minuto 80. Ahí nos encendemos.
Messi tiene un ejército fiel que no entrega la vida hasta el final: un 2-0 en el minuto 80 puede ser un resultado corto
Mañana repetiremos rituales. Apretujados en un piso en el que no cabemos, se congelará, se sufrirá. Que España piense en cómo anular al 10. Si con doble marca o buscando su tobillo. Pero, por favor, en casa no copien nuestro método infalible. Aunque mi jefe me amenaza con el despido si ganamos, no congelen a Messi.
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