Pena máxima

Enzo Bearzot, antiguo seleccionador italiano, decía que no tenía sentido que, después de jugar durante 120 minutos, un partido de fútbol tuviera que decidirse con una tanda de penaltis. Como presidente de la UEFA, Michel Platini también intentó cambiar el reglamento para evitar que se impusiera un desenlace que él calificaba de “injustamente artificial”. El sábado, en cambio, la tanda de penaltis de la final PSG-Arsenal fue el único elemento digno de ser recordado tras dos horas de fútbol tacaño, obsesivamente defensivo, gobernado por la idea reaccionaria de esforzarse más en no perder que en ganar. ¿Qué recordarán, para bien y para mal, los aficionados del PSG y del Arsenal? El desenlace de los penaltis.

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 Enzo Bearzot, antiguo seleccionador italiano, decía que no tenía sentido que, después de jugar durante 120 minutos, un partido de fútbol tuviera que decidirse con una tanda de penaltis. Como presidente de la UEFA, Michel Platini también intentó cambiar el reglamento para evitar que se impusiera un desenlace que él calificaba de “injustamente artificial”. El sábado, en cambio, la tanda de penaltis de la final PSG-Arsenal fue el único elemento digno de ser recordado tras dos horas de fútbol tacaño, obsesivamente defensivo, gobernado por la idea reaccionaria de esforzarse más en no perder que en ganar. ¿Qué recordarán, para bien y para mal, los aficionados del PSG y del Arsenal? El desenlace de los penaltis.Seguir leyendo…  

Enzo Bearzot, antiguo seleccionador italiano, decía que no tenía sentido que, después de jugar durante 120 minutos, un partido de fútbol tuviera que decidirse con una tanda de penaltis. Como presidente de la UEFA, Michel Platini también intentó cambiar el reglamento para evitar que se impusiera un desenlace que él calificaba de “injustamente artificial”. El sábado, en cambio, la tanda de penaltis de la final PSG-Arsenal fue el único elemento digno de ser recordado tras dos horas de fútbol tacaño, obsesivamente defensivo, gobernado por la idea reaccionaria de esforzarse más en no perder que en ganar. ¿Qué recordarán, para bien y para mal, los aficionados del PSG y del Arsenal? El desenlace de los penaltis.

Lo escribe Robert McCrum en su libro El penalti, historia de una revolución (Ed. Libros del K.O.): “Para los espectadores, es un sufrimiento fascinante que nos provoca sensaciones casi insoportables: alegría, terror, esperanza, desolación, rabia y euforia, como si el tiempo se hubiera detenido”. Fallar un penalti en una final no sale gratis. Roberto Baggio, que falló el lanzamiento decisivo en la final del Mundial de 1994, lo recuerda con dolor: “Todavía sueño con ello. Si pudiera borrar un momento de mi vida, sería este”.

Para bien y para mal, de la final PSG-Arsenal solo se recordará la tanda de penaltis

Los culés, siempre innovadores, encontramos el modo de no culpar a un único jugador de una de nuestras tragedias tribales. Ahora ha hecho cuarenta años, en Sevilla, contra el Steaua, asistimos a un espectáculo insólito: nuestros jugadores fallaron los cuatro penaltis que lanzaron y, aunque Urruti detuvo dos, el adversario ganó la Copa de Europa. Fue un acto de solidaridad negativa que impidió que se señalara a ningún jugador en particular.

También en Sevilla, en 1982, el jugador francés Didier Six falló el último penalti contra Alemania, en aquella histórica semifinal, tan dramática que se han hecho documentales y escrito libros. Six explica las secuelas: “Llega un momento insoportable en el que ya tienes cuarenta y cinco años, pero la gente te sigue viendo como el tío que falló el penalti. Tuve problemas para encontrar trabajo porque me decían: ‘Este tío es inestable’. Y todo, por fallar un penalti”.

Gabriel Magalhães, tras fallar el penalti decisivo en la final de la Champions
Gabriel Magalhães, tras fallar el penalti decisivo en la final de la ChampionsAndreea Alexandru / Ap-LaPresse

En Budapest, la imagen que les quedará a los aficionados del Arsenal será la del pobre Gabriel Magalhães, desolado después de un error contra el cual no podrá reclamar el derecho al olvido digital. El impacto colectivo fue inmediato, con una particularidad: la afición que se manifestó con más rabia no fue la de los perdedores del Arsenal, sino la de los vencedores del PSG.

Fieles a la tradición que define la identidad del club, no faltaron las bengalas prohibidas en la grada y, por las calles no solo de París sino también de Rennes o Estrasburgo, la violencia en forma de saqueos, incendios y enfrentamientos con la policía. Balance hasta ayer por la tarda: 800 detenidos, 218 heridos, un fallecido y una decena de policías heridos. En la tertulia de actualidad de la cadena France Info, analizaban los hechos con esa extraña mezcla de erudición y complacencia. Uno de los expertos afirmaba que esta minoría salvaje y destructora que acompaña los éxitos del PSG ha convertido la violencia en“un nuevo hábito de celebración”. Como decía Schuster –que huyó de Sevilla para no participar en la catástrofe–, “no hace falta decir nada más”.

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