El Gobierno evita las tensiones con Marruecos

La crisis migratoria desatada en Ceuta ha obligado al Gobierno a desplegar a buena parte del Gabinete para actuar sobre el terreno y contener el impacto de una emergencia sin precedentes. La estrategia de La Moncloa da prioridad a la gestión asistencial mientras mantiene en un segundo plano las tensiones diplomáticas con Marruecos y el pulso iniciado por socios europeos como Italia y Dinamarca, que ayer volvieron a reclamar una respuesta más restrictiva frente a lo que califican de “inmigración descontrolada”.

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La crisis migratoria desatada en Ceuta ha obligado al Gobierno a desplegar a buena parte del Gabinete para actuar sobre el terreno y contener el impacto de una emergencia sin precedentes. La estrategia de La Moncloa da prioridad a la gestión asistencial mientras mantiene en un segundo plano las tensiones diplomáticas con Marruecos y el pulso iniciado por socios europeos como Italia y Dinamarca, que ayer volvieron a reclamar una respuesta más restrictiva frente a lo que califican de “inmigración descontrolada”.

La sucesión de visitas ministeriales refleja el esfuerzo del Ejecutivo por construir una respuesta transversal. La titular de Juventud e Infancia, Sira Rego, abrió la ronda el sábado para abordar la situación de los menores no acompañados. Ayer tomó el relevo el ministro de Política Territorial, Ángel Víctor Torres, encargado de coordinar la respuesta con las autoridades locales. Y entre hoy y mañana aterrizarán en Ceuta el titular de Exteriores, José Manuel Albares, y la ministra de Defensa, Margarita Robles.

Albares va hoy a la ciudad autónoma, mañana lo hará Robles y ayer estuvo Ángel Víctor Torres…

El despliegue busca además contrarrestar las críticas de la oposición y de los propios ceutíes –quienes el domingo se manifestaron para “exigir respuestas”– y articular un mensaje de fortaleza del Estado. Así lo ejemplificó el ministro para la Transformación Digital y de la Función Pública, Óscar López, quien ayer salió al paso de los reproches defendiendo que el Gobierno no solo «ha dado la cara», sino que ha respondido al desafío desplegando los recursos económicos y efectivos suficientes ante lo que el Ejecutivo ha calificado como una “emergencia tremenda”.

Según los datos facilitados por Moncloa, la crisis alcanzó su pico con el intento de entrada de miles de personas si bien precisó que la inmensa mayoría regresó a Marruecos en las primeras 24 a 48 horas, evitando lo que habría supuesto el “colapso total” de una población de 85.000 habitantes.

Pese a la contención inmediata sobre el terreno, la estrategia del Ejecutivo deja en suspenso la dimensión diplomática del conflicto. No solo con Marruecos, cuyos controles fronterizos quedaron desbordados durante la llegada masiva, sino también dentro de la Unión Europea, donde la declaración conjunta de la primera ministra italiana, Giorgia Meloni, y la danesa, Mette Frederiksen –socia del PSOE en el Partido de los Socialistas Europeos–, reclamando la creación de centros de repatriación en terceros países, amenaza con obligar a España a posicionarse sobre la externalización de las fronteras.

El Gobierno, de momento, ha optado por no alimentar esos frentes y concentrar el mensaje en la capacidad de respuesta del Estado para gestionar la emergencia sin permitir que la crisis migratoria se convierta también en otra crisis diplomática, esta vez, fuera del entorno doméstico de Europa.

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