Se estrena por fin la brillante y muy disparatada película cancelada de forma inexplicable por Warner que demuestra hasta qué punto el pobre Coyote ha sido maltratado en su vida Leer Se estrena por fin la brillante y muy disparatada película cancelada de forma inexplicable por Warner que demuestra hasta qué punto el pobre Coyote ha sido maltratado en su vida Leer
Fue Mack Sennett el que patentó la más delirante definición de comedia que se ha conocido nunca. «Comedia», decía el que fuera maestro de Chaplin e inventor del mítico tartazo, «es cuando un hombre se cae en una zanja y se mata. Drama es que te salga un padrastro». Samuel Beckett fue un poco más lejos y se atrevió a asegurar que no hay nada más divertido que la desgracia. Años más tarde, Chuck Jones, creador de Coyote y Correcaminos para la Looney Toones en 1949, perfeccionó el concepto hasta el agotamiento con un simple y muy rápido añadido: «Bip, bip». En efecto, esto es lo único que siempre necesitó el veloz personaje para arrancarnos una carcajada al mismo tiempo que nos preguntábamos de qué narices exactamente nos estábamos riendo. Justo antes, Coyote caía por un barranco, explotaba, se estrellaba contra un muro, era arrollado por un tren o, en efecto, caía en una zanja y se mataba (o algo parecido). Bip bip.
Coyote vs. Acme básicamente se hace cargo de nuestro desconcierto e imagina la posibilidad de nada más y nada menos que la justicia. O, mejor, la Justicia, con la J bien alta. Harto de fracasar, nuestro héroe permanentemente destrozado, humillado y descuartizado decide un buen día demandar a la empresa que le trae, literalmente, por la calle de la amargura para regocijo de Sennett, de Beckett, de Jones y de cualquiera de nosotros. La película, por ofrecer el contexto, hace pie en un célebre artículo firmado por Ian Frazier en 1990 para The New Yorker. Ahí, el periodista recopilaba divertido todas las veces que patines, cohetes, pegamentos, pinturas y artefactos de todo tipo le habían fallado a Coyote en su persecución desesperada de Correcaminos y, en efecto, cursaba la pertinente denuncia a la marca responsable: ACME. Lo que nadie podía imaginar es que, con el correr del tiempo, la propia Warner intentaría un último agravio a Coyote y, sin quedar claro por qué más allá de la incompetencia culpable de sus directivos, decidiera cancelar la película, esta película. La intervención de otra distribuidora (Ketchup) salvó la producción, salvó a Coyote y, visto el magnífico resultado, nos salvó a todos nosotros. Bip bip.
Dave Green mezcla animación y acción real al estilo de ¿Quién engañó a Roger Rabbit? y, contra todos los precedentes que lo intentaron antes con resultados entre dudosos y solo decentes (Pensemos en Space jam o Stuart Little, que no en pioneros como Fantasía o Mary Poppins), el resultado sorprende por su viveza, su gamberrismo y su proclividad a lanzar seres humanos a zanjas. El reto no es otro que alcanzar a reproducir la ensoñación de los dibujos animados, tan cerca siempre del desastre, tan feliz en la desolación, tan inocentemente sadomasoquista, en un contexto tan poco proclive y tan inflexible como la dura y siempre impertinente realidad.
En verdad, lo que siempre nos fascinó y nos tranquilizó de las fantasías animadas de ayer y hoy tal y como las dibujaron los maestros de la Looney Toones fue su reversibilidad. Todo quedaba hecho trizas, pero lo importante fue siempre que todo volvería a quedar hecho trizas de nuevo en el siguiente capítulo. Y así una y otra vez. La realidad, en cambio, tiende a ir en una sola dirección y siempre a peor. Green se las ingenia para acercar los dos mundos en un divertido y muy perplejo punto medio en el que el villano y genial Gallo Claudio se antoja inocente si lo comparamos con la maldad de la que son capaz los de verdad y la conspiración detrás del mal funcionamiento de los artilugios ACME una ingeniosa parodia de todas las conspiraciones que nos habitan. La idea no es otra que hacer de la farsa animada un reflejo cierto de lo que nos pasa y de la acción real, un vívido reflejo del desvarío ideado por Chuck Jones y los suyos. En el fondo, o no tan en el fondo, todo es los mismo. Y mucho más ahora en un mundo atravesado por todas las crisis posibles de dignidad, credibilidad y decencia.
El resultado tiene mucho de venganza, pero también de reconciliación. Coyote vs Acme está ahí para recordarnos que, pese a todo, Correcaminos solo existe para huir de Coyote y Coyote vive únicamente en el deseo siempre por cumplir (por eso es deseo) de comerse a Correcaminos. Entre la realidad y el deseo. La moraleja es, quizá, obvia, pero pertinente y, a su modo, una preciosa y muy gamberra historia de amor. Que Warner intentara robárnosla (planteó inlcuso destruirla) es una prueba más de hasta qué punto, ahora más que nunca, todos somos Coyote. Bip, bip.
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Director: Dave Green. Intérpretes: Will Forte, Lana Condor, John Cena. Duración: 103 minutos. Nacionalidad: Estados Unidos.
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