Adiós a la Casa Rusa de Berlín, sospechosa de propaganda y espionaje

Un raro vestigio de presencia rusa activa en Berlín está a punto de caer. Entre las respuestas del Gobierno alemán al fallido ataque con drones en el aeropuerto de Leipzig, cuya autoría atribuyó anteayer a Rusia, figura la clausura de la Casa Rusa de la Ciencia y la Cultura, en pleno centro de la capital. Inexplicablemente para muchos, esta institución ha seguido funcionando en Alemania hasta ahora a pesar de la guerra en Ucrania lanzada por Vladímir Putin.

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 Alemania cerrará el centro cultural ruso de la capital tras atribuir a Moscú el fallido ataque con drones en el aeropuerto de Leipzig   

Un raro vestigio de presencia rusa activa en Berlín está a punto de caer. Entre las respuestas del Gobierno alemán al fallido ataque con drones en el aeropuerto de Leipzig, cuya autoría atribuyó anteayer a Rusia, figura la clausura de la Casa Rusa de la Ciencia y la Cultura, en pleno centro de la capital. Inexplicablemente para muchos, esta institución ha seguido funcionando en Alemania hasta ahora a pesar de la guerra en Ucrania lanzada por Vladímir Putin.

Ahora, el Ejecutivo del canciller Friedrich Merz rescindirá el contrato. El ministro de Exteriores, Johann Wadephul, dijo el martes que el edificio “ya no cumple su propósito original de fomentar la conexión cultural entre Rusia y Alemania”.

Inaugurada en 1984 en el entonces Berlín Este de la RDA comunista, la Casa Rusa ocupa un edificio en la céntrica Friedrichstrasse, en el que organiza exposiciones, conferencias, pases de películas y talleres de arte. En el primer piso hay un restaurante, el Patio del Samovar. La institución es gestionada por la agencia estatal rusa Rossotrudnichestvo, que administra centros similares en 71 países.

Los expertos citan como evidencia un consumo de energía inusitadamente elevado en la Casa Rusa, y señales inusuales de telefonía móvil y GPS, que indican la presencia de potentes transmisores

El alcalde de Berlín, Kai Wegner, celebró la decisión. “Esta medida era necesaria desde hace tiempo –afirmó–. Es intolerable que exista un lugar en pleno centro de Berlín desde donde las instituciones rusas puedan realizar propaganda estatal”. Wegner prometió que hará todo lo posible para que la decisión se ejecute pronto “y la Casa Rusa sea clausurada definitivamente”.

Además de ser vista como un motor de propaganda, cundía la sospecha de que la Casa Rusa también estaba siendo utilizada como centro de espionaje. Los expertos citan como evidencia un consumo de energía inusitadamente elevado, y señales inusuales de telefonía móvil y GPS, que indican la presencia de potentes transmisores. Políticos de varios partidos llevaban tiempo pidiendo su cierre, una demanda que el Gobierno alemán rechazaba, alegando razones legales.

Si bien Rossotrudnichestvo ya está sancionada por la UE, había que revocar también acuerdos bilaterales. Firmados en 1992, 2011 y 2013, vinculan la Casa Rusa con el Instituto Goethe, el cual tiene tres sedes en Rusia (Moscú, San Petersburgo y Novosibirsk) y una veintena de centros de enseñanza en todo el país. Pero los drones en Leipzig han colmado el vaso; el Gobierno rescindirá el contrato con la Casa Rusa, y asume que la represalia del Kremlin puede ser el cierre del Goethe de Moscú.

Hay júbilo en la diáspora ucraniana de Berlín, que organizaba de vez en cuando concentraciones ante el edificio para reclamar su cierre. Por contra, el partido alemán izquierdista y prorruso Alianza Sahra Wagenknecht (BSW) ha reaccionado distribuyendo coloridos folletos con la frase: “Tu firma contra la barbarie cultural. Salvemos la Casa Rusa”.

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