Tengo un problema con los productores que se vuelven multimillonarios y terminan haciendo series sobre sus nuevas realidades, que al final todas parecen sacadas de la mente de Harvey Weinstein. Leer Tengo un problema con los productores que se vuelven multimillonarios y terminan haciendo series sobre sus nuevas realidades, que al final todas parecen sacadas de la mente de Harvey Weinstein. Leer
Tengo un problema con los productores que se vuelven multimillonarios y terminan haciendo series sobre sus nuevas realidades, que no son otras realidades que las de la industria de Hollywood. Mi problema es que al final todas parecen sacadas de la mente de Harvey Weinstein. Y una se pregunta, ¿qué no habrán visto estos señores para contar siempre lo mismo? La tercera temporada de Euphoria es justo eso: narcotráfico, prostitución, OnlyFans, sugar babies, dinero, mansiones, abusos, adicciones, sangre y negocios. Todo lo que supongo que tiene un productor de Hollywood cerca. Lo que no es Euphoria es todo lo demás, básicamente, todo de lo que en realidad va la vida.
Como está de estreno la nueva temporada de Euphoria no paro de ver críticas hablando de cómo ha cambiado el rumbo de la serie, del giro ultraconservador de todos sus personajes y de la pérdida de la lucidez que tenía esa serie que tanto nos sorprendió hace siete años y que mostraba tan bien a la generación Z (entonces la generación del futuro y hoy la generación del presente). Yo no sé si ha cambiado tanto o es que cuando los personajes eran adolescentes se nos hacían más manejables sus problemas de adicciones y de abusos y, sobre todo, se nos hacían mucho más verosímiles. Y es que el pozo donde caían sus personajes adolescentes era el pozo que, de alguna manera, todas pudimos sortear o todas podíamos entender, pero el pozo donde caen sus personajes adultos es absolutamente inverosímil.
Euphoria fue innovadora y lanzó temas que tras ella se han hecho clichés y se han reproducido miles de veces, como los adolescentes viciados al dinero fácil de Internet y de OnlyFans. Abrió debates sobre cirugía estética en adolescentes y adicciones a las redes sociales, al porno y a las drogas (que incluso traspasaron la pantalla con la muerte de Angus Cloud, uno de sus actores más queridos, por el fentanilo). Puso en el centro debates sobre el cuerpo, con personajes con corporalidades no normativas, trajo personajes racializados y queers. Todos tenían sus sombras y eran maravillosos por eso. Pero también tenían la euforia de la adolescencia, la luz y algo de inocencia, que parecen haberse perdido en el camino.
No sé qué terminará siendo esta tercera temporada de Euphoria, aún es pronto para saberlo, pero tal vez quede como una mala metáfora de nuestros días: cómo toda una generación eufórica e inclusiva terminó cayendo en la sombra, en un mundo sin luz, sin esperanza y, por qué no decirlo, un mundo tremendamente insoportable y aburrido.
Cultura // elmundo
