Cayó con estrépito en sus dos primeros discos, pero se ha ido reinventando para convertirse en la ‘madre’ de la nueva ola latina que conquista la música Leer Cayó con estrépito en sus dos primeros discos, pero se ha ido reinventando para convertirse en la ‘madre’ de la nueva ola latina que conquista la música Leer
«De las caídas nadie se salva, pero nosotras cada vez que nos caemos, nos levantamos un poquito más fuertes, más sabias y más resilientes». Con esas palabras se presentó Shakira en su concierto del 30 de agosto de 2025 en el Estadio GNP de Ciudad de México, llevando a los 65.000 presentes al éxtasis. De inmediato, en la mente de todos, la caída a la que aludía la colombiana se transformó en la ruptura con Gerard Piqué que articula su tour Las Mujeres Ya No Lloran. Pero bajo lo evidente se escondía algo más profundo: ella misma
Los dos primeros discos de una adolescente Shakira, hoy descatalogados, fueron un fracaso que la obligaron a volver a empezar. Cayó con estrépito con ese pop pegajoso y con la balada, pero se levantó para construir la carrera más sostenida y exitosa que ha tenido una artista latina. Tres décadas, con sus respectivas generaciones, dominadas por quien supo iniciarse con el rock para acabar entregada a los géneros latinos y convertida en icono feminista.
«Siempre ha demostrado tener una capacidad única para leer qué está pasando en la creación y en la transformación de mercados musicales en cada momento. Eso le permite posicionarse frente a diferentes generaciones e interpelar los gustos y las preocupaciones de los públicos en cada momento», expone Nadia Celis, profesora de Estudios Latinoamericanos y Caribeños en el Bowdoin College de Maine y nacida en la costa del Caribe colombiano. Como Shakira.
Ese origen es uno de los puntos clave para explicar su adaptación a cada contexto. Barranquilla, su ciudad de origen, fue en el siglo XX la puerta de entrada de los avances tecnológicos en Colombia. Ya desde el siglo XIX venía absorbiendo además movimientos migratorios como el de la familia de la cantante, con ascendencia libanesa, italiana y española. Esa mezcla de orígenes, el consumo de cultura norteamericana y los influjos caribeños, reforzados por el Carnaval, construyó a una artista que bebía de lo colombiano con referencias externas.
«Esa zona te marca mucho, es una región muy caliente, dura, con cuestiones políticas complejas. Son colombianos como los que más, pero hay una gran aceptación de todo lo que viene de fuera. Shakira es un gran ejemplo: puede ser muchas cosas al mismo tiempo, pero nunca pierde su centro, que es una identidad fuerte, una cierta intelectualidad y una cierta concepción como mujer», apunta Jairo Moreno, profesor asociado del Centro de Estudios Latinoamericanos de la Universidad de Pensilvania.
«Tiene una capacidad única para leer que está pasando en la creación y en los mercados musicales»
Nadia Celis, profesora de Estudios Latinoamericanos y Caribeños en Bowdoin College
Lo hizo en su salto a Estados Unidos a principios de los 2000. Se integró en el pop dominante, pero no renunció a ser compositora. Intercaló sus letras en español y en inglés desde Servicio de lavandería (2001) hasta hoy. Ahí también se tiñó de rubio, reforzó su sexualidad y así se ha mantenido. Hizo pop cuando tocaba, repopularizó el baile de abdomen cuando era el momento, se subió a la ola latina y, cuando parecía que volvía a caer, Las mujeres ya no lloran (2023) la catapultó a una generación que no debía ser la suya.
«En sus inicios, cuando cantaba en inglés y en español, cambiaba la voz según el idioma. En español hacía más vibratos, la profundidad de su voz era mayor y parecía más potente, las frecuencias en sus grabaciones eran más graves… Eso te demuestra que es una artista que siempre ha intentado adaptarse para atraer a una audiencia global sin perder a los hablantes de español», detalla Christina Ritcher-Ibañez, profesora de Musicología en la Universidad de Frankfurt, que estudió ese cambio en Eyes Like You (Ojos así).
El gran elemento sobre el que se asienta esta residencia de la colombiana en Madrid es precisamente sobre la identidad latina. Todo un parque temático alrededor del estadio que se ha construido está dedicado a ello. Y eso es porque la actual Shakira quiere incidir en ese elemento en un momento en el que las grandes estrellas inciden en esa identificación. «Ella siempre ha tenido una vena latina, pero nunca había sido lo fundamental. Por comparar con otra figura genial, nunca había abrazado la identidad como lo ha hecho Bad Bunny. Pero, al mismo tiempo, siempre ha sido una figura latina sin la que no se podría explicar el éxito de Karol G y Maluma. Porque ella fue la que supo incorporar la tradición musical de Colombia a lenguajes más contemporáneos», remarca Jairo Moreno.
Nadia Celis lleva esa identificación de la artista con su país y su continente a dos niveles. Por un lado, el musical, con la introducción del español en Estados Unidos. «La tortura es uno de los primeros vídeos en español que circulan por la televisión en inglés. En su ejercicio de globalizarse creo que hay una especie de efecto de entrar y romper al estilo de un caballo de Troya. Entra al mundo de los latinos, rompe con ese mundo y desde ahí comienza a reposicionar los aspectos de su identidad que hayan tenido que ser maquillados para expandir esos espacios y que entren artistas como Karol G». Y, por otro, el de figura pública dentro de Colombia. «Aquí es importante el papel de su fundación con todas las escuelas que ha creado y su reacción ahora con el terremoto del Pacífico. Se trata de una sociedad abandonada, donde el Estado apenas llega… pero sí Shakira. Eso hace que haya más confianza en ella que en el propio Estado, porque ya no es sólo el dinero. Es la creación de una red de optimismo sobre una persona que se asimila como más allá de cualquier poder político. Y a eso hay que sumar su reivindicación de las mujeres y los migrantes en este momento de criminalización».
«Muchos jóvenes habrán descubierto a Shakira por TikTok, por Instagram o por los memes y compartirán este espectáculo con madres que de 50 años»
Natalia Simón, directora del departamento de Filosofía de la Universidad de Castilla-La Mancha
Para entender esas mutaciones se podría dividir la carrera de Shakira en tres etapas: la primera, la construcción de una estrella latina que se integra en el mercado estadounidense desde principios de los 2000; la segunda, el icono global que todo el mundo conoce, sobre todo a partir del Waka Waka del Mundial de 2010, y la tercera, la Shakira digital, la que repunta tras el divorcio de Gerard Piqué y en mitad de sus problemas con el Fisco español para convertirse en un icono femenino, y hasta feminista, con la sesión que comparte con Bizarrap. Esa es la que hoy sigue vigente y sobre la que se levanta la gira con la que más ha facturado nunca una artista latina y que se cierra con los 12 conciertos de Madrid.
«Es muy interesante que una artista con una trayectoria de tres décadas se haya convertido en un icono para una generación que está lejos de ser la suya. Muchos de los jóvenes que estarán en los conciertos habrán descubierto a Shakira por TikTok, por Instagram o por los memes y compartirán ese espectáculo con madres que hoy tienen 50 años y escuchaban a la Shakira de Pies descalzos y con chicas de 30 que llegaron a ella con Loba. Y todos van a cantar juntos y a pagar su entrada», aporta Natalia Simón, directora del departamento de Filosofía de la Universidad de Castilla-La Mancha y autora de un análisis, junto a Juan Antonio García y Daniel C. Muntean, sobre el impacto en redes sociales que tuvo la BZRP Music Sessions #53/66 de la colombiana.
Quizás a eso se refería Shakira.
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