El escritor peruano vuelve a poner el foco en la Iglesia Católica, esta vez desde la no ficción, para indagar en la biografía de Robert Prevost antes de ser elegido Papa, durante su etapa como obispo de Chiclayo Leer El escritor peruano vuelve a poner el foco en la Iglesia Católica, esta vez desde la no ficción, para indagar en la biografía de Robert Prevost antes de ser elegido Papa, durante su etapa como obispo de Chiclayo Leer
Santiago Roncagliolo, escritor peruano y autor de exitosos libros como Y líbranos del mal (Seix Barral, 2021), indaga en El pastor y los lobos (misma editorial) en las mil caras del Papa León XIV. Para el escritor, éste «es coherente y ha venido a consolidar lo que se pueda de Francisco sin enredarse en lo que causaba potenciales cismas». Pero a lo largo del libro vemos al Sumo Pontífice desde un caleidoscopio. Está el Papa que creían que representaría la Iglesia tradicional, «encerrada en palacios, dedicada a mantener a los pobres anestesiados para proteger los valores de los ricos», como detalla el autor. Está el oriundo de Chicago, descendiente de inmigrantes, quien de niño ya soñaba con la Iglesia y jugaba a celebrar misas. Está el crítico de JD Vance, el que evitó hablar en inglés en su toma de posesión de la Sede Apostólica. También el que estudió Teología en la Catholic Theological Union de Chicago, de la mano de profesores que enseñaban interpretaciones feministas de los evangelios y en donde se hablaba de la teología de la liberación de América Latina. Y, a su vez, quien estudió Derecho Canónico en Roma y podría haber sido un abogado de su congregación o un catedrático.
Pero principalmente está el Papa peruano. El obispo de Chiclayo, que dejó de ser Robert y se convirtió en Roberto. Aquel, que llegó al país sudamericano en 1985 después de que los agustinos pidieran un refuerzo en la región tras el fallecimiento de cuatro de sus sacerdotes en un accidente. Y que sorprendió al norte de Perú por su humildad y su contacto cercano con el pueblo: así como organizaba fiestas por Halloween, también salía con su camión para reclutar a jóvenes con el objetivo de repartir comida. «Llegó a una América Latina impregnada de la lectura que ve a Dios en los pobres. Él y los agustinos de Chicago entienden que no es la gente la que sirve a los clérigos, sino el clérigo el que sirve a la gente«, explica el escritor. «Si crees que tu amor por Dios se mide en cuánto amas a la gente necesitada, el norte de Perú es el lugar al que tienes que ir», sintetiza. Allí, permaneció hasta que en 2023 fue trasladado a Roma después de que el Papa Francisco lo nombrara prefecto del Dicasterio para los Obispos.
«A lo largo de la escritura de este libro, me di cuenta de que quería creer en este señor«, confiesa el autor. «Después de escuchar a presidentes defender la guerra, el bombardeo a niños, la invasión de democracias y la persecución de gente por su color de piel, necesité creer en alguien», agrega. Por eso, el autor anhela que el Papa defienda la paz, a los migrantes y a la gente vulnerable ante los procesos sociales violentos. «Pienso que él es un hombre bueno, pero que el bien no es como en las películas: somos humanos, puedes escoger lo que crees que está bien y aun así habrá víctimas. Eso es parte de nuestra imperfección», señala. «Es muy importante en el mundo de hoy que alguien esté hablando desde un punto de vista moral», enfatiza.
Fue a Roberto al que el papa Francisco le encomendó la lucha contra los abusos sexuales cometidos por los sacerdotes del Sodalicio de Vida Cristiana en el país sudamericano. «Francisco entendió más tarde el nivel del problema. Al principio no le dio mucha importancia, pero luego entendió que esto se podía llevar por delante a la Iglesia y empezó a tomar algunas medidas», opina.
El pastor y los lobos no sólo es la historia de un misionero que se convirtió en el soberano de la Ciudad del Vaticano después de implicarse en distintas luchas por los derechos humanos, sino que también es una historia de la Iglesia Católica, de Perú e, incluso, de Roncagliolo con la religión. Como en la mayor parte de la obra del autor, la autobiografía nutre las páginas. Los abusos sexuales cometidos por el clero no le pasaron de largo, sino que estuvieron presentes en una parte de infancia mientras asistía a un colegio jesuita de Lima. «Con el padre Jaime, en algún momento, yo terminaba sentado en sus rodillas. El padre me seguía haciendo preguntas, pero ahora tenía la mano en mi muslo, pegada a la entrepierna», recuerda en el libro.
«Hablo de los abusos para que no vuelvan a pasar, porque ocurren amparados en el silencio»
A lo largo de esos años en Perú, Prevost pidió que se investigaran los delitos. Se reunió con las víctimas, las escuchó y pidió apoyo y reparación para muchas de ellas. Con esto, uno podría entender, entonces, que León XIV tiene cierta ventaja con su conocimiento sobre la problemática. «Seguramente tenga muy presente los abusos sexuales en el clero, pero en Perú luchó contra una congregación. Ahora el nivel y la complejidad son mucho mayores. Pero en eso se juega el futuro de la Iglesia, porque en ella se concentran la educación y la guía moral», considera Roncagliolo. «Hasta ahora, sus mayores críticos son las asociaciones de víctimas de abusadores, así que espero que tenga una buena estrategia escondida porque este problema quizás sea imposible, demasiado grande y complejo», añade.
La primera vez que Roncagliolo contó el abuso que sufrió fue en el diario El Comercio y recibió las críticas de sus compañeros por «manchar su historia escolar». Esta vez no ha habido ninguna agresión. Su convicción ahora fue mostrar su caso para evidenciar que «esto pasa porque no se habla». «Al final, hablo de los abusos para que no vuelvan a pasar, porque ocurren amparados en el silencio, no solo del cura abusador, sino de un colegio, unas familias y, por lo tanto, de una clase social», afirma el autor.
Para Roncagliolo hay dos Papas: el líder de los católicos y su Papá (a quien escribe con P mayúscula), un hombre violento, religioso y abocado a las causas sociales. «Para mí era importante contar la historia de mi padre. Cuando a mí me pasaban estas cosas, pensaba que era el único. Me habría gustado leer que alguien más lo estaba pasando y que esto lo podía hacer una persona que, por lo demás, era maravillosa y un miembro ejemplar de la comunidad», comenta. «Los maltratadores o abusadores no vienen con un cartel ni lo son las 24 horas del día. Me gustaría que el libro ilumine a mucha gente que está viviendo cosas parecidas», agrega.
Durante esos años de maltrato, Roncagliolo se refugió en la fe. Entendió que, si creía en monstruos y espíritus que podrían lastimarlo, también podía creer en un Dios protector. «Ahora creo que yo puedo ser ateo y no va a pasar nada, Europa es completamente atea y da igual; pero las personas que viven en la pobreza no pueden serlo. Ser ateo es un lujo burgués«, considera el escritor peruano. «Para muchos, la Iglesia no es solo la asistencia social. Cuando no hay colegios ni jueces, necesitas un sentido, saber qué está permitido y qué no, y tener una respuesta para las preguntas más fundamentales. La religión da todo eso».
A lo largo de las páginas, Roncagliolo también analiza la política en la religión y el lugar que León XIV ocupa en la grieta que existe en el catolicismo. «En realidad, siempre ha habido dos bandos. Dos maneras de entender la divinidad. En cierto sentido, dos dioses», escribe. Están aquellos que creen que Dios está en la tierra, encarnado en los que sufren, quienes creen que el cielo se puede lograr en la tierra. Y los que contemplan la tradición y ven a Dios como un señor que nos observa y reclama un buen comportamiento para llegar al cielo. Los del Nuevo Testamento y los del Antiguo Testamento, explica el autor.
Tal vez por esta división, cree Roncagliolo, el Papa Francisco preparó a Prevost para que se convirtiera en su sucesor. «El cardenal Barreto me dijo que Francisco era un bulldozer que entra, abre camino a lo bestia y León es la motoniveladora: consolida lo que se puede y no se deshace en lo imposible», comenta. Y añade: «Si hay un sector conservador que quiere hacer el rito tradicional, León XIV no se va a pelear por eso. De hecho, muchos de los enemigos de Francisco han sido desactivados. Su misión no es ganar esa guerra, sino acabar con ella, lograr que la Iglesia se haga compacta y que no esté una mitad peleada con la otra».
Leer El pastor y los lobos podría ser para un ateo lo más cercano que se puede llegar a la experiencia cristiana. El escritor peruano adentra al lector en los debates que se plantean muchos religiosos, habla de la fe, la bondad y por qué creer en Dios nos hace sentir protegidos. Por momentos, la lectura de esta obra se parece a escuchar el sermón en una misa. «No es que vaya a ir a misa los domingos, no he visto la luz; pero creo que el sentido a la vida que da la religión es necesario. Puedes buscarlo en otro sitio, pero no son cosas de las que puedes prescindir», sentencia.
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