John Malkovich, desde ahora favorito al Oscar: «Eso que suele llamarse Hollywood ya no existe»

El actor completa en ‘Wild Horse Nine’, de Martin McDonagh, uno de los más brillantes papeles de su ya larga carrera y presenta su candidatura para todos los premios que vendrán, incluido el Oscar Leer El actor completa en ‘Wild Horse Nine’, de Martin McDonagh, uno de los más brillantes papeles de su ya larga carrera y presenta su candidatura para todos los premios que vendrán, incluido el Oscar Leer  

De repente, John Malkovich (Illinois, 1953). Probablemente, la última vez que el actor hizo acto de presencia en un festival fue en la Berlinale en 2023 de la mano de una película tan peculiar como exageradamente fallida. Séneca, de Robert Schwentke, era él en su versión más arriesgada, furibunda y, si se quiere, perfecta. Wild Horse Nine, de Martin McDonagh y recién presentada en el Festival de Venecia, es exactamente lo mismo, pero al revés. Un prodigio de cine iluminado por una paciencia casi encantada, un lirismo pausado y herido; sin rendirse ni al exhibicionismo de la frase siempre ocurrente ni a la pereza de los diálogos instrumentales; sin avasallar con metáforas de pedernal y sin el descaro tramposo del fuera de campo y de la libre interpretación del espectador. Y en el centro, de nuevo, la versión más arriesgada, furibunda y perfecta de John Malkovich en uno de los más logrados papeles de su carrera, pero, y esto es lo importante, sin moverse del sitio. Se diría que él siempre ha sido, es y será él y que son las películas las que le abrazan con mayor o menor fortuna. En este caso, la simbiosis película-actor es deslumbrante. Se cuenta la historia de dos agentes de la CIA en los días previos al golpe de Estado del 11 de septiembre en el Chile de 1973, el de Pinochet. Los dos van a pasar los últimos días de vida, la suya y la de tantos otros, a la isla de Pascua. En verdad, solo uno se está muriendo. El otro le acompaña. El moribundo, por así decirlo, es Malkovich. De repente, esa tendencia tan suya por la actuación actuada (no lo llamemos sobreactuación, por dios) adquiere el sentido exacto de lo tremendo, de lo oscuro, del resplandor que tras un único estallido desaparece.

Lo más básico. ¿Qué dice de nosotros ahora mismo una historia como ésta ambientada en 1973?
Imagino que lo esencial es que es importante no vivir en un mundo de fantasía.
La respuesta es demasiado corta hasta para el titular. ¿Cree, por ejemplo, que el pueblo estadounidense es consciente del papel de la CIA y de su gobierno en la muerte y desaparición de casi 3.000 chilenos?
Le responderé con algo que me pasó el otro día. Veía un programa de entrevistas. Era en una playa. Les preguntaban a los bañistas por el atentado de las Torres Gemelas. Nadie sabía ya nada de algo que pasó hace 25 años. Es decir, nadie se acuerda ya del 11-S, ¿cómo van a recordar algo del otro 11-S, el del golpe de Estado en Chile?
¿Diría por tanto que vivimos en una sociedad desmemoriada?
Vivimos un tiempo en el que no solo la memoria es un problema, también lo es la información. Aún hay mucha información que se mantiene en secreto, que el Estado oculta a los ciudadanos y que los Estados se ocultan entre ellos. Se hace muy difícil conocer nuestra propia historia de manera objetiva porque siempre se cuenta de manera interesada. Y sería bueno conocer la historia, aunque solo sea para no equivocarse al hablar. Chile es solo un ejemplo entre tantos.
Recientemente, se celebraron elecciones en Chile y el ganador fue el representante de un partido de extrema derecha que no reconoce las barbaridades de la dictadura…
Olvidar es algo que los humanos hacemos, al menos en parte, para sobrevivir, pero a menudo no es saludable.
De nuevo en el cine de Martin McDonagh es una historia sobre la amistad de dos hombres que se confiesan lo que piensan, lo que sienten, ¿cuánto de extraordinario o poco común cree que tiene algo así?
Creo que entre actores es mucho más común que entre el resto de la gente. Los actores estamos entrenados para ser sensibles. Nuestra materia de trabajo son los sentimientos. Nuestro oficio en parte consiste en transmitir verdad. Por eso, y contra lo que se cree, un actor siempre miente mal. Piense que a nosotros nos pagan por ser sensibles, por mostrarnos vulnerables, locos… Definitivamente, debería haber más actores.

«Se ha impuesto una visión limitada del mundo, donde lo bueno y lo malo son conceptos simples»

Su carrera de algún modo está plagada de personajes que son, como éste, antihéroes. ¿Hay una explicación para ello?
Bien mirado, hay más antihéroes que héroes en el mundo. Lo raro es que las películas se llenen de personajes ejemplares. Nadie lo es en el fondo. Por otro lado, nadie quiere formar parte del sistema en el fondo. No creo que haya mucha gente que se sienta a gusto siendo parte de la maquinaría que nos rodea. Todo el mundo se siente diferente, así que creo que mis personajes están muy cerca, aunque pueda parecer lo contrario, del sentir común de la población.
En los últimos festivales, y este no es una excepción, se habla de la poca presencia de los grandes estudios de Hollywood. ¿Cree que está cambiando algo en la industria?
Para mí, eso que suele llamarse Hollywood ya no existe. Los grandes estudios de los que habla producen muy poco y ya no ocupan en el imaginario común, en la cultura, el mismo espacio que en los 80 o los 90. La cultura ahora mismo es casi una palabra obscena, una palabrota. Su espacio se ha reducido de manera alarmante. Los estudios se compran y se venden, son mercancía.
¿Cree que ese Hollywood que dice que no existe tiene miedo a hablar y reflexionar de política? Su película, de hecho, es más bien una excepción en un panorama de bastante silencio.
No creo que tenga miedo, simplemente las nuevas generaciones prefieren mirar a asuntos y tratar temas muy cerca de un espacio confortable que no plantea problemas. Se ha impuesto una visión muy limitada del mundo, donde lo bueno y lo malo son conceptos que no dan lugar a historias complejas.

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