Si en el nuevo curso Europa no es capaz de sacar adelante propuestas que sólo exigen voluntad y regulación, el panorama se va a complicar mucho Leer Si en el nuevo curso Europa no es capaz de sacar adelante propuestas que sólo exigen voluntad y regulación, el panorama se va a complicar mucho Leer
Audio generado con IA
Europa avanza con exasperante lentitud, condicionada por el método comunitario y lastrada por la fractura de su columna vertebral, la histórica alianza europeísta PPE-S&D-ReNew, debido a la voladura de su flanco derecho por los populares europeos. Escuchando lo que se dice desde este grupo, el primero de la cámara europea, sobre la imprescindible agenda comunitaria, cualquiera diría que la presidenta Ursula Von Der Leyen es una peligrosa infiltrada woke en las filas de la CDU alemana.
Parece evidente que esa alianza está muerta porque seguimos considerando a la Unión Europea (UE) como una gran alianza tecnocrática y ya no lo es. Es política, ideológica, y ya no es capaz de priorizar respuestas de consenso técnico en beneficio de todos como reforzar el Mercado Único. En este contexto el PPE sólo quiere hablar de simplificación, cuando en realidad quiere desregular, una vía que no va a resolver los problemas de fondo, al tiempo que ideologiza propuestas clásicas europeas como el euro digital o los eurobonos para complacer a tanto patriota suelto. Con esta actitud el euro nunca habría sido creado.
Ganar la carrera de la IA, construir aviones de combate de última generación, alcanzar la autonomía energética a costes competitivos, o salvar la siderurgia y la industria del automóvil no son tareas fáciles. Pero otras sí. La UE sigue siendo la campeona mundial regulatoria, y por ello sorprende que, en este momento, no sea capaz ni siquiera de adoptar medidas eminentemente regulatorias imprescindibles para afrontar sus verdaderos retos existenciales.
Dos ejemplos de ello son la creación del euro digital y la emisión de eurobonos, ¿dos medidas ideológicas o tecnocráticas?
Pues depende; lo innegable es que ambas están siendo víctimas de la guerra cultural que ha desbaratado la coalición europeísta que sustenta a la Comisión Europea. Porque, si no nos ponemos de acuerdo ni para asumir cambios que sólo exigen decisiones regulatorias para completar rutas ya abiertas como reforzar y consolidar el euro, ¿cómo vamos a afrontar los retos que impone un mundo estructuralmente dislocado?
El euro digital ha conseguido superar un tortuoso camino plagado de obstáculos innecesarios. Al final parece que se ha logrado imponer el sentido común ante un evidente imperativo geopolítico para reducir la dependencia de sistemas de pago extranjeros; contrarrestar el dominio del dólar y evitar que las stablecoins respaldadas por el dólar, y que cuentan con muchos defensores en la red MAGA europea, desplacen a los depósitos minoristas europeos; y reforzar el papel internacional del euro en las redes financieras digitales y descentralizadas.
El euro digital es imprescindible para reforzar la independencia estratégica y la seguridad europeas contrarrestando la dependencia de redes de tarjetas no europeas y de sistemas de pago móvil en un contexto de bloqueos, sanciones y weaponization financiera y de las inversiones. También es una necesidad para equilibrar la expansión del yuan digital (e-CNY) de China en el comercio transfronterizo.
Más difícil lo tienen los eurobonos. El Gobierno español propuso en julio un nuevo mecanismo de deuda común de la UE con un volumen de hasta 850.000 millones de euros anuales. La liquidez es clave para crear un activo segurocomún que sirva de referencia para las empresas europeas, reducir sus costes de financiación, mejorar la competitividad, la integración de los mercados de capitales y reforzar el papel del euro como moneda internacional.
Se trata de una propuesta muy sencilla porque propone reducir la fragmentación en la emisión de deuda centralizando todas las facilidades ya existentes para ahorrar por la reducción de los diferenciales de emisión hasta 25.000 millones anuales.
Para ello, se crearía un Mecanismo Soberano Europeo de participación voluntaria. La Comisión Europea centralizaría parte de los programas de financiación de los Estados miembros y, a cambio, los países participantes tendrían que cumplir las normas fiscales de la UE. Una propuesta que destila sentido común y que constituye una clara mejora de la Unión y que, si no prospera, será porque el interés en debilitar a Europa desde dentro se acabe imponiendo.
Actualidad Económica // elmundo
