Por qué España prefiere pactar con China antes que con Trump: «La amenaza no se percibe igual aquí que en Alemania o Francia»

Mientras Hereu abre la puerta del ‘Made in Europe’ a Pekín, España destaca frente a Francia o Alemania como la gran economía europea que puntúa mejor un acuerdo comercial con Pekín que con EEUU Leer Mientras Hereu abre la puerta del ‘Made in Europe’ a Pekín, España destaca frente a Francia o Alemania como la gran economía europea que puntúa mejor un acuerdo comercial con Pekín que con EEUU Leer  

El ministro de Industria, Jordi Hereu, acuñó ayer desde Bruselas un nuevo concepto: la «autonomía estratégica abierta». Lo hizo en el Consejo de Competitividad donde se reunió con sus homólogos de los 27. Allí planteó una revisión de la postura española sobre la etiqueta Made in Europe para no dejar fuera a «socios fiables» y seguir atrayendo inversión extranjera en sectores clave, siempre que genere valor añadido en Europa. Un matiz que abriría de par en par las compuertas del mercado europeo a China.

Hereu no dio nombres, pero la defensa de una «visión pragmática» de la reindustrialización europea por parte de quien repetidamente ha defendido la cooperación con el gigante asiático, no pasó desapercibida. En un momento en que el Viejo Continente busca fórmulas para frenar la pérdida de competitividad de sus fábricas, del motor al acero, frente a la expansión del producto chino, nuestro país mira a Pekín.

España es por muchos motivos el verso suelto de la diplomacia europea y la relación con China no es una excepción. La última encuesta de Loom Strategy Centre, el think tank británico especializado en soberanía estratégica, sitúa a nuestro país como la única de las economías europeas analizadas que se inclina antes por un acuerdo comercial con Pekín que con Estados Unidos en sectores altamente sensibles.

Esa la principal conclusión del sondeo, adelantado a EL MUNDO, que abarca más de 5.000 encuestas en Alemania, Francia, Polonia, Hungría y España. De todos, nuestro país es el único donde un nuevo acuerdo comercial con China en áreas críticas como la energía, la defensa o la inteligencia artificial obtuvo una valoración neta superior a uno con EEUU. Concretamente, 35 puntos frente a nueve. En los otros cuatro países ocurre lo contrario.

Esto no convierte al gigante asiático en el socio preferido de los españoles. Los países con mayor aceptación para nuevos pactos comerciales fueron Alemania, Noruega y Japón. Pero sí sitúa a España, con diferencia, como el mercado más favorable a China en comparación con Estados Unidos, al menos a uno con Donald Trump en la Casa Blanca.

«España se ha convertido en un destino clave para las inversiones estratégicas de China en Europa. Sumado a las dudas sobre la fiabilidad de Estados Unidos como socio comercial, esto podría explicar por qué la opinión pública española se muestra más favorable al comercio con Pekín que la del resto de países encuestados», explica a este diario Joss Garman, director ejecutivo de Loom.

¿Por qué España prefiere a Pekín antes que a Washington? La respuesta va desde la desventaja histórica de España en la carrera tecnológica al choque de trenes entre Pedro Sánchez y Trump y la guerra de éste contra el aceite de oliva.

A Ángel Saz Carranza, director de EsadeGEO, le soprende la enorme brecha entre el apoyo a China y EEUU que refleja la encuesta, pero no el fondo ni que la posición de nuestro país frente a Pekín sea muy distinta a la de los franceses o los alemanes. «Hay un factor estructural que hace que la percepción de la amenaza de China no sea igual aquí que en Alemania ni Francia. China quiere ser Alemania de mayor: la gran plataforma de manufactura tecnológica mundial. Mientras que muchas empresas españolas ya estaban complementando las cadenas de valor de Francia o Alemania, y ahora han empezado a complementar las de China, en Alemania perciben la amenaza de una suplantación desde Pekín», expone.

En la misma línea, Miguel Otero, investigador principal del Real Instituto Elcano, apunta a la posición histórica de nuestro país en la carrera tecnológica. «España no es un líder tecnológico, está en el rango medio del escalafón, por lo que ve en China la posibilidad de recibir inversión que promueva su transformación y modernización industrial en sectores como baterías, vehículo eléctrico y otras tecnologías verdes», constata. Es decir, España ve en el inmenso flujo de capital de Pekín una palanca para ganar posiciones en las cadenas de valor europeas y mundiales.

Alemania, Francia o la propia Bruselas ven sobre todo riesgos en el ascenso de China como potencia industrial y tecnológica. España, en cambio, ha detectado una oportunidad que para Saz Carranza conlleva también «muchos peligros». Por su parte, Otero destaca un «cálculo pragmático»: el llamado «shock chino 2.0» -fenómeno que describe la creciente presión de las exportaciones chinas sobre el tejido industrial europeo- no supone para España la misma «amenaza quasi-existencial» que para el automóvil alemán o el proteccionismo francés.

El principal riesgo está en el volantazo estratégico de China. Ambos expertos indican que el gigante asiático se hizo un hueco en el mercado replicando a bajo coste, hoy su apuesta es conquistar el territorio hasta ahora reservado a una industria made in Europe de alto valor añadido que pierde terreno ante equivalentes chinos cada vez es más sofisticados y todavía mucho más baratos.

Para el director de EsadeGEO hay otro condicionante más coyuntural: el enfrentamiento entre los gobiernos de Pedro Sánchez y Trump. «La repercusiín está ahí», insiste. El experto cit el impacto en el sector hotelero español de las sanciones de Trump a Cuba o sus continuas amenazas arancelarias contra productos españoles como la aceituna. «Eso tampoco se ve igual desde Alemania o Francia».

De vuelta al sondeo, Garman destaca que en lo que sí coinciden todos los europeos encuestads, independientemente del espectro ideológico, es en «un firme respaldo a la fabricación nacional». En concreto, un 72% de españoles apoya fabricar en España tecnologías de transición energética aunqu resulte más lento. Otro 65% lo prefiere, incluso, si eso eleva los costes energéticos a corto plazo.

 Actualidad Económica // elmundo

Noticias Similares