Ponemos cara a cara a dos coches deportivos excelentes para disfrutar de la conducción, pero con dos personalidades mecánicas completamente diferentes: el Mini John Cooper Works de gasolina y su hermano 100% eléctrico.Noticia relacionada general No No VÍDEO Probamos el Mini Aceman John Cooper Works: adrenalina eléctrica Dani Cuadrado (AutoScout24)Aunque por fuera compartan esa silueta tan icónica y simpática de Mini, la marca ha tomado la decisión más inteligente: separar sus caminos con dos plataformas totalmente independientes. Una está especializada en motores térmicos y la otra está diseñada desde cero para el eléctrico, evitando así los molestos compromisos de espacio, rigidez y peso que surgen al usar una base única para todo. Esto se traduce en sutiles pero claras diferencias que notarás al verlos por la calle.Código Desktop Imagen para móvil, amp y app Código móvil Código AMP Código APP Por un lado, el modelo eléctrico cuenta con faros más grandes tanto delante como detrás, tomas de refrigeración específicas, manillas enrasadas en las puertas y un techo fijo iluminado por los lados. Además, su parte trasera imita un difusor con líneas rojas y, lógicamente, prescinde de tubo de escape. Por el otro, la versión de gasolina apuesta por faros algo más pequeños, manillas tradicionales, un alerón diferente, un techo eléctrico practicable dividido en dos partes y un escape real situado en el centro. Eso sí, hay que despedirse de la antigua opción manual, ya que ahora toda la gama monta un cambio automático de doble embrague y siete velocidades.A la hora de la verdad, las matemáticas nos dejan una comparativa de lo más reñida. En el apartado mecánico, el gasolina es un 2.0 litros de cuatro cilindros con turbo, inyección directa y culata multiválvulas, que rinde 231 CV y ofrece 380 Nm de par. El eléctrico, con su único motor en el tren delantero y una batería de 54,2 kWh (49,2 kWh útiles), eleva la potencia hasta los 258 CV, aunque el par se queda en 350 Nm.Mini JCW D.CEsta diferencia de caballería se compensa con el peso, donde el gasolina detiene la báscula en una cifra mucho más contenida frente a los 1.730 kg del eléctrico, otorgándole una mejor relación peso-potencia. En mediciones de aceleración en seco sobre 1.000 metros, el de gasolina firma un tiempo de 25,93 segundos, mientras que el eléctrico lo hace en 26,88 segundos. En cuanto al crono en circuito, el gasolina ha mejorado notablemente el registro de su generación anterior al rodar en 26,94 segundos, frente a los 28,82 segundos de su predecesor. Por su parte, el eléctrico detiene el reloj en 27,67 segundos. Todo esto con una diferencia de precio ajustada: 40.210 euros para el gasolina y 42.600 euros para el eléctrico.Ambos coches mantienen ese ADN tan característico de la marca: son modelos muy reactivos, firmes en su amortiguación y con un eje trasero que acompaña muy bien los giros en cuanto se levanta un poco el pie del acelerador. Sin embargo, transmiten sensaciones muy distintas al conducirlos a fondo.El eléctrico se destapa como un coche con una puesta a punto de chasis muy directa. Al llevar todo el peso de la batería en la parte baja, ofrece un comportamiento muy dinámico, aunque su entrega instantánea de par obliga a dosificar constantemente el acelerador y a trabajar con el volante para mantener la trayectoria precisa. En el día a día, destaca por su etiqueta CERO y unos consumos excelentes, firmando 15,8 kWh en carretera y unos ajustados 10,3 kWh en ciudad.El de gasolina resulta más progresivo, racional y confortable para viajar. Su dirección ofrece una lectura magnífica y la frenada se siente superior gracias al gran rendimiento de sus neumáticos en uso deportivo. Aporta ese tacto deportivo y directo que se echa de menos en otros compactos de su nivel, manteniendo además unos consumos eficientes, con 5,6 litros en carretera y 7,3 litros en ciudad.MÁS INFORMACIÓN noticia Si Descapotables, los coches de lujo que cada vez son más escasos noticia No El diseño de Paul Smith vuelve a marcar el rumbo de Mini noticia No BMW celebra un año récord en España con un fuerte crecimiento en eléctricosCon una diferencia de apenas 2.000 € entre ambos, la decisión final está en el tejado de cada conductor. ¿Pesará más la tradición del motor de combustión o la respuesta inmediata del eléctrico? Ponemos cara a cara a dos coches deportivos excelentes para disfrutar de la conducción, pero con dos personalidades mecánicas completamente diferentes: el Mini John Cooper Works de gasolina y su hermano 100% eléctrico.Noticia relacionada general No No VÍDEO Probamos el Mini Aceman John Cooper Works: adrenalina eléctrica Dani Cuadrado (AutoScout24)Aunque por fuera compartan esa silueta tan icónica y simpática de Mini, la marca ha tomado la decisión más inteligente: separar sus caminos con dos plataformas totalmente independientes. Una está especializada en motores térmicos y la otra está diseñada desde cero para el eléctrico, evitando así los molestos compromisos de espacio, rigidez y peso que surgen al usar una base única para todo. Esto se traduce en sutiles pero claras diferencias que notarás al verlos por la calle.Código Desktop Imagen para móvil, amp y app Código móvil Código AMP Código APP Por un lado, el modelo eléctrico cuenta con faros más grandes tanto delante como detrás, tomas de refrigeración específicas, manillas enrasadas en las puertas y un techo fijo iluminado por los lados. Además, su parte trasera imita un difusor con líneas rojas y, lógicamente, prescinde de tubo de escape. Por el otro, la versión de gasolina apuesta por faros algo más pequeños, manillas tradicionales, un alerón diferente, un techo eléctrico practicable dividido en dos partes y un escape real situado en el centro. Eso sí, hay que despedirse de la antigua opción manual, ya que ahora toda la gama monta un cambio automático de doble embrague y siete velocidades.A la hora de la verdad, las matemáticas nos dejan una comparativa de lo más reñida. En el apartado mecánico, el gasolina es un 2.0 litros de cuatro cilindros con turbo, inyección directa y culata multiválvulas, que rinde 231 CV y ofrece 380 Nm de par. El eléctrico, con su único motor en el tren delantero y una batería de 54,2 kWh (49,2 kWh útiles), eleva la potencia hasta los 258 CV, aunque el par se queda en 350 Nm.Mini JCW D.CEsta diferencia de caballería se compensa con el peso, donde el gasolina detiene la báscula en una cifra mucho más contenida frente a los 1.730 kg del eléctrico, otorgándole una mejor relación peso-potencia. En mediciones de aceleración en seco sobre 1.000 metros, el de gasolina firma un tiempo de 25,93 segundos, mientras que el eléctrico lo hace en 26,88 segundos. En cuanto al crono en circuito, el gasolina ha mejorado notablemente el registro de su generación anterior al rodar en 26,94 segundos, frente a los 28,82 segundos de su predecesor. Por su parte, el eléctrico detiene el reloj en 27,67 segundos. Todo esto con una diferencia de precio ajustada: 40.210 euros para el gasolina y 42.600 euros para el eléctrico.Ambos coches mantienen ese ADN tan característico de la marca: son modelos muy reactivos, firmes en su amortiguación y con un eje trasero que acompaña muy bien los giros en cuanto se levanta un poco el pie del acelerador. Sin embargo, transmiten sensaciones muy distintas al conducirlos a fondo.El eléctrico se destapa como un coche con una puesta a punto de chasis muy directa. Al llevar todo el peso de la batería en la parte baja, ofrece un comportamiento muy dinámico, aunque su entrega instantánea de par obliga a dosificar constantemente el acelerador y a trabajar con el volante para mantener la trayectoria precisa. En el día a día, destaca por su etiqueta CERO y unos consumos excelentes, firmando 15,8 kWh en carretera y unos ajustados 10,3 kWh en ciudad.El de gasolina resulta más progresivo, racional y confortable para viajar. Su dirección ofrece una lectura magnífica y la frenada se siente superior gracias al gran rendimiento de sus neumáticos en uso deportivo. Aporta ese tacto deportivo y directo que se echa de menos en otros compactos de su nivel, manteniendo además unos consumos eficientes, con 5,6 litros en carretera y 7,3 litros en ciudad.MÁS INFORMACIÓN noticia Si Descapotables, los coches de lujo que cada vez son más escasos noticia No El diseño de Paul Smith vuelve a marcar el rumbo de Mini noticia No BMW celebra un año récord en España con un fuerte crecimiento en eléctricosCon una diferencia de apenas 2.000 € entre ambos, la decisión final está en el tejado de cada conductor. ¿Pesará más la tradición del motor de combustión o la respuesta inmediata del eléctrico?
Ponemos cara a cara a dos coches deportivos excelentes para disfrutar de la conducción, pero con dos personalidades mecánicas completamente diferentes: el Mini John Cooper Works de gasolina y su hermano 100% eléctrico.
Aunque por fuera compartan esa silueta tan icónica y simpática de Mini, … la marca ha tomado la decisión más inteligente: separar sus caminos con dos plataformas totalmente independientes. Una está especializada en motores térmicos y la otra está diseñada desde cero para el eléctrico, evitando así los molestos compromisos de espacio, rigidez y peso que surgen al usar una base única para todo. Esto se traduce en sutiles pero claras diferencias que notarás al verlos por la calle.
Por un lado, el modelo eléctrico cuenta con faros más grandes tanto delante como detrás, tomas de refrigeración específicas, manillas enrasadas en las puertas y un techo fijo iluminado por los lados. Además, su parte trasera imita un difusor con líneas rojas y, lógicamente, prescinde de tubo de escape. Por el otro, la versión de gasolina apuesta por faros algo más pequeños, manillas tradicionales, un alerón diferente, un techo eléctrico practicable dividido en dos partes y un escape real situado en el centro. Eso sí, hay que despedirse de la antigua opción manual, ya que ahora toda la gama monta un cambio automático de doble embrague y siete velocidades.
A la hora de la verdad, las matemáticas nos dejan una comparativa de lo más reñida. En el apartado mecánico, el gasolina es un 2.0 litros de cuatro cilindros con turbo, inyección directa y culata multiválvulas, que rinde 231 CV y ofrece 380 Nm de par. El eléctrico, con su único motor en el tren delantero y una batería de 54,2 kWh (49,2 kWh útiles), eleva la potencia hasta los 258 CV, aunque el par se queda en 350 Nm.

(D.C)
Esta diferencia de caballería se compensa con el peso, donde el gasolina detiene la báscula en una cifra mucho más contenida frente a los 1.730 kg del eléctrico, otorgándole una mejor relación peso-potencia. En mediciones de aceleración en seco sobre 1.000 metros, el de gasolina firma un tiempo de 25,93 segundos, mientras que el eléctrico lo hace en 26,88 segundos. En cuanto al crono en circuito, el gasolina ha mejorado notablemente el registro de su generación anterior al rodar en 26,94 segundos, frente a los 28,82 segundos de su predecesor. Por su parte, el eléctrico detiene el reloj en 27,67 segundos. Todo esto con una diferencia de precio ajustada: 40.210 euros para el gasolina y 42.600 euros para el eléctrico.
Ambos coches mantienen ese ADN tan característico de la marca: son modelos muy reactivos, firmes en su amortiguación y con un eje trasero que acompaña muy bien los giros en cuanto se levanta un poco el pie del acelerador. Sin embargo, transmiten sensaciones muy distintas al conducirlos a fondo.
El eléctrico se destapa como un coche con una puesta a punto de chasis muy directa. Al llevar todo el peso de la batería en la parte baja, ofrece un comportamiento muy dinámico, aunque su entrega instantánea de par obliga a dosificar constantemente el acelerador y a trabajar con el volante para mantener la trayectoria precisa. En el día a día, destaca por su etiqueta CERO y unos consumos excelentes, firmando 15,8 kWh en carretera y unos ajustados 10,3 kWh en ciudad.
El de gasolina resulta más progresivo, racional y confortable para viajar. Su dirección ofrece una lectura magnífica y la frenada se siente superior gracias al gran rendimiento de sus neumáticos en uso deportivo. Aporta ese tacto deportivo y directo que se echa de menos en otros compactos de su nivel, manteniendo además unos consumos eficientes, con 5,6 litros en carretera y 7,3 litros en ciudad.
Con una diferencia de apenas 2.000 € entre ambos, la decisión final está en el tejado de cada conductor. ¿Pesará más la tradición del motor de combustión o la respuesta inmediata del eléctrico?
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