Los que van a cantar…

Después de más de cinco horas de debate sobre la corrupción del PSOE saltó la noticia justo después, en la llamada sesión de control al Gobierno, convertida desde hace tiempo en una sucesión de píldoras audiovisuales para TikTok. Fue entonces cuando Ester Muñoz, portavoz del PP en el Congreso, le preguntó al vicepresidente Carlos Cuerpo por los mismos asuntos que se llevaba debatiendo durante la mañana y, en un momento dado, mientras hablaba de Víctor de Aldama, el corruptor arrepentido del caso Ábalos, le anunció: “La semana que viene puede que la gente empiece a cantar”. Sonó a sentencia.

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 Feijóo ya se avanzó a la imputación de Sánchez y se puso en el escenario de un debate en el Congreso para pedir el suplicatorio y permitir que sea investigado por los tribunales  

Después de más de cinco horas de debate sobre la corrupción del PSOE saltó la noticia justo después, en la llamada sesión de control al Gobierno, convertida desde hace tiempo en una sucesión de píldoras audiovisuales para TikTok. Fue entonces cuando Ester Muñoz, portavoz del PP en el Congreso, le preguntó al vicepresidente Carlos Cuerpo por los mismos asuntos que se llevaba debatiendo durante la mañana y, en un momento dado, mientras hablaba de Víctor de Aldama, el corruptor arrepentido del caso Ábalos, le anunció: “La semana que viene puede que la gente empiece a cantar”. Sonó a sentencia.

Un rato antes, su jefe, Alberto Núñez Feijóo, había augurado que llegaría al Congreso un suplicatorio para que la Justicia pudiera investigar a Pedro Sánchez, es decir, que daba por seguro que el presidente iba a ser imputado en los próximos meses. De hecho, le preguntaba si iba a esperar a que eso ocurriera o si no prefería convocar elecciones. Por su parte, Sánchez relató con fechas el listado de veces que algún dirigente del PP se había anticipado en público a los pasos siguientes de los jueces o de las fuerzas de seguridad sobre casos que afectaban al PSOE, dejando claro que, en su opinión, existe una connivencia entre la derecha política y otros ámbitos, en este caso el jurídico y policial.

En la Moncloa dan por supuesto que tantas insinuaciones como se vienen produciendo en los últimos tiempos sobre una posible imputación del presidente acabarán por confirmarse. Podría ser por el caso Leire, la ex fontanera del partido que trataba de impedir que investigaran a Sánchez y a su familia. Antes, el juez imputará al PSOE como persona jurídica por no haber puesto los medios para evitar pagos a esa exmilitante y el paso siguiente sería citar como imputado al secretario general. También podría llegarse al mismo punto como consecuencia de la causa abierta por presunta financiación ilegal del PSOE, que no ha dado hasta ahora grandes titulares, pero que sigue ahí latente, en una causa secreta. Se supone que alguien podría decidirse a colaborar con la justicia para evitar el ingreso en prisión, siguiendo los pasos de Víctor de Aldama.

De hecho, según fuentes jurídicas, ya hay movimientos por parte de alguno de los implicados en los casos abiertos dispuesto a convertirse en un nuevo Aldama. La sentencia dictada por el Tribunal Supremo por la que condena a 24 años de cárcel al exministro José Luis Ábalos solo impone cuatro años a Aldama, el empresario que le indujo a la corrupción, que evita así su ingreso en prisión y devolver las ganancias de sus manejos gracias a sus declaraciones contra los dirigentes del PSOE con los que cometió sus fechorías. Una condena menor incluso que la solicitada por la fiscalía y las acusaciones populares. El Supremo, cuyos fallos sientan jurisprudencia, abre la puerta así a un trato muy favorable para los delatores. Por lo que ayer dijo Ester Muñoz a Carlos Cuerpo, y por lo que explican en medios cercanos al PP en privado, veremos a algún arrepentido cantando la Traviatta en los próximos días.

Tan por supuesta dio Feijóo la próxima imputación de Sánchez que, como decimos, se puso ya en la situación de asistir a un debate en el Congreso sobre el suplicatorio para investigar al presidente e instó a los aliados del Gobierno a explicar si entonces también seguirán sosteniéndolo. La vuelta de las vacaciones de verano va a ser para echarse a temblar.

El chaparrón va a arreciar. Por eso Sánchez envió ayer dos mensajes principales. El primero fue para avisar a su partido y a sus votantes de que el goteo de informaciones sobre diferentes causas será incesante. Pero les vino a decir que relativicen, que todo son ramificaciones de las actividades del mismo núcleo de manzanas podridas que ya fueron apartadas del cesto. Es más, en segundo lugar, el presidente se erigió en el único que puede apartar a quienes caen en prácticas deshonestas y ayudar a extirpar esa lacra, a “limpiar”, por considerar que el PP no solo tolera esos casos en sus filas y protege a quienes los cometen, sino que fomenta la corrupción estructural.

La insistencia de Sánchez en comentar las supuestas “dotes adivinatorias” de los dirigentes del PP sobre las causas judiciales que afectan al PSOE le permiten construir un relato sobre un trato diferenciado por parte de un sector de la judicatura y de los cuerpos policiales que ayer completó con un reproche a “las élites” que desearían tumbar a uno de los pocos gobiernos de izquierda que quedan en Europa. Sánchez no identifica a esas élites, pero no se está refiriendo al Ibex 35, sino que apunta a las ramificaciones de la extrema derecha en ámbitos políticos y mediáticos, por ejemplo. Sólo dijo con claridad que hay “muchos intereses” en “blanquear” a Vox en España para que pueda gobernar la derecha.

La respuesta del presidente ante la presión quedó clara: no se va a “rendir”. Incluso riñó a algunos de sus aliados, como Gabriel Rufián, por sucumbir al desánimo y conceder que la legislatura no da para más. ¿A qué espera para convocar elecciones?, percute una y otra vez el PP. Sánchez respondió ayer a él y al resto: “Espero a que el humo se disipe…” Ahora mismo el presidente es el único que confía en ver un claro entre los nubarrones. Los que van a cantar amenazan tormenta.

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