Acosado por un alud de escándalos de corrupción que “componen el nubarrón que eclipsa hoy el debate público”, Pedro Sánchez salió ayer al ataque, como mejor estrategia de defensa, ante el pleno del Congreso.
El pleno del Congreso dirime un agrio debate sobre los escándalos de corrupción
Acosado por un alud de escándalos de corrupción que “componen el nubarrón que eclipsa hoy el debate público”, Pedro Sánchez salió ayer al ataque, como mejor estrategia de defensa, ante el pleno del Congreso.
Durante seis horas de fuerte confrontación política, con algunos choques muy agrios, el presidente embistió contra Alberto Núñez Feijóo y Santiago Abascal, plantó cara a los reproches de Gabriel Rufián, desechó la “vía Starmer” a la que le urgió Miriam Nogueras, despreció las críticas de Ione Belarra y rebatió la alternativa que le plantea Felipe González: “Dimitir o convocar elecciones”.
Ni una cosa ni otra: “Nos queda un año de legislatura”. ¿Pedro Sánchez contra el mundo? La bancada socialista le aplaudió a rabiar, como preámbulo a la cita del comité federal del PSOE del próximo sábado.
El presidente asumió los “errores” de José Luis Ábalos y Santos Cerdán. Unos “casos aislados” que “nos avergüenzan”. Pero rechazó que se abra una “causa general” contra todo su proyecto político. “No somos infalibles, pero no vamos a cometer el error de callarnos ni de rendirnos. Por eso limpiamos lo que haya que limpiar, defendemos la verdad donde esté siendo sepultada bajo mentiras, y vamos a seguir gobernando”, afirmó Sánchez.
“La pregunta no es si debemos continuar. La pregunta es cómo no vamos a continuar”, defendió el presidente. Pero Feijóo volvió a exigir elecciones, le acusó de ser “el nexo corruptor” e incluso vaticinó su próxima imputación. Y quiso apretar las tuercas a los socios del Gobierno: “Por decencia, deberíamos echar a este Gobierno con una moción de censura. Por mí, hoy mismo”.
Sánchez alegó que, “si aún hay rescoldos de corrupción, es evidente que será un Gobierno como el nuestro y no uno del PP con Vox el que podrá acabar con ellos”. “Porque cuando nosotros hemos detectado casos no los hemos tapado, los hemos perseguido”, justificó.
“Entiendo el enfado de la ciudadanía, su frustración y decepción, me hago cargo”, concedió. “Entiendo que, después de pasar 30 minutos ante el televisor viendo este chorreo de casos, tengan la tentación de pensar que todos somos iguales”, reconoció. “Pero no es cierto. No todos los políticos ni todos los partidos somos lo mismo”.
Y criticó la “hipocresía” del PP al denunciar las “cloacas” del PSOE: “No mientan afirmando que este es el Gobierno más corrupto de la historia cuando tienen más de 30 casos abiertos con 150 implicados”.
El presidente distinguió entre las investigaciones que le salpican. Por un lado, las causas contra Ábalos, Cerdán o Leire Díez. Por otro, el proceso contra José Luis Rodríguez Zapatero. Finalmente, las acusaciones a su mujer, Begoña Gómez, y su hermano, David Sánchez. “No le resto un ápice de importancia a estos hechos ni a las causas que los investigan”, admitió. Pero acusó a la derecha de “mezclar” estos casos, “para crear una sensación de corrupción generalizada que no existe”.
“No debe haber ningún espacio para la impunidad de personas corruptas, sean quienes sean”, dijo sobre Ábalos y Cerdán. “Un caso flagrante y grave de corrupción protagonizado por unas personas concretas que se aprovecharon de su peso dentro del PSOE y en el Gobierno para ganar dinero”, admitió.
Pero reiteró: “Yo jamás conocí ni hubiera tolerado ninguna de estas prácticas”. Añadió que “el PSOE no se ha financiado irregularmente”. Y zanjó: “No vamos a aceptar la corrupción como hecho consustancial a las organizaciones humanas, vamos a seguir trabajando con la ambición de erradicarla”.
En cuanto a la imputación de Zapatero, insistió en confiar en su inocencia. Y defendió su legado: por sacar a España de la guerra de Irak, acabar con ETA y apostar por “el entendimiento entre los pueblos de España”, como interlocutor de Carles Puigdemont. “Y esto molesta a más de uno”, alertó.
Sánchez señaló que al Gobierno solo le compete aclarar si hubo trato de favor en el préstamo a Plus Ultra. “No lo hubo, y no debe existir ninguna sombra de duda”, alegó.
Y desechó las causas contra su mujer –que pocas horas después entregó su pasaporte en el juzgado– y su hermano. “Sé, sin el más mínimo grado de duda, que se construyen sobre acusaciones infundadas y un patrón de acoso y derribo”, denunció.
En su réplica a los portavoces, Sánchez se revolvió con el puñal entre los dientes. A Feijóo le echó en cara “el narcotraficante amigo con el que se iba de vacaciones”–Marcial Dorado– y su “connivencia con la corrupción” de Isabel Díaz Ayuso por el caso de su novio. Ojo por ojo, el líder del PP aseguró que a él nunca le financió “ningún magnate de la prostitución”, en alusión al suegro de Sánchez.
El presidente criticó que Feijóo conozca de antemano actuaciones judiciales y policiales: “¿Quién se las filtra y a cambio de qué?”, requirió. “O tiene el don de predecir el futuro, o participa en prácticas ilegales”, atizó. Y acusó al líder del PP de “jugar sucio para llegar a la Moncloa”. Pero advirtió: “Usted no es el fin de la corrupción, es el regreso de la corrupción”.
Sánchez aseguró compartir “la frustración e indignación” del portavoz de ERC. “Las ilegalidades de Ábalos son particularmente dolorosas, porque he compartido camino político con él, y me cabrean”, admitió.
Pero replicó a Rufián: “Tal vez usted sea perfecto, nosotros no, la humanidad no lo es”. “Cuando dice que así no merece la pena seguir, ¿en nombre de quién habla, de usted o de sus votantes?”, le reprochó. “Gobernar no es resistir, pero tampoco es desistir ni rendirse para envolverse en un halo de superioridad moral”, señaló.
Y emplazó a la portavoz de Junts: “Si quieren presentar una moción de censura con el PP y Vox, háganlo”. Pero sin “subterfugios”, ante la “vía Starmer” que le recetó Nogueras.
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