Ni la guerra ni la inestabilidad política del Gobierno nublan el interés del inversor internacional por nuestro país, al que bautizan como «el mejor lugar donde estar» Leer Ni la guerra ni la inestabilidad política del Gobierno nublan el interés del inversor internacional por nuestro país, al que bautizan como «el mejor lugar donde estar» Leer
España ha vuelto a la fiesta y lo ha hecho por la puerta grande. No importa que tras ella se esté librando una guerra entre Oriente Próximo y EEUU e Israel, ni que puertas adentro la inestabilidad política de un gobierno envuelto en escándalos de corrupción haya levantado alguna ceja a los inversores institucionales de medio mundo. El burbujeo patrio se siente entre los fondos de capital privado, que aguardan desde la barrera esperando que una nueva compañía de tamaño medio se ponga a tiro. Hay mucha actividad que se siente en los pasillos de consultoras como Álvarez & Marsal. La firma estadounidense, fundada en 1983, se ha visto obligada a mudarse a principios de año -unos números más abajo del conocido Paseo de la Castellana de Madrid- a un edificio reformado y válido para sus cerca de 250 empleados. Hace seis años, cuando Alejandro González aterrizó en la consultora eran «30 personas», reconoce el co-country head para España de Álvarez & Marsal, que explica cómo su compañía es cada vez un poco menos estadounidense y más del resto del mundo. «EEUU representa el 60% del negocio», explica, mientras Europa va ganando tamaño. A la conversación se incorpora Cristina Almeida, co-responsable de la consultora en España. Ambos cumplen dos años en el cargo y son dos de los 40 socios que tiene la consultora en España. En el mundo hay 1.100 en total.
La última vez que nos vimos fue hace dos años, con motivo de su nombramiento, y desde entonces la foto ha cambiado… y lo ha hecho a mejor. «Todos los fondos consideran a España para sus inversiones. No es nada que no estuviera sucediendo antes, pero la diferencia es que ahora te lo dicen: han hecho revisiones internamente dentro de sus fondos y han catalogado a España como ‘the place to be‘ [‘el lugar en el que estar’]», explica Almeida.
Este nuevo sentimiento hacia nuestro país tiene que ver con muchas cuestiones: la primera es el crecimiento de la economía y la llegada de inmigrantes a un ritmo de medio millón de personas por año; pero también influye que España, por cierto tiempo, fue detrás, algo rezagada y ahora trata de cerrar ese diferencial frente al resto de países. «Como siempre vamos un poco retrasados, es cierto. Pero hay que poner en valor que España tiene un caldo de cultivo de empresas espectacularmente atractivo para todos los fondos de capital riesgo. El reto que tenemos es de tamaño, por el hecho de que el 90% de nuestras empresas son familiares o pymes (…) Los grandes fondos deben cumplir con una inversión mínima de 300-500 millones de euros y esto hace que estén como locos buscando debajo de las piedras. Evidentemente les resulta más complicado» encontrar oportunidades reales, de ahí que aguarden a quién será el próximo candidato a entrar en sus carteras, en vista de que una salida a bolsa sigue sin ser la opción favorita para las compañías españolas. «Sigue sin ser una salida realista» para los fondos de capital privado. Su forma de actuar es sencilla: entran en el accionariado de una empresa, trabajan en ella para mejorar sus cifras y en un periodo de entre 4 ó 5 años (que ahora va hacia los 7-8 años -y esto no es tan positivo…-) desinvierten y buscan nuevas oportunidades. Antes, una vía habitual para hacerlo era sacarlas a bolsa; hoy la opción predilecta es revenderla a otro capital privado. Fue el caso de muchas, entre otras Primafrío, Tendam en el textil, o Restaurant Brands International en el mundo de la restauración.
«¿Y a los inversores les preocupan los escándalos que afectan al Gobierno?«, preguntamos. Confiesan que sí, que preguntan por lo que está sucediendo, pero no va más allá. España ha despertado y nadie quiere perdérselo. A fin de cuentas eso es lo que importa. «Lo que se comenta en el sector es que nadie se explica cómo la economía española estaba siendo resiliente a todo lo que estaba pasando, tanto a nivel macro, externo, como a la inestabilidad política [del Gobierno de coalición]. Pero lo cierto es que todo el mundo, aun sin saber la razón, ha aprovechado el momento. Y un posible cambio de Gobierno en el sector de la inversión siempre se ha visto como algo positivo», asegura la consultora.
La guerra en Oriente Próximo que afecta a los países del Golfo tampoco ha frenado el flujo de inversión que llega desde algunos emiratos y la región asiática. «De hecho, el interés de fondos soberanos [de la región] se ha acelerado, no sabemos si a raíz del conflicto o porque, simplemente, ahora estamos más en el mapa».
Los bautizados como economías de los petrodólares están especialmente enfocadas en invertir en todo lo que tenga que ver, paradójicamente, con energías renovables y la sostenibilidad de las ciudades del futuro. Cuentan, de hecho, con planes de inversión a 2030-2050 con estos objetivos que han dejado por escrito. Y el dinero va hacia ahí, en España, más desde el apagón que sacudió la red nacional el 28 de abril del año pasado y que dejó en evidencia la necesidad de crear nueva infraestructura. Interesa «todo lo que sean infraestructuras de transporte -carreteras, vías ferroviarias, estaciones, aeropuertos, etc.- se ve como una oportunidad. Todo lo vinculado a la red e integración energética europea: importantísimo. Todo lo que pueda ser el modelo de almacenamiento energético, como baterías», enumera González, quien añade, además, la necesidad de invertir en el desarrollo de las ciudades que ven crecer exponencialmente su población. «Tiene que haber una visión estructurada de infraestructuras que busque no solo cubrir la falta de inversión que hemos dejado de hacer los últimos 10 años, sino que cubra las que debemos realizar en la próxima década. Hay una oportunidad importantísima y el apagón es solo un reflejo de lo que sucedía».
¿Y qué más despierta interés en España? Todo lo vinculado a servicios: empresas de recursos humanos, despachos de abogados o consultoras.
Europa se enfrenta a algunos desafíos, empezando por una descontadísima subida de tipos de interés en la zona euro prevista para la próxima semana. Esto impacta en los acuerdos de fusiones y adquisiciones por las valoraciones de las empresas, pero también en las financiaciones de las compañías. ¿Preocupa a los inversores? La respuesta es categórica: no. Está todo puesto en precio, asegura Almeida, que sí reconoce cierta parálisis en el sector del capital privado debido a la incertidumbre. Afecta, principalmente, a los megafondos de inversión, más sensibles a los grandes eventos geopolíticos. En España, donde la liga es inferior, la actividad frenética continúa. «A nivel Europa, la mitad de los acuerdos que hacemos son en software y en tecnología», una pata del negocio que ha sufrido a nivel sectorial desde que a principios de año asomara la primera gran corrección que afecta a la valoración y al futuro de estas empresas como consecuencia del impacto de la inteligencia artificial.
«De todo lo acontecido los últimos meses, yo catalogaría la IA como el más relevante a la hora de generar incertidumbre», afirma Almeida, que reconoce que absolutamente todas las empresas con las que trabajan han preguntado por sus implicaciones en su negocio o en aquel que aspiran a comprar. «Tiene que ver con el ahorro de costes, por un lado, o con la obsolescencia de negocios que en unos años van a desaparecer» y todo ello está «ralentizando» el panorama de fusiones y adquisiciones «hasta que la gente se forme una opinión» al respecto.
Más allá del impacto evidente que ha tenido sobre las firmas de software, la batalla por ver quién sobrevivirá y quién saldrá beneficiado de la implatanción de la IA se libra en terrenos como el de la educación, «donde lo transformará todo, desde la formación de los empleados, hasta las profesiones que serán más demandadas en un futuro».
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