España avanza hacia un modelo productivo cada vez más basado en la reutilización y el reciclaje

Nuestro país se sitúa a la vanguardia europea en términos de circularidad, con una apuesta sostenible especialmente fuerte por parte de sectores clave como el turismo, las baterías o la industria audiovisual. Leer Nuestro país se sitúa a la vanguardia europea en términos de circularidad, con una apuesta sostenible especialmente fuerte por parte de sectores clave como el turismo, las baterías o la industria audiovisual. Leer  

Existe un rango formal que estima que cada huésped produce por noche de hotel entre uno y dos kilogramos de residuos. Así lo calcula el Manual para Medir y Monitorizar la Eficiencia de Recursos en el Sector Hotelero del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente, junto a la iniciativa One Planet Network. Aunque es una cantidad importante, expuesto de este modo puede no parecerlo. Pero si consideramos que a nivel global hay más de 1.500 millones de viajeros al año, la cifra se dispara.

El sector turístico puede acumular en un único año desechos sólidos equivalentes en tamaño a una montaña de 500 metros de altura. Es decir, que superaría al Empire State Building de Nueva York, y, posando la mirada algo más cerca, sería aproximadamente como todo el Peñón de Gibraltar.

Con esto en mente, hace apenas cuatro meses se presentó el informe Towards circular hospitality, que la ONU Turismo ha impulsado en alianza con la cadena hotelera española Iberostar y en colaboración con el Circle Economy, un equipo internacional de 60 especialistas en tecnología de datos, ecología industrial, medios digitales, sociología y economía, cuyo fin es impulsar una transición circular que genere beneficios medioambientales, económicos y sociales. En este documento consta que los alojamientos turísticos emiten 260 millones de toneladas de CO anuales, equivalentes a las emisiones de Francia. Un 70% de ellas proveniente de la cadena de suministro.

No todo son datos negativos. Además de presentar el panorama actual del planeta en relación al turismo, dicho documento es una guía para facilitar el tránsito de esta industria a la circularidad, en la que se destacan casos de éxito con más del 80% de desviación de residuos y una reducción del 12% en el desperdicio alimentario gracias a la inteligencia artificial. El centro del estudio lo constituyen las prácticas de Iberostar Hotels & Resorts, y su estrategia iniciada en 2017 Wave of Chage (Ola de Cambio). Esta hotelera considera que el reto está en ir más «allá de mitigar. Es buscar el turismo sostenible», un término que, de acuerdo al parecer de su vicepresidenta de Sosteniblidad, Gloria Fluxá, abarca un turismo positivo, regenerativo y responsable, en el que buscan implicar cada vez a más gobiernos, agentes y empresas del sector, con los que formar alianzas.

Conscientes de que el planeta es su medio de vida, poco a poco los actores del sector se van adhiriendo al nuevo turismo del cambio, que tiene uno de sus ejes más importantes en la economía circular. Evidentemente, alcanzar la Agenda 2030 de los Objetivos de Desarrollo Sostenible de la ONU alienta a esta industria a involucrase. Pero la evolución no tiene porqué frenar una vez alcanzados éstos.

De hecho, la Iniciativa Mundial sobre Turismo y Plásticos promueve eliminar los envases innecesarios de un sólo uso y asegurar que el 100% de los plásticos sean reutilizables, reciclables o compostables, algo que Iberostar ya ha conseguido pero que no ha puesto fin a sus acciones para llevar al máximo las 3 R -reducir, reutilizar y reciclar-. El objetivo, cuenta Patricia Juárez, project management officer de Sostenibilidad en Operaciones Hoteleras en el Grupo Iberostar, en México, es «reducir lo máximo posible y encontrar a los residuos un valor al final de su uso».

Es la hora de empezar a preguntarse, incluso como turista, cuál es el modo de viajar y escoger que en su conjunto constituya una experiencia que apoye la sostenibilidad del planeta. Y para que ello no suponga ni un quebradero de cabeza ni una pérdida de comodidad, ni siquiera una limitación para descubrir o realizar las actividades de ocio habituales, la hotelería es un pilar fundamental. En este sentido, el enfoque hacia la circularidad de Iberostar combina personas, datos e innovación. Sus equipos de 3R cuentan con más de 250 profesionales centrados en la separación, medición y análisis de residuos, que adaptan sus proyectos a los 14 destinos del mundo en los que operan.

Ese concepto de circularidad lo extienden a toda su cadena de valor, desde los productores con los que trabajan a las comunidades con las que colaboran o que apoyan en cada lugar, pasando por el desarrollo de las investigaciones que financian. Lo hacen mediante estrategias basadas en compras sostenibles, operaciones optimizadas, construcción circular, cultura empresarial y colaboración en destinos para superar la escasez de marcos sectoriales compartidos.

CON IA O SIN ELLA. El cumplimiento de dichas estrategias se afronta mediante proyectos como la reducción en el almacén del packaging de los productos menos perecederos -bien cambiándolos por cantidades mayores en un solo envoltorio, bien estudiando los materiales reciclables, reciclados o reutilizables para envases en los que, por ejemplo, ofrecer los snacks-. «Consentimos al huésped porque sin hotel no podríamos ser sostenibles», pero al tiempo «intentamos que la mayoría de alimentos sean locales», dice Juárez.

La hotelera también lidera acciones globales por la sostenibilidad del turismo, como la publicación de la Guía Zero Residuos para el sector hotelero en el estado mexicano de Quintana Roo, uno de los lugares donde tiene más presencia hotelera. Por otra parte, sus clientes tienen la ocasión de reutilizar pequeños objetos plásticos de piscina que otros anteriores hayan depositado en puntos estratégicos que el hotel pone a su disposición, y las botellas de agua de plástico se han sustituido por unas de cristal, rellenables en fuentes colocadas en los pasillos de los resorts.

Los equipos de 3R empiezan localizando los problemas y buscando las soluciones para implementarla primero en los lugares donde son más necesarias. Hasta los residuos de jardinería se utilizan para compostaje; y cuando en el hotel no existe esta posibilidad, como es el caso de su complejo de Cozumel, «se tritura la poda lo máximo posible y se reintegra a la vegetación», cuenta Ariadna León, coordinadora de proyectos de Soluciones basadas en la Naturaleza del grupo en México.

Muchas de estas cosas se hacen simplemente bajo el criterio humano. En otras, la inteligencia artificial, tal y como ha comprobado Iberostar, está suponiendo una gran ayuda. Por ello, en las cocinas de más de 60 de sus hoteles ya se emplean herramientas para monitorizar y reducir el desperdicio de alimentos, lo que ayuda a comprender mejor dónde se producen las pérdidas y cómo evitarlas.

Tal y como cuenta Juárez, esto lo facilitan las básculas inteligentes, que toman fotografías y aprenden. Con una de ellas se cuantifica la sobreproducción, es decir, lo que lo que se saca al buffet y los huéspedes no comen o lo que se sirvieron y dejaron. Con esa información, cada día los chefs pueden ajustar tanto la cantidad producida como los guisos que se consumen menos. Otra báscula mide la merma. Así se intenta reducir al máximo la cantidad de desperdicio de los productos. Esto señala el modo adecuado de, por ejemplo, realizar los cortes de la fruta para poder aprovechar la mayor parte. Finalmente, «estudiamos las causas de porqué se tiró -si la porción era muy grande, no estaba bueno, o simplemente no gusta-«, explica Juárez. Se trata de «analizar tu mercado para ir produciendo solo lo que realmente necesitas».

El reciclaje es uno de los pilares de la economía circular. La evolución de esta actividad en España hace que desde la Federación Española de la Recuperación y el Reciclaje (FER) la cataloguen como una industria estratégica para la competitividad industrial y la autonomía en materias primas.

«Con más de 5.000 firmas, más de 37.000 empleos y unas ventas que superan los 15.000 millones, el sector representa más del 1% del PIB nacional y muestra su capacidad para generar actividad económica, empleo verde y beneficios ambientales», indican desde la FER.

Los datos también evidencian una industria muy profesionalizada, tecnológica e integrada en las cadenas industriales, en un contexto marcado por la transición energética, la digitalización y la necesidad de asegurar el suministro de materias primas críticas.

Los metales sobresalen entre los flujos de residuos con mayores niveles de reciclaje. En 2024 se gestionaron casi siete millones de toneladas de chatarras férricas, consolidando al acero como el material más reciclado del mundo. El 80% del cobre y el 75% del aluminio usados proceden de materiales reciclados, mientras que el 100% del plomo empleado en España es reutilizado.

El reciclaje metálico es un pilar de la economía circular por su capacidad para ahorrar energía y reducir emisiones. También, porque permite disminuir la dependencia exterior de recursos estratégicos. Gracias al reciclaje, España recupera materiales esenciales para sectores como la automoción, la construcción, la energía o la fabricación de equipos.

Destacan, igualmente, los avances registrados en otros flujos estratégicos. En 2025 se reciclaron más de 130.000 toneladas de baterías de automoción y más de 12.700 toneladas de baterías industriales, una actividad clave por el crecimiento de la movilidad eléctrica y los sistemas de almacenamiento energético.

Asimismo, se recogieron más de 448.000 toneladas de residuos de aparatos eléctricos y electrónicos y se reciclaron más de 671.000 vehículos que se encontraban fuera de uso.

Ecoembes, la entidad que gestiona el sistema de contenedores amarillos (plásticos, latas y briks) y azules (papel y cartón), coordinó en 2024 el envío a plantas de selección y reciclaje de 1,56 millones de toneladas de envases domésticos, un 5,4% más que el año anterior y un 19,5% más que en 2020.

En el ámbito de los envases domésticos, nueve de cada 10 empresas confían en Ecoembes para el cumplimiento efectivo de la Responsabilidad Ampliada del Productor (RAP). «Este es un respaldo claro a un modelo que ofrece garantías y certidumbre en un contexto regulatorio cada vez más exigente», dice Rosa Trigo, consejera delegada de Ecoembes.

Del total de 2.003.983 toneladas de envases cuya gestión asumió Ecoembes en 2025 se recicló el 74,6% «gracias a la colaboración de una ciudadanía cada vez más concienciada y de las administraciones públicas, operadores y recicladores», asegura Trigo.

El año pasado Ecoembes dio un paso más hacia una gestión integral, asumiendo también la gestión de los envases comerciales. «Ya son 11.192 empresas las que confían en nosotros para también esta tipología de envases», apunta Trigo.

En cuanto a los envases de vidrio, España superó con dos años de antelación el objetivo de reciclar el 70% del vidrio, tal como había fijado la UE para 2025. «Tenemos un plan estratégico con cinco grandes objetivos, 12 líneas estratégicas y más de 60 planes de acción para alcanzar una tasa de reciclado de más del 80% en 2030», indica José Manuel Núñez-Lagos, director general de Ecovidrio.

IMPACTO DEL REGLAMENTO PPWR. Pero el futuro también plantea retos regulatorios, económicos y estratégicos. Uno es frenar la importación de materiales reciclados que no cumplen las normas europeas. Otro orbita en torno al Reglamento Europeo de Envases y Residuos de Envases (PPWR), que entró en vigor en febrero de 2025 y será de aplicación obligatoria en todos los Estados miembros a partir del próximo 12 de agosto.

«Esta ley llega sin margen de interpretación nacional ni matices locales. Es una declaración de intenciones de que Europa quiere solo una versión de la sostenibilidad: cuando una regulación no necesita ser transpuesta, no pide adaptación sino transformación», destaca Jaime Leyún, de la consultora Neture Impact.

Desde Neture Impact recuerdan que el PPWR regula el ciclo de vida completo del envase: desde las decisiones de diseño hasta la gestión del residuo, pasando por la logística, la trazabilidad, el etiquetado, la cadena de suministro y la relación con el consumidor.

Esta norma exige que los envases sean reciclables de modo económicamente viable para 2030, fija porcentajes mínimos de contenido reciclado por material y categoría, impone objetivos de reutilización con fechas concretas, prohíbe determinados formatos de un solo uso y obliga a cada empresa a emitir una Declaración de Conformidad por cada tipo de envase que ponga en el mercado.

Esto tiene un impacto transversal en los departamentos de la compañía. «Afecta al área de compras, que tiene que cambiar proveedores o renegociar especificaciones. Atañe al área de producto, que debe rediseñar o validar formatos. Implica al área financiera, que estimará el coste de la transición y el impacto de las nuevas tarifas de Responsabilidad Ampliada del Productor. Involucra al área comercial, porque afecta a la percepción de marca y al comportamiento del canal. Y toda esta transversalidad apela a la dirección general, porque implica unas decisiones no operativas, sino estratégicas», explica Leyún.

El coche eléctrico ha dejado atrás el debate exclusivo sobre su autonomía, la red de recarga o el precio de compra. Con Europa acelerando la descarbonización del transporte, emerge la verdadera pregunta estratégica de esta transición: ¿qué ocurrirá con el corazón de estos vehículos cuando dejen de ser útiles para circular por las carreteras?

La respuesta va mucho más allá del reciclaje convencional. Las baterías de ion-litio representan hasta el 40% del valor de un vehículo eléctrico y concentran materiales críticos como litio, níquel, cobalto o cobre, imprescindibles para fabricar nuevas celdas. Europa mantiene una dependencia exterior superior al 80% en estos materiales, en gran parte por la concentración del refinado y la capacidad industrial en Asia. El problema ya no es solo de suministro, sino de soberanía industrial en una tecnología clave para la transición energética.

Por eso, Bruselas ha reforzado la regulación con el Reglamento Europeo de Baterías y la Responsabilidad Ampliada del Productor, que obligan a los fabricantes a hacerse cargo de la recogida, la trazabilidad y el tratamiento de las baterías usadas para impulsar una cadena de valor basada en el reciclaje de materiales, con objetivos muy exigentes para 2027 y 2031. El sistema europeo avanza con rapidez normativa, pero sigue mostrando fragilidad industrial. Como resume Carlos Morales, investigador del Instituto de Investigación Tecnológica (IIT) de la Universidad Pontificia Comillas, «Europa se está preparando, pero no llega sobrada«.

El experto recuerda que la demanda mundial de baterías podría multiplicarse por 14 en 2030, con la Unión Europea absorbiendo en torno al 17% de ese volumen. Este crecimiento no es solo un reto de residuos, sino de acceso a materias primas críticas. Aunque la regulación fija objetivos muy exigentes, Morales insiste en que «las leyes no reciclan por sí solas»: hacen falta plantas, inversión y capacidad real de refino.

El mapa industrial sigue incompleto. La gran ola de baterías usadas aún no ha llegado y, por ahora, el sistema depende sobre todo de residuos industriales y descartes de producción. A ello se suma la incertidumbre en la ejecución de numerosos proyectos anunciados, lo que mantiene la brecha entre planificación y capacidad real instalada.

PROYECTOS DE ÉXITO. Pese a ello, empiezan a consolidarse ejemplos que muestran el inicio de una base industrial real. En ese terreno empiezan a consolidarse casos como la planta de Mercedes-Benz en Kuppenheim (Alemania), con capacidad para 2.500 toneladas anuales, o Hydrovolt en Noruega, que procesa unas 12.000 toneladas al año. Son proyectos que apuntan a una capacidad creciente para cerrar el ciclo de materiales, aunque todavía lejos de la madurez del sistema.

En paralelo, los fabricantes comienzan a reorganizar su papel dentro de la cadena de valor. Renault, a través de su filial de economía circular The Future is NEUTRAL (en alianza con Suez), ha desarrollado uno de los modelos más avanzados en Europa para cerrar el ciclo de las baterías.

Su estrategia se articula en tres fases: alargar la vida útil mediante diagnóstico y reparación (con más de 18.000 baterías reacondicionadas desde 2012); darles una segunda vida en sistemas de almacenamiento energético cuando la degradación impide su uso en automoción; y, finalmente, el reciclaje a través de Indra Automobile Recycling para recuperar metales como litio, níquel o cobalto e incorporarlos de nuevo a la fabricación.

En ese esquema, la batería pasa de residuo a activo con distintos usos a lo largo de su ciclo. La lógica es clara: maximizar el valor del componente antes de convertirlo en residuo y avanzar hacia «un modelo circular de coche a coche» en el que los materiales recuperados se reintegren en la fabricación de nuevas baterías, exponen desde Renault.

Esta apuesta por la reutilización abre un debate sobre su impacto en el reciclaje. Para Carlos Morales, es una solución «lógica» desde el punto de vista ambiental, pero puede generar incertidumbre industrial si retrasa la llegada de material a las plantas: «Si una batería pasa varios años prestando otros servicios, tardará mucho más en llegar a la planta de tratamiento». Por ello, defiende integrar reutilización y reciclaje bajo un sistema con trazabilidad completa: «La economía circular solo es eficiente cuando el rastro del producto no se pierde en ningún momento del proceso».

El primer problema para lograr ese control es que el paso previo en el taller conlleva un riesgo evidente. Manipular estas baterías sigue siendo un reto físico por la carga residual. Para resolverlo, el grupo belga Umicore, referente en materiales y reciclaje de metales críticos, ha impulsado el proyecto europeo RoB@t2Cell, que introduce sistemas robotizados capaces de clasificar, desmontar y preparar las baterías para su reutilización o reciclaje. El proceso combina automatización avanzada con técnicas basadas en agua que permiten recuperar más del 95% de los metales valiosos sin recurrir a hornos contaminantes.

APUESTA INDUSTRIAL EN ESPAÑA. Mientras estos desarrollos tecnológicos avanzan, el reto inmediato es puramente industrial. En España, Urbaser construye en Cubillos del Sil (León) una de las plantas clave del ecosistema ibérico. La instalación se centrará en el tratamiento termomecánico para obtener la denominada black mass, un concentrado de litio, níquel y cobalto indispensable para volver a producir celdas.

Según Nicolás Corral, director de Desarrollo de Urbaser Soluciones Industriales, el objetivo es «aportar capacidad industrial en una fase clave para que estos materiales puedan volver a la cadena productiva sin salir de nuestras fronteras», en un contexto donde «cada vez cobra más sentido tratar estos materiales cerca de donde se generan«.

Sin embargo, la fotografía actual revela el retraso de Europa. Hasta que la planta no entre en operación (la previsión es 2027), Urbaser gestiona las baterías mediante acuerdos internacionales y logística transfronteriza. Buena parte del flujo sigue saliendo de España para su tratamiento. «Hoy, muchas baterías se tratan fuera de España, pero eso está cambiando», matiza Corral, en un contexto de creciente exigencia de trazabilidad y capacidad local.

El desafío es doble: levantar capacidad industrial a tiempo y hacerlo en un mercado donde el volumen de baterías fuera de uso aún es reducido por la juventud del parque móvil. Por eso, el proyecto también mira a otros flujos, como los descartes de fabricación de futuras gigafactorías. En cualquier caso, según concluye Corral, se trata, de un cambio de paradigma para toda la industria: «Dejar de exportar el residuo para empezar a capturar el valor del material en origen«.

La irrupción y posterior asentamiento de las plataformas de vídeo bajo demanda no sólo ha cambiado los hábitos de consumo, sino que también ha modificado la industria audiovisual al completo. Saciar el hambre de contenidos de los usuarios implica un aumento del número de producciones, aspecto, en el que España es uno de los países que ha experimentado una transformación más drástica durante los últimos años.

Los datos del Observatorio Audiovisual Europeo indican que nuestro país lideró la producción europea en 2025, con 463 largometrajes. Otro interesante dato de Madrid Film Office estima que la capital fue, a lo largo del año pasado, escenario del rodaje de al menos 71 películas, además de 52 series (50 de ficción y dos docuseries) y 410 anuncios.

Teniendo en cuenta el ritmo actual de producción y lo valioso que es el tiempo en esta industria, lo más lógico sería pensar que la sostenibilidad es la última de sus preocupaciones. Pero nada más lejos de la realidad: el sector es consciente de que mantener el liderazgo internacional implica reducir al máximo el impacto ambiental.

Tras la pandemia, la sostenibilidad dejó de ser una opción para convertirse en una obligación. Aparecieron entonces los primeros protocolos de rodaje sostenible, las plantillas comenzaron a incorporar perfiles especializados, se exigieron planes de sostenibilidad para acceder a las ayudas públicas, entró en vigor la CSRD euopea…

Pero la mayor preocupación de las empresas se situó en la medición de su propio impacto. En 2021, con la intención de atajar este problema, se lanzó Creast, un software basado en inteligencia artificial y big data cuyo objetivo es predecir, reducir y compensar la huella de carbono. Por el momento, ha sido utilizado en 5.000 proyectos audiovisuales (en su mayoría, en España) de 200 usuarios diferentes, lo que ha evitado la emisión de 786.000 toneladas de CO2.

«Nuestro software está entrenado para detectar oportunidades de mejora. Por ejemplo, si en un guion hay escenas en playa y montaña, eso implicaría mucho desplazamiento», detalla Eduardo Vieitez, CEO de la compañía. A partir de una lectura automática, añade, la herramienta «crea un plan de sostenibilidad para optimizar trayectos o reducir residuos. Cuantificamos cuánto puede reducirse la huella de carbono con estas prácticas y documentamos el cálculo de la reducción conseguida para que todo sea riguroso, huyendo así del greenwashing».

Vieitez califica la salud medioambiental del sector audiovisual español como «buenísima», sin medias tintas. Factores como «las horas de luz al día» o «la red logística y de transporte» hacen que se sitúe por encima del resto de países europeos en este aspecto. De hecho, Creast está trabajando con la Spain Film Comission en la promoción de España como «destino idóneo de rodajes para mejorar los niveles de sostenibilidad de las producciones» en todas sus variables. Tal como concluye su CEO, «hubo un momento en el que fue una moda, pero ahora es algo más ejecutivo. La gente quiere hacer las cosas bien de verdad».

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