La FIFA prohibe a cualquier club contactar o negociar con un jugador que tenga contrato en vigor sin que exista un permiso por escrito de su actual equipo. Con la excepción de que al futbolista le queden solo seis meses para concluir su contrato. ¿Por qué la FIFA regula eso? En teoría porque si un jugador pudiera negociar libremente podría caer su rendimiento con el club actual y, según el organismo internacional, para proteger económicamente a los clubs más pequeños.
La FIFA prohibe a cualquier club contactar o negociar con un jugador que tenga contrato en vigor sin que exista un permiso por escrito de su actual equipo. Con la excepción de que al futbolista le queden solo seis meses para concluir su contrato. ¿Por qué la FIFA regula eso? En teoría porque si un jugador pudiera negociar libremente podría caer su rendimiento con el club actual y, según el organismo internacional, para proteger económicamente a los clubs más pequeños.Seguir leyendo…
La FIFA prohibe a cualquier club contactar o negociar con un jugador que tenga contrato en vigor sin que exista un permiso por escrito de su actual equipo. Con la excepción de que al futbolista le queden solo seis meses para concluir su contrato. ¿Por qué la FIFA regula eso? En teoría porque si un jugador pudiera negociar libremente podría caer su rendimiento con el club actual y, según el organismo internacional, para proteger económicamente a los clubs más pequeños.
Es posible que el origen de la norma tuviera un sentido. Sobre todo si se llegaba a un acuerdo, en forma de precontrato, pero por negociar, o hablar, se ha quedado obsoleta. Todo el mundo lo hace. Es una norma que fomenta la hipocresía. No se dirigen directamente al jugador, pero se contacta con los agentes y es lógico. Antes de saber si un futbolista puede fichar hay que saber si quiere ir.
La norma de no poder contactar con un jugador en su último año de contrato sin avisar al club actual tiene poco sentido real
Es una regulación contraria a la planificación y que acaba desprotegiendo al jugador que debe mantener reuniones secretas a través de intermediarios en lugar de plantear las cuestiones de forma transparente. El caso de Julián Álvarez ha sido denunciado a la FIFA por su actual club, el Atlético contra el Barça, como ya hizo con el caso Griezmann. La pregunta es: ¿Se puede mantener a un futbolista en el equipo en contra de su voluntad? La respuesta es fácil, pero en fútbol todo se hace complejo.
Cuando entra la pasión se aleja la razón. ¿Es descabellado que el FC Barcelona quiera fichar a Julián Álvarez y que sea un sueño para el jugador recalar en el club blaugrana? No. Sería normal. Forma parte del mercado. El Barça no pretende llevárselo gratis. Hay una oferta de alrededor de 100 millones de euros encima de la mesa. La afición colchonera silbó e increpó a Julián Álvarez el pasado domingo en el Metropolitano y el propio club le impidió acercarse a la grada al finalizar el encuentro en el habitual gesto de agradecimiento de la plantilla a la grada. Al final suena a pulso. Potente, fuerte, tenso, pero un pulso.
Pero la FIFA debería adecuar sus normas a la realidad en lugar de soñar con absurdos proyectos de modificación del Mundial, uno de los productos que le funciona perfectamente. Mantener normas que fomentan la hipocresía no se ajusta a la realidad del mercado. El fútbol no debe ser una selva, pero tampoco un cortijo. Esa sensación de que se puede vivir al margen de todo hoy tiene poco sentido. Hay que cambiar eso. Y más cosas: por ejemplo que la televisión oficial de un club, como el Real Madrid, siga destrozando a los árbitros después de cada jornada. ¿Por qué nadie sanciona eso?
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