La ultraderecha alemana se ve gobernando al fin

El partido euroescéptico que hace trece años irrumpió en la política germana con el nombre de Alternativa para Alemania (AfD), y fue creciendo en votos conforme se radicalizaba hacia la ultraderecha sin conseguir nunca gobernar, acaricia ahora la posibilidad de lograrlo al fin.

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 Trece años después de su fundación, la AfD cree que las elecciones de Sajonia-Anhalt le permitirán llegar al poder  

El partido euroescéptico que hace trece años irrumpió en la política germana con el nombre de Alternativa para Alemania (AfD), y fue creciendo en votos conforme se radicalizaba hacia la ultraderecha sin conseguir nunca gobernar, acaricia ahora la posibilidad de lograrlo al fin.

Sajonia-Anhalt, un land alemán del este poco poblado, celebra elecciones este domingo, y el último sondeo sitúa a la AfD como el partido más votado con el 43%, frente al 22% de la democristiana CDU. Los ultras se quedarían así a las puertas de la mayoría absoluta, única fórmula que les permitiría eludir el cortafuegos ( Brandmauer ) con el que los demás partidos les han excluido siempre de coaliciones de gobierno federales, regionales y locales.

Sin embargo, les queda la probabilidad de que partidos más pequeños no logren representación parlamentaria, lo cual podría otorgar a la AfD más escaños con ese mismo porcentaje.

El candidato, Ulrich Siegmund, quiere “hacer historia”, según dice, obteniendo para el partido la que sería su primera presidencia regional. Le jalean los copresidentes federales, Alice Weidel y Tino Chrupalla, convencidos de que esta vez la AfD sí tocará poder.

La AfD roza la mayoría absoluta, pero podría recibir más escaños si los partidos pequeños no entran en la cámara

Fundado en febrero del 2013 por economistas conservadores y nacionalistas irritados por la crisis del euro, el partido evolucionó luego hacia la ultraderecha, haciendo del rechazo a la inmigración y al islam su gran argumento electoral. En el 2014 consiguió representación en el Europarlamento y entró por primera vez en un Parlamento regional alemán, el de Sajonia.

Entonces, la crisis humanitaria del 2015, que movió a la canciller conservadora, Angela Merkel, a abrir fronteras a los refugiados y que supuso la llegada de más de un millón de personas de Siria, Irak y Afganistán, se convirtió en la gran baza xenófoba para la AfD.

Ese mismo año, el presidente fundacional, el economista Bernd Lucke, cayó defenestrado por la líder del ala dura, la sajona Frauke Petry. Progresivamente, el partido fue poniendo pie en todos los hemiciclos de los 16 länder –aunque sus feudos están en el este, también tiene presencia en el oeste–, y en el 2017 dio la campanada al lograr entrar en el Bundestag (Cámara Baja del Parlamento federal) con el 12,6% de votos.

Disputas internas entre línea dura y línea pragmática llevaron a los ultras a perder fuelle en las siguientes elecciones federales en el 2021, y a encadenar distintos líderes al tiempo que se redoblaba la línea dura hasta tornarse durísima.

Nacida eurófoba, la formación creció en votos al girar hacia la extrema derecha antiinmigración

Así las cosas, en los comicios anticipados de febrero del 2025 –los que llevaron al conservador Friedrich Merz a la Cancillería–, la AfD se disparó hasta erigirse en segunda fuerza con el 20,8%. Y en plena espiral ascendente, los sondeos de ámbito federal les otorgan desde hace meses la primera plaza, con hasta el 29% de apoyos, en detrimento de la alianza CDU/CSU de Merz, que ronda el 21%.

Su actual programa compagina la retórica contra la inmigración, el multiculturalismo y el islam; el nacionalismo identitario, incluido el revisionismo histórico sobre el régimen nazi; y una importante vertiente socioeconómica, en busca de conquistar a quienes se sienten desatendidos por el sistema. En el caso de los electores del este, cultiva además el malestar respecto a “las elites de Berlín” y cierta nostalgia de la época de la RDA comunista, que incluye dosis de simpatía hacia Rusia a pesar de la guerra en Ucrania.

En el haber de la AfD figura también el deshonor de estar siendo observada por la Oficina Federal de Protección de la Constitución (BfV), los servicios de inteligencia del Ministerio del Interior, como “sospechosa de extremismo de derechas”. Motivo: según la BfV, algunos sus postulados son “incompatibles con el orden constitucional democrático”.

Además de Sajonia-Anhalt este domingo, en su horizonte está también el 20 de septiembre. Habrá elecciones en otro land del este, Mecklemburgo-Antepomerania, donde la AfD lidera los sondeos con el 35%, pero donde las perspectivas de participar en la futura coalición de gobierno son nulas. Ese día se celebran también comicios en Berlín, land del este pero de comportamiento electoral diferente. En la capital, la AfD ronda el 18%, a la par con otras formaciones en la liza.

El cortafuegos de los otros partidos ha impedido a los ultras participar en coaliciones de gobierno

En todo caso, el partido de ultraderecha rebosa ahora de confianza en sí mismo. “Gobernaremos por primera vez un estado federado”, dijo Alice Weidel hace unos días en una entrevista en la cadena pública ZDF, donde afirmó también que “la CDU jamás volverá a ganar unas elecciones federales”.

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