Un estudio de Fedea concluye que la duración media de los contratos fijos se ha reducido en unos 100 días Leer Un estudio de Fedea concluye que la duración media de los contratos fijos se ha reducido en unos 100 días Leer
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¿Limitar el trabajo temporal mejora la estabilidad del empleo? Es lo que se han preguntado varios investigadores reunidos por la Fundación de Estudios de Economía Aplicada (Fedea) para compartir los resultados de distintas evaluaciones de impacto de la reforma laboral de 2021. Y la principal conclusión a la que han llegado es que las medidas introducidas por el Gobierno de Pedro Sánchez han supuesto una auténtica transformación del mercado laboral patrio, al reducir considerablemente la tasa de temporalidad. Sin embargo, eso no significa que hayan dado lugar a un empleo más estable. Más bien al contrario, han provocado una caída en la duración de los contratos, sobre todo en los que firman los jóvenes que acceden por primera vez a un puesto de trabajo.
La vicepresidenta segunda del Gobierno y ministra de Trabajo, Yolanda Díaz, se fijó un objetivo cuando menos exigente al impulsar su reforma estrella: cambiar el paradigma de las relaciones laborales en España. Y un lustro después de que saliera adelante por el voto erróneo de un diputado del PP, la meta parece haberse alcanzado solo en parte. La limitación de los contratos temporales ha consolidado la modalidad de empleo indefinido y ha aproximado las tasas de eventualidad al nivel de la media europea. No obstante, la calidad del empleo y, en particular, entre los trabajadores más junior, no ha mejorado de manera sustancial. Aunque hoy los jóvenes tienen una mayor probabilidad de firmar un contrato fijo que apenas unos años atrás, las nuevas relaciones laborales duran menos tiempo y persiste una elevada rotación entre puestos de trabajo.
Son algunas de las principales conclusiones del exhaustivo estudio elaborado por Fedea sobre los primeros efectos de la reforma laboral en un colectivo concreto: los jóvenes. En base a los registros de la Muestra Continua de Vidas Laborales (MCVL), los investigadores analizan la situación de más de 177.000 menores de 30 años que accedieron por primera vez al al empleo entre 2014 y 2023, examinando tanto el primer trabajo de los entrantes como sus trayectorias laborales durante los doce meses posteriores a la entrada en el mercado de trabajo.
Durante la presentación del estudio, en la que participaron ayer expertos de universidades como la Complutense de Madrid o la Pompeu Fabra de Barcelona, además de organismos como la Autoridad Independiente de Responsabilidad Fiscal (AIReF), el investigador de Fedea Marcel Jansen afirmó que antes de las modificaciones normativas introducidas en el año 2021 el acceso al empleo indefinido entre los jóvenes estaba «entre el 10% y el 17%», dependiendo de la provincia, y «después de la reforma salta a entre el 54% y 57%». «Son entre 30 y 40 puntos de mejora en la probabilidad de obtener un contrato indefinido. Esto obviamente es un efecto descomunal», destacó.
Sin embargo, la cara B de estos resultados se encuentra en el tiempo que duran los contratos. Por un lado, la duración media de los contratos indefinidos se ha reducido en torno a 100 días, pese a que el estudio sí constata un aumento de 8,2 días en la duración media del primer contrato (el que da acceso al primer empleo). Este resultado sugiere, según los investigadores, que parte de los empleos que anteriormente se habrían formalizado mediante contratos temporales pasaron a canalizarse a través de contratos indefinidos, pero sin que desapareciera por completo la rotación subyacente. «La reforma modificó de manera clara la forma contractual de entrada al empleo, pero solo parcialmente la estabilidad efectiva de esas relaciones laborales», explican desde Fedea.
Asimismo, por otro lado, la tasa de supervivencia de los contratos indefinidos a los 12 meses ha caído desde el 75% a algo menos del 60%. Dicho de otra manera: la probabilidad de que un contrato indefinido siga vigente un año después de su firma se ha reducido en más de 15 puntos porcentuales: antes, tres de cada cuatro indefinidos jóvenes seguían activos al cabo de 12 meses y ahora la proporción ha bajado a seis de cada diez. Es decir, antes de la reforma laboral de Yolanda Díaz un joven podía tener menos probabilidades de conseguir un trabajo indefinido en España, pero cuando lo lograba, tendía a durarle más tiempo. Fedea matiza, no obstante, que «no se observa un aumento relevante de los despidos entre los jóvenes con contratos indefinidos», sino que «las bajas voluntarias siguen siendo la principal causa de separación, tanto antes como después de la reforma».
Con todo, durante su exposición Jansen denunció que despedir con contratos indefinidos de más corta duración es «relativamente barato» en nuestro país y apostó por la implantación de un sistema bonus-malus para penalizar la rotación «excesiva» que afecta a muchos trabajadores que ahora tienen contratos indefinidos y premiar a aquellas empresas que, por el contrario, rotan poco. A su juicio, esta medida tendría más ventajas que el endurecimiento del régimen de despido que están planteando de manera conjunta el Ministerio de Trabajo y los sindicatos CCOO y UGT.
«Si quieres generalizar el contrato indefinido, necesitas un marco que ofrezca seguridad a las dos partes y que haga que las empresas puedan despedir en condiciones relativamente seguras cuando hay causas económicas. Si endureces mucho el marco, en la reforma hay un peligro latente», abundó Jansen. En su opinión, aunque se debe generalizar, en lo posible, la contratación indefinida, hay que garantizar que los contratos tengan la duración adecuada y que no haya «comportamientos estratégicos» por parte de las empresas que piensan que «como es barato despedir en el corto plazo pese a tener más contratos fijos, pueden perpetuar las políticas que ya llevaban a cabo antes de la reforma».
En suma, la investigación concluye que la reforma laboral de 2021 logró reducir de manera significativa la dualidad contractual en el acceso al empleo juvenil, lo que constituye «un avance relevante en un mercado de trabajo históricamente caracterizado por un uso muy elevado de la temporalidad». «No obstante, los efectos sobre la estabilidad laboral efectiva fueron más limitados», afirman los autores, para quienes «la evidencia sugiere que restringir la contratación temporal es una condición necesaria para reducir la segmentación, pero no suficiente para eliminar la elevada rotación».
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