La inflación agrava la ‘cuesta de primavera’ y el boom de compromisos sociales: «Llevo seis bodas desde abril, no hay bolsillo que lo aguante»

La avalancha de celebraciones en mayo y junio desmorona la capacidad de ahorro Leer La avalancha de celebraciones en mayo y junio desmorona la capacidad de ahorro Leer  

Audio generado con IA

Cuando se habla de meses de gastos altos, la mente recurre de inmediato a enero, con la resaca de los regalos navideños y el Año Nuevo, o a septiembre, marcado por la vuelta a la escuela y la factura de las vacaciones de verano. Estas son las cuestas tradicionales. Periodos que obligan a ajustar el presupuesto y, recortar el consumo o el ahorro para destinar el gasto en esos empacios temporales. Sin embargo, ¿qué ocurre si a este calendario de facturas le sumamos una pendiente más? La cuesta de primavera, de mayo, junio y principios de julio, concentra una avalancha de bodas, bautizos, comuniones y confirmaciones. A diferencia de un concierto o un cumpleaños, la asistencia a estos eventos sociales se percibe como un compromiso ineludible. El desembolso en regalos, vestimenta y logística a menudo con desplazamientos incluidos y alojamientos, da forma a una nueva cuesta estacional.

A fin de cuentas, esta presión recae sobre todo en quienes tienen copado el calendario de eventos: «Llevo seis bodas desde abril, no hay bolsillo que lo aguante», relata Paula Quílez, una joven de 30 años que ha tenido que rechazar algunos compromisos por los costos económico que esto trae. «En un viaje de un fin de semana fuera, mínimo 300 euros te dejas seguro. Luego, lo que suele dar la gente de regalo es entre 150 y 200 euros, sí que te puedes ir a un vestido de 40 o 50 euros si quieres, pero vamos, mínimo eso te gastas seguro también». Con este recuento, el cálculo alcanza los «cerca de 500 euros por boda», señala.

Afrontar seis bodas repartidas de forma ininterrumpida entre abril y agosto genera, a la larga, un problema más para ella, en especial «cuando el precio de todas las cosas sube muchísimo», asegura Paula. Como explica, al cobrar un salario normal y enfrentarse a los altos precios del alquiler, su capacidad de ahorro ante un evento extra «se queda reducida a lo mínimo». El impacto de esta espiral de celebraciones exige un gran esfuerzo económico, hasta el punto de tener que renunciar al descanso.

Este agotamiento económico coincide con el análisis de José Manuel Corrales, profesor de Economía y Empresa de la Universidad Europea, quien advierte sobre una «escalada social del gasto» impulsada por celebraciones que se han sofisticado hasta convertirse casi en «mini-bodas». «Se genera una expectativa implícita que las familias tratan de cumplir, derivando en una inflación de costes sociales que tensiona especialmente a las clases medias», explica Corrales.

Además, estima que una familia media que enfrente eventos en mayo y junio sufre un desembolso agregado de entre 2.500 y 5.000 euros en apenas seis u ocho semanas. Según sus cálculos, una comunión supone un gasto de entre 2.000 y 4.000 euros; asistir a una boda cuesta entre 300 y 600 euros por invitado; y una graduación añade entre 150 y 500 euros adicionales.

La principal consecuencia macro y microeconómica de esta espiral de gasto primaveral es el recorte directo del presupuesto reservado para viajar en julio o agosto. Al financiarse muchas veces con el mismo ahorro destinado a las vacaciones, las familias se ven obligadas a reducir días de viaje, elegir destinos más económicos o, directamente, renunciar al descanso de verano. Ante esta amenaza Corrales afirma que las personas «deberían sentirse legitimadas a adaptar el nivel de gasto a su situación, evitando dinámicas de sobreconsumo que comprometan su estabilidad financiera a medio plazo».

Una presión que no discrimina generacionalmente y que sintieron Ubaldo Capote y María Castro, estos últimos meses. «Fueron tantos regalos…», dice Capote. Con 67 y 68 años respectivamente, vieron en estos meses un gasto superior al que normalmente hacen: «Yo creo que fueron como 300 euros por lo menos fuera de presupuesto del mes», confiesan al intentar hacer el recuento de sus compromisos y sacar cuentas. Este matrimonio de jubilados, vio cómo su agenda familiar se avecinaba a principios de mayo hasta el cierre del mismo. Su lista de eventos primaverales parece interminable: la confirmación de dos nietos, una primera comunión, la graduación de bachillerato de otro…

«No somos personas que estamos en etapa productiva económicamente tenemos que administrar muy bien lo que recibimos». Ante la acumulación de festejos, procuraron que el desembolso se mantuviera en un margen limitado, calculando «un promedio de unos 30, 35 euros cada uno», dice María. Sin embargo, la dificultad de acertar con un detalle que guste a los jóvenes y que a la vez se ajuste a sus bolsillos es un desafío, ya que, «encontrar algo que se adapte a tu presupuesto cuesta» a esto, suman una esperanza: «ojalá que no venga ninguna celebración más para que llevemos mejor los gastos«.

 Actualidad Económica // elmundo

Noticias Similares