España redobla su apuesta para albergar el mayor telescopio del hemisferio norte

Representación del Telescopio de Treinta Metros (TMT).

España está más cerca que nunca de convertirse en la sede del mayor telescopio del hemisferio norte de la Tierra, que se ubicaría en la isla Canaria de La Palma en lugar de en Hawaii, en Estados Unidos. La construcción de este magaproyecto científico lleva años paralizada por el rechazo de la población local de la isla estadounidense. Desde la llegada de Trump al poder, el proyecto ha sufrido, además, recortes presupuestarios que lo han tocado de muerte. España quiere aprovechar la situación para convencer al consorcio que promueve el proyecto, formado por Japón, India, Canadá y dos importantes universidades estadounidenses, y está ultimando una “oferta de Estado” histórica de 1.000 millones de euros si finalmente el telescopio se queda en Canarias. El único pero es el tiempo: esta propuesta caduca en septiembre.

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 El país ultima una oferta histórica de 1.000 millones de euros para levantar en la isla de La Palma el Telescopio de Treinta Metros  

España está más cerca que nunca de convertirse en la sede del mayor telescopio del hemisferio norte de la Tierra, que se ubicaría en la isla Canaria de La Palma en lugar de en Hawaii, en Estados Unidos. La construcción de este magaproyecto científico lleva años paralizada por el rechazo de la población local de la isla estadounidense. Desde la llegada de Trump al poder, el proyecto ha sufrido, además, recortes presupuestarios que lo han tocado de muerte. España quiere aprovechar la situación para convencer al consorcio que promueve el proyecto, formado por Japón, India, Canadá y dos importantes universidades estadounidenses, y está ultimando una “oferta de Estado” histórica de 1.000 millones de euros si finalmente el telescopio se queda en Canarias. El único pero es el tiempo: esta propuesta caduca en septiembre.

El nuevo Telescopio de Treinta Metros sería la mayor infraestructura de su clase en la mitad norte del planeta, y permitiría a España estar a la vanguardia de la astronomía durante los próximos 50 años. La mayoría de grandes telescopios terrestres están todos en el hemisferio sur, pero ¿y si el único exoplaneta con vida más allá del sistema solar solo se puede ver desde el hemisferio norte, estamos dispuestos a renunciar a ese hallazgo?

Los promotores del proyecto siempre quisieron construirlo en la cima de Mauna Kea, la montaña más alta de Hawaii. El problema es que su cima es sagrada en la cultura nativa, a la que durante años se ignoró, lo que ha contribuido a un rechazo total por una parte creciente de la población local. La oposición al telescopio ha ganado importantes batallas legales a los promotores del telescopio, y la construcción está paralizada desde hace años.

En España, en cambio, está todo preparado, pero hay que darse prisa. Este nuevo ojo de la astronomía mundial se instalaría en el Roque de los Muchachos, posiblemente el mejor observatorio astronómico con el que cuenta España, donde ya se levanta el Gran Telescopio de Canarias, que en la actualidad es el mayor del mundo en su clase. Los permisos para levantar aquí el TMT están vigentes, pero hay un problema: caducan a finales de septiembre y el proceso de renovarlos puede llevar dos años, demasiado tiempo como para que España pueda mantener su oferta por albergar el telescopio.

“Está todo preparado, pero necesitamos un compromiso firme ya”, explica a este diario la secretaria general del Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades, Eva Ortega Paíno. Esta doctora en química madrileña de 54 años lidera la candidatura española junto al director del Instituto de Astrofísica de Canarias, Valentín Martínez Pillet, y el director Centro para el Desarrollo Tecnológico y la Innovación (CDTI), José Moisés Martín Carretero.

“Es un esfuerzo de diplomacia científica sin precedentes”, resume Ortega Paíno. Entre marzo y junio la delegación española ha viajado a Japón, India y Canadá para presentar su oferta para albergar el telescopio, que lleva consigo no solo una oportunidad única para la ciencia, sino también unos 150 de puestos de trabajo,según los promotores. “Hemos hecho 48.000 kilómetros de ida y vuelta y varios días de reuniones de alto nivel en cada país, apoyados por nuestras embajadas, para presentar nuestra estrategia económica para que La Palma sea la sede del TMT”, resalta Ortega.

La oferta económica comprende 400 millones de euros que aportaría el CDTI, organismo dependiente del Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades. A eso habría que sumar un préstamo de 600 millones de euros que está estudiando en el Banco Europeo de Inversiones, que preside la economista gallega y exministra Nadia Calviño, y que estaría avalado por España. La confirmación del préstamo se espera para principios de julio, fecha en la que España hará ya una oferta oficial a los socios del TMT. “Necesitamos una respuesta para septiembre”, apremia Ortega. Si no, el permiso de construcción expirará y esos 400 millones de euros aportados por el CDTI y que ya están presupuestados se podrían tener que dedicar a otros proyectos.

La oferta puede ser la última oportunidad de hacer realidad el proyecto. El TMT tiene un coste total de 3.000 millones de dólares. Desde que arrancó, en 2003, se han gastado ya unos 1.000 millones de dólares en diseño y construcción de algunos de sus componentes, incluidos los valiosos espejos. Los países y universidades del consorcio aportarían otros 1.000 millones de dólares necesarios para la construcción. Y la oferta del Ministerio y el préstamo del BEI cubrirían el resto del coste.

En Estados Unidos el panorama es mucho más incierto, aunque no imposible. Desde la llegada al poder de Donald Trump, el TMT cayó en desgracia. La recomendación impulsada por el Gobierno fue cortar en seco la financiación. Aunque posteriormente el Congreso ha aprobado una ley para no abandonar el proyecto, aún no se han comprometido presupuestos para financiarlo, y la iniciativa se ha quedado en el limbo. En la Isla Grande de Hawaii, donde está Mauna Kea, se ha promovido una ubicación alternativa para el telescopio, en una parcela mucho más pequeña y a menos altitud, que al menos no necesitaría remover más terrenos intactos en la montaña sagrada. Pero el movimiento local, que cuenta con decenas de miles de apoyos, está en contra de cualquier nueva construcción en Mauna Kea, donde ya hay 13 telescopios. Su principal argumento es que en origen el proyecto no informó como debería a la comunidad local sobre el alcance de la iniciativa. Además de perturbar un lugar sagrado para los indígenas, el TMT también pondría en peligro la fauna local. A esta lícita oposición se ha sumado el barro de la desinformación en redes, con argumentos falsos de que el TMT funcionaría con energía nuclear o que el Gobierno estaba comprando armamento para reprimir a los manifestantes.

Desde España, la posibilidad de hacer realidad el proyecto se ve cada vez más posible. “Nunca hemos estado tan cerca de conseguirlo”, reconoce Ortega; “pero nuestra oferta tiene un tiempo límite”, advierte.

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