El primer partido no es un destino

Es interesante observar como existe un factor tremendamente humano en la manera que se reacciona ante el primer partido de una selección en el Mundial. Basta un resultado inesperado para que todo pueda derrumbarse. Una selección importante empata o pierde y de repente, el entrenador ya no sirve, el equipo no tiene alma, las estrellas están acabadas y todo el proyecto entra en sospecha. No voy a poner ejemplos porque todos los conocemos. También sucede pero menos, que una victoria brillante convierte a un equipo a candidato al título y su entrenador entra en la galería de los genios. Y cada vez esto se pronuncia más, como si cada vez nuestro día a día se parezca más al fútbol.

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 Es interesante observar como existe un factor tremendamente humano en la manera que se reacciona ante el primer partido de una selección en el Mundial. Basta un resultado inesperado para que todo pueda derrumbarse. Una selección importante empata o pierde y de repente, el entrenador ya no sirve, el equipo no tiene alma, las estrellas están acabadas y todo el proyecto entra en sospecha. No voy a poner ejemplos porque todos los conocemos. También sucede pero menos, que una victoria brillante convierte a un equipo a candidato al título y su entrenador entra en la galería de los genios. Y cada vez esto se pronuncia más, como si cada vez nuestro día a día se parezca más al fútbol.Seguir leyendo…  

Es interesante observar como existe un factor tremendamente humano en la manera que se reacciona ante el primer partido de una selección en el Mundial. Basta un resultado inesperado para que todo pueda derrumbarse. Una selección importante empata o pierde y de repente, el entrenador ya no sirve, el equipo no tiene alma, las estrellas están acabadas y todo el proyecto entra en sospecha. No voy a poner ejemplos porque todos los conocemos. También sucede pero menos, que una victoria brillante convierte a un equipo a candidato al título y su entrenador entra en la galería de los genios. Y cada vez esto se pronuncia más, como si cada vez nuestro día a día se parezca más al fútbol.

 Lamine Yamal se lamenta durante el partido entre España y Cabo Verde 
 Lamine Yamal se lamenta durante el partido entre España y Cabo Verde Lavandeira jr / EFE

Pero lo más curioso es que solo hemos visto 90 minutos. Es como pretender juzgar una película habiendo visto solo unos cuantos fotogramas. Es la incapacidad de mantener la calma ante la incertidumbre. Nuestro cerebro necesita respuestas rápidas porque nos incomoda el “no lo sé”. Necesitamos crear como sea certezas, antes que aceptar ciertas reflexiones ya que el Mundial acaba de empezar. El fútbol, como la vida, está lleno de factores invisibles: el azar, el estado físico, el acierto puntual, un balón al palo, la ansiedad del debut, la presión ambiental, el rendimiento del equipo rival. Parece que estos factores no nos permitan vivirlo con mayor serenidad. Si se gana está todo bien pensado. Si se pierde es que todo se ha hecho mal, cuando resulta que tu rival ha podido hacer muchas cosas bien.

El marcador siempre se adueña del relato, porque ordena el caos y simplifica la realidad

Y ahí es cuando aparecen las debilidades del espectador. La tendencia a juzgar el proceso desde la expectativa no satisfecha. Un equipo ha podido jugar con criterio, pero al fallar en una zona del campo y no conseguir el resultado esperado se considera un fracaso. Un jugador puede no rematar a puerta con efectividad y nadie es capaz de apreciar que no le llegaron balones en condiciones.

El marcador siempre se adueña del relato, porque ordena el caos y simplifica la realidad. Y más en esta ciencia del futbol en la que todos podríamos ser premio Nobel.

Quizás el Mundial o el fútbol interesa tanto porque funciona como un espejo. Nos muestra que somos capaces de juzgar constantemente a nuestro entorno diario. A un amigo por una actuación que encontramos incorrecta, a un profesional por un mal día, a una empresa por un mal trimestre o a un estudiante por un mal examen. Y es que parece que solo cuenta el presente. En el fútbol lo último es lo que cuenta. Auténticos fenómenos deportivos que cuando los vemos de rodillas los humillamos y en cambio encumbramos a aquellos que consiguen una gesta puntual.

El principal aprendizaje que he tenido de estos primeros partidos es lo que revela de la sociedad. Nuestra prisa por juzgar, nuestra incapacidad de vivir en la incertidumbre y nuestra gran tendencia a dramatizar.

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