El milagro electoral andaluz de San Romualdo del 2022 no ha tenido continuidad en el 2026, cuando habría llevado la simpática denominación de San Pascual Bailón, a quien según el santoral está dedicado el 17 de mayo, del mismo modo que ocurre con San Romualdo y el 19 de junio. Ese día del 2022 todos los astros de las urnas se asociaron en favor del presidente de la Junta de Andalucía, Juan Manuel Moreno Bonilla, para otorgarle una holgada mayoría absoluta, con tres escaños por encima del listón mínimo, pese a obtener un escaso 43,1% de los votos. Fue uno de los mayores prodigios de los ya cerca de 50 años de democracia de después de Franco, pues se hizo con cuatro escaños en otras tantas provincias con una ventaja de sólo 7.223 sufragios, apenas dos décimas del total.
El milagro electoral andaluz de San Romualdo del 2022 no ha tenido continuidad en el 2026, cuando habría llevado la simpática denominación de San Pascual Bailón, a quien según el santoral está dedicado el 17 de mayo, del mismo modo que ocurre con San Romualdo y el 19 de junio. Ese día del 2022 todos los astros de las urnas se asociaron en favor del presidente de la Junta de Andalucía, Juan Manuel Moreno Bonilla, para otorgarle una holgada mayoría absoluta, con tres escaños por encima del listón mínimo, pese a obtener un escaso 43,1% de los votos. Fue uno de los mayores prodigios de los ya cerca de 50 años de democracia de después de Franco, pues se hizo con cuatro escaños en otras tantas provincias con una ventaja de sólo 7.223 sufragios, apenas dos décimas del total. Seguir leyendo…
El milagro electoral andaluz de San Romualdo del 2022 no ha tenido continuidad en el 2026, cuando habría llevado la simpática denominación de San Pascual Bailón, a quien según el santoral está dedicado el 17 de mayo, del mismo modo que ocurre con San Romualdo y el 19 de junio. Ese día del 2022 todos los astros de las urnas se asociaron en favor del presidente de la Junta de Andalucía, Juan Manuel Moreno Bonilla, para otorgarle una holgada mayoría absoluta, con tres escaños por encima del listón mínimo, pese a obtener un escaso 43,1% de los votos. Fue uno de los mayores prodigios de los ya cerca de 50 años de democracia de después de Franco, pues se hizo con cuatro escaños en otras tantas provincias con una ventaja de sólo 7.223 sufragios, apenas dos décimas del total.
En esta España tan falta de alfabetización electoral, pues sigue convencida que vota bajo una supuesta ley d’Hondt que no es una norma jurídica sino un Excel prehistórico, una simple tabla de calcular, el clamor de que el pueblo soberano había hablado, otorgándole la hegemonía parlamentaria a Moreno, hizo pasar desapercibida la colosal fortuna que tuvo.
Los agobios de Moreno y Feijóo para reeditar la mayoría absoluta del 2022 mostraron la hasta hace poco oculta precariedad con la que había sido obtenida
Pero en el camino de las urnas de este pasado domingo 17 de mayo, festividad de San Pascual Bailón, y también Día das Letras Galegas, fue el propio Moreno y su jefe de filas en España, Alberto Núñez Feijóo, quienes comenzaron a destapar el velo de misticismo electoral que cubría la en cualquier caso gigantesca proeza popular de hacerse con la mayoría absoluta en la principal cuna del PSOE renacido tras la dictadura, aquella Andalucía cuyo sólo nombre infundía pánico a los rivales de la socialistas. Los agobios de Moreno y Bonilla ante lo muy difícil que resultaba reeditar el éxito del 2022 mostraron lo precario que había sido en votos el contundente triunfo en escaños. Sin embargo, las encuestas, con variedad y matices, actuaron como bálsamo, pues en su promedio, con el CIS incluido, tendieron a pronosticar la reedición de la mayoría absoluta.
En una España en la que desde 2014 se han publicado varios cientos de sondeos que otorgaban la mayoría absoluta a uno de los dos bloques ideológicos, muy mayoritariamente al de la derecha, sin que ello sucediese en ninguna de las cinco elecciones generales celebradas desde entonces, se sigue confiando en la demoscopia, en la calle, en las redacciones y en las sede los partidos, con la fe ancestral en los hechiceros. Y si bien ha habido aciertos en los últimos lustros, los patinazos en las cuestiones esenciales deberían alimentar, al menos, un poco de escepticismo.
Ni una división de la izquierda en tres listas, con Podemos por separado, le habría servido al debilitado Moreno Bonilla
Los resultados, con esa caída de 1,5 puntos en porcentaje de voto, muestran que el Partido Popular desaprovechó la histórica oportunidad que le otorgó el milagro de San Romualdo para enfeudarse en la Junta de Andalucía con la mayoría absoluta. Por una parte, quizá era todo demasiado sobrenatural para tener continuidad en el mundo real. Y por otra, la que realmente importa, resulta evidente que hubo un desgaste en este segundo mandato de Moreno, su primero en solitario, sobre todo en el ámbito sanitario, y que también existe una erosión en el impulso del PP en España, pese a la pésima salud del Gobierno socialista. Influye la competencia de un Vox, que pese a su muy mejorable desempeño en comparación con sus aliados europeos, sigue fuerte, aunque en Andalucía apenas creciese.
Yendo del santoral a las tablas de Excel se observa que al milagro de Moreno del 2022 contribuyó la división de la izquierda en dos listas, Por Andalucía y Adelante. Si fuesen juntas, la simulación señala que el PP habría sacado la mayoría absoluta pelada, lo que quiere decir que, con la menor desmovilización que suele haber en la izquierda en estos casos, quizá no la habría tenido.
Pero esta vez, al caer del 43,1% al 41,6% y registrarse un prodigioso ascenso de Adelante, que de la mano de José Ignacio García duplicó su porcentaje de voto, a Moreno no le habría servido ni que hubiese tres listas, con Podemos separado de Por Andalucía, alejado como en el Congreso por tanto de Sumar e Izquierda Unida.
Una extrapolación de urgencia, con el escrutinio provisional prácticamente terminado, a partir de los datos de las europeas de 2024 en las provincias andaluzas, mostraba que en vez de cinco escaños Por Andalucía tendría uno y esa hipotética lista de Podemos, ninguno, cosa que va a suceder de todos modos porque no se eligió a ningún candidato morado. El PP sólo habría rebañado uno de esos cuatro escaños desperdiciados por la izquierda, lo le habría dejado a las puertas de la mayoría , pero sin conseguirla. Los populares tampoco sacaron provecho de la más que desacertada elección de la cabeza de cartel socialista, María Jesús Montero, que no sólo representa al viejo y achicharrado PSOE andaluz ,sino que acaba de estar negociando la financiación de Catalunya, lo que, con el rigor más que manifiestamente mejorable con el que se aborda esta cuestión en España, constituía un regalo para el adversario.
Sin embargo, no hay que perder la perspectiva, pues el PP acaba de asegurarse, nada más y nada menos, que tres legislaturas seguidas al frente de la Junta de Andalucía, cuando hasta diciembre de 2018 resultado quimérico pensar que tuviese tan sólo una. Y aunque sea de una manera mucho menos triunfal de lo que deseaban, los populares continúan enfilando hacia la Moncloa.
Al mismo tiempo, los que desde la izquierda maniobran para que haya la división que ya habría hecho presidente a Alberto Núñez Feijóo en el 2023, pueden encontrar en Andalucía nuevos argumentos a la medida de sus planes de futuro rearme frente a un Gobierno de populares y ultras. Pero aunque sea levemente, la tendencia de intensa derechización de España, que viene de las europeas, retrocedió en el 17-M andaluz, mientras, también de forma suave, el centroizquierda en su conjunto recuperaba terreno, gracias a Adelante. Esta vez de las urnas del sur no salió ningún prodigio sobrenatural, sino materiales muy terrenales, para analizar y maniobrar. Dos milagros seguidos de tal magnitud eran mucho pedir.
Política
