El espectáculo se presentó en noviembre de 2024 en Temporada Alta Leer El espectáculo se presentó en noviembre de 2024 en Temporada Alta Leer
Desde hace un par de años Oriol Pla ha decidido poner su cuerpo a disposición del arte. Y lo que puede parecer exageración, en absoluto lo es. No hay disciplina escénica que el actor no haga brotar durante las dos horas largas que está en escena con Gula (Gola), en un trabajo que acaba siendo asfixiante para el público de pura entrega física y mental que le exige a su protagonista. El catalán salta del teatro clásico de texto al clown, con paradas en el slapstick, en las acrobacias y en la performance.
Gula se estrenó en el Festival Temporada Alta en noviembre de 2024 y desde entonces ha ido tumbando todos los teatros que se han puesto en su camino. Lo hizo primero en Teatre National de Catalunya y luego vendrían el Rialto de Valencia, el Valle-Inclán de Madrid, la Sala Beckett, nuevamente de Barcelona…El montaje es crítica al consumismo de nuestro tiempo, sí. Es una mirada satírica a la sociedad de las redes sociales, también. Es una revisión a nuestra obsesión de la belleza, desde luego. Pero si algo es, es la expresión misma de Oriol Pla, enfrentado a una máquina de chucherías que no para de funcionar.
El jurado del Premio Nacional destaca que Gula, traducido al castellano desde el catalán Gola, demuestra que el actor maneja «un dominio de diferentes artes y disciplinas con una técnica extraordinaria» y que en ella «introduce con virtuosismo el lenguaje del clown en el hecho teatral». Y para llegar a eso hay que rebuscar en la tradición familiar del intérprete, hijo de Quimet Pla, director teatral y fundador de Els Comediants, y Núria Solina, fundadora de las compañías de teatro Picatrons y Circ Cric.
En su espectáculo Travy, el nombre artístico que se dio a su familia y que se desarrolló casi en paralelo a Gula, exploraba precisamente la doble vertiente que la tradición familiar había impreso en él. Por un lado, el clown, el teatro folklórico y el teatro popular; por el otro, las ténicas post-dramáticas y metateatrales. Y la combinación de ambas es lo que hace que Gola tenga sentido, que Oriol Pla tenga sentido y que su montaje haya ido cautivando a crítica y público -el que consiguiera entradas pese a la alta demanda- allá por donde ha ido pasando.
Este mismo verano, el montaje ha comenzado ya su camino por Europa con una parada en el Festival Internacional de Artes Performativas A Part de Katowice, Polonia, donde Pla y Matas -que también es cocreador, codirector y encargado de la música- transformaron al inglés el espectáculo que desgrana todas las obsesiones que acompañan al ser humano del siglo XXI. Sin dejarse ni una por el camino.
El Premio Nacional de Teatro, dotado con 30.000 euros, es un hito más a sumar a la trayectoria de un Oriol Pla que en los últimos años ha visto cómo la serie Yo, adicto -basada en el libro biográfico de Javier Giner con quien ahora está presentando película en el Festival de San Sebastián- le llevaba a ser el primer actor español en conquistar un Emmy Internacional como mejor protagonista y le coronaba también con un Premio Feroz en la misma categoría.
El galardón nacional sitúa además al catalán junto a una nómina de intérpretes y creadores teatrales de primer nivel en nuestro país. El año pasado, el Ministerio de Cultura reconoció a Angélica Liddell, referente de la escena contemporánea dentro y fuera de nuestras fronteras. Y, en la última década, el Premio Nacional ha recaído en figuras como Petra Martínez, Juan Margallo, Juan Diego Botto, Ana Zamora, Andrés Lima o Julieta Serrano y en instituciones como Kamikaze Teatro o Teatro del Barrio.
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