El actor, que presentó ‘En el corazón de la bestia’, de David Ayer, habló de cómo es compartir protagonismo con un perro y lo que se aprende de la lealtad de un animal Leer El actor, que presentó ‘En el corazón de la bestia’, de David Ayer, habló de cómo es compartir protagonismo con un perro y lo que se aprende de la lealtad de un animal Leer
Para hacer una película con un animal, pongamos un perro, se necesitan dos cosas: el animal en cuestión y pollo hervido. Si además está Brad Pitt, mucho mejor. A grandes rasgos, la precedente fue la mayor y más lustrosa revelación de la comparecencia de Brad Pitt ante los medios en la que fue la presentación el miércoles de En el corazón de la bestia, la película de supervivencia firmada por David Ayer y protagonizada por el can de nombre Uber (como la aplicación) y la estrella de nombre Brad Pitt (como el actor). Sin embargo, la cinta no hubiera sido posible sin otro animal con plumas que ni aparece en los créditos ni dispone de nombre. «Para atraer la atención de Uber, tenía que llevar un trozo de pollo en el bolsillo. Fue lo que nos salvó. A día de hoy, detesto el pollo hervido», comentó Pitt después de la larga explicación sobre cómo fue trabajar con el perro de marras.
Básicamente, y para situarnos, la cinta relata con una sencillez extrema el periplo a través del bosque de Alaska de un soldado veterano de mil guerras y su inseparable amigo de cuatro patas, también él aquejado con estrés postraumático. Los dos pasean en avioneta plácidamente sobre las montañas hasta que un accidente les arroja en mitad de ninguna parte. Lo que queda es sobrevivir. Nada más. Más allá de la aventura por la aventura, queda lo otro. «La idea central de todo esto», comenta el propio actor, «y lo que nos enseñan los expertos en supervivencia es que todo se reduce a pequeñas victorias. Vas a sufrir pérdidas y vas a sentir dolor. Y la solución siempre está en tratar de alcanzar la siguiente pequeña victoria. Y eso vale para la vida: cuando estamos pasando por dificultades y enfrentando muchos desafíos, hay que concentrarse en la victoria más cercana y pequeña, y olvidarse del plan general. Importan los pequeños triunfos inmediatos». ¿Quién dijo que perderse en el bosque era, en efecto, una pérdida de tiempo? De todo se aprende.
Cuenta Brad Pitt que trabajar con Uber fue complicado, pero gratificante. Que la idea motriz era enfrentar cada día con lo que surgiera: lloviera, nevara o el perro se despistara. En general, y gracias al pollo de arriba, Uber, un pastor alemán natural de Nueva Zelanda, se comportó. «Viví una experiencia muy conmovedora con él. Conectamos enseguida», recuerda el actor. Y sigue: «Intentábamos que cada día fuera un día de juegos para él. A veces hacía cosas asombrosas que no estaban en el guion y que se ven en la película: sus expresiones, sus primeros planos… Otros días en cambio zumbaban las abejas, las zarigüeyas bajaban de la colina y Uber encontraba mil cosas mucho más interesantes que lo que ponía en el guion. Menos mal que existe el montaje». Y el pollo.
Pero más allá de las dificultades y de lo que se aprende de los expertos en sobrevivir en pésimas y heladas circunstancias, lo que le enseñó la película a la estrella de Hollywood es más no diremos profundo, pero sí elemental. «La lealtad de un animal te demuestra que lo relevante es concentrarse en luchar por el otro más que en uno mismo». Primera máxima. «Además, deberíamos dedicar más tiempo a lo que compartimos con los demás antes que a lo que nos separa». Segunda máxima. «En el fondo, la película no es más que una historia de amor. Si miramos a nuestros alrededor vemos que todos compartimos un 98% de intereses y deseos. Centrémonos en eso y no en el 2% que nos diferencia como parece que ahora mismo nos empeñamos. Pero, por empezar por algún lado, quizá deberíamos ocuparnos de las personas que nos rodean y asegurarnos que están bien. Creo que es un buen punto de partida», añadió por si el mensaje no había quedado del todo claro.
Dicho lo cual, el actor, que además es productor, no quiso dejar pasar la ocasión para ofrecer un pequeño diagnóstico de su oficio y de la industria alrededor de él. Y es optimista. «Ha habido cambios enormes y transformaciones radicales, sobre todo con la industria del streaming y la consolidación de los estudios. Lo que me encanta de lo que nos ha traído el streaming es que hay muchas más oportunidades para actores, guionistas, directores y equipos técnicos. Y gracias a eso, hemos visto una mayor variedad de historias y talentos realmente interesantes… Sin embargo, ha ocurrido algo con el coste de las películas y tras al crisis del covid no deseable. Tanto las grandes producciones como las películas independientes de muy bajo coste han logrado salir adelante, pero la franja intermedia –películas de entre 30 y 80 millones– ha tenido muchas dificultades. Confío en que la reducción de costes en la posproducción que vivimos ahora les ayuden en la nueva etapa porque es ahí donde quiero estar yo». Y dicho lo cual, un último apunte. «Ahora mismo siento que el cine independiente es más fuerte que en los 90», concluyó en un tono algo menos entusiasta que cuando habló del perro. Y del pollo.
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