De enamorarse de una IA a las citas entre enfermos graves: Corea lleva el reality romántico a territorios inexplorados

Si hace unos años alguien hubiera propuesto un reality protagonizado por jóvenes que han convivido con enfermedades terminales o por personas que intentan enamorarse de una inteligencia artificial, la idea habría sonado más a episodio de Black Mirror que a programa de máxima audiencia. Sin embargo, ambas propuestas llegarán a la televisión surcoreana este agosto.

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 Los ‘dating shows’ surcoreanos utilizan el romance como punto de partida para explorar la soledad, las segundas oportunidades, los cambios sociales y las nuevas formas de relacionarse  

Si hace unos años alguien hubiera propuesto un reality protagonizado por jóvenes que han convivido con enfermedades terminales o por personas que intentan enamorarse de una inteligencia artificial, la idea habría sonado más a episodio de Black Mirror que a programa de máxima audiencia. Sin embargo, ambas propuestas llegarán a la televisión surcoreana este agosto.

Este 3 de agosto, la cadena SBS estrena My Remaining Love  (Mi amor restante), que se transmitirá a nivel global a través de Netflix) , un dating show protagonizado por jóvenes de entre veinte y treinta años que han superado el umbral de la muerte, han sobrevivido a enfermedades graves o cargan con diagnósticos terminales. El programa plantea una pregunta tan sencilla como delicada: cómo se construye una relación cuando la conciencia de la fragilidad forma parte de la historia desde el principio. La propuesta ha generado debate antes incluso de su estreno. Mientras algunos espectadores valoran que dé visibilidad a personas que pueden haber encontrado más dificultades para establecer relaciones, otros cuestionan hasta qué punto experiencias tan íntimas deben convertirse en entretenimiento.

'Better Late Than Single' ganó el premio al 'Mejor programa de entretenimiento' en la 5.ª edición de los Blue Dragon Series Awards.
‘Better Late Than Single’ ganó el premio al ‘Mejor programa de entretenimiento’ en la 5.ª edición de los Blue Dragon Series Awards.Terceros

Pocas semanas después llegará My AI Partner: Strange Romance, también de SBS. Su premisa resulta todavía más singular: varios participantes interactúan con parejas diseñadas mediante inteligencia artificial para comprobar si es posible desarrollar sentimientos auténticos hacia alguien que no existe. El programa se propone explorar cuestiones cada vez más presentes en nuestras vidas: la soledad, la dependencia tecnológica y la capacidad de la inteligencia artificial para generar vínculos emocionales que provoquen alegría, tristeza o apego. La pregunta de fondo no es tecnológica, sino profundamente humana: si una relación nos hace sentir emociones reales, ¿importa que la otra parte no sea real?

Lejos de ser una extravagancia aislada, ambos formatos representan la evolución natural de un género que Corea del Sur lleva años transformando. Porque los dating shows coreanos ya no hablan únicamente de encontrar pareja. Utilizan el amor como punto de partida para explorar cuestiones mucho más amplias. Y ahora empieza a encontrar una audiencia fiel en todo el mundo gracias a plataformas como Netflix, Prime Video o Viki.

Mucho más que chico conoce a chica

Todos estos programas comparten una estructura básica. Un grupo de solteros convive durante un tiempo limitado en un mismo espacio mientras intenta encontrar una conexión sentimental. Pero a partir de ahí cada formato introduce una variación que cambia por completo la historia.

El romance sigue siendo el motor de la narración, pero casi siempre funciona como una excusa para explorar otras cuestiones: el miedo a la soledad, las dificultades para iniciar una relación, cómo superar el divorcio o incluso el papel que la tecnología podría desempeñar en nuestra vida afectiva.

Dos de los participantes de 'Más vale tarde que solteros'
Dos de los participantes de ‘Más vale tarde que solteros’Terceros

No son estudios sociológicos ni experimentos científicos. Son programas de entretenimiento. Pero sus creadores han entendido que las mejores historias de amor nacen cuando los personajes se enfrentan a dilemas reales.

Más que buscar una pareja, cada uno plantea una pregunta: 

Cielo para dos: ¿Qué ocurre cuando la atracción nace antes de conocer quién es realmente la otra persona?; Love Exchange: ¿Merece la pena volver con un antiguo amor?; Amor después del divorcio: ¿Es posible empezar de nuevo cuando la vida ya viene con equipaje?; Más vale tarde que solteros: ¿Qué nos impide conectar con los demás?; Love Lab: ¿Cuánto hay de verdad en las reglas que asociamos al amor romántico?; Possessed Love: ¿Confiarías más en tu corazón o en el destino?; Love Against Time: ¿Cómo cambia el amor cuando somos conscientes de nuestra fragilidad?; My AI Partner: ¿Podemos enamorarnos de alguien que no existe?

Del paraíso romántico a las segundas oportunidades

El fenómeno internacional del género comenzó con Cielo para dos (Single’s Inferno, Netflix). Su fórmula mezcla la estética de un anuncio de vacaciones con la tensión de una competición romántica. Un grupo de jóvenes atractivos convive en una isla donde no pueden revelar inicialmente ni su edad ni su profesión. A través de juegos y pruebas intentan llamar la atención de la persona que les interesa. Solo las parejas que se eligen mutuamente consiguen escapar al llamado “Paraíso”, un hotel de lujo donde pueden conocerse mejor.

Imagen promocional del programa 'Cielo para dos' ('Single's Inferno')
Imagen promocional del programa ‘Cielo para dos’ (‘Single’s Inferno’)Terceros

Más compleja resulta la premisa de Love Exchange (EXchange). Aquí los participantes conviven con sus exparejas sin que el resto del grupo sepa quién estuvo con quién. La situación genera una tensión constante. ¿Serías capaz de enamorarte de otra persona delante de tu ex? ¿Volverías a intentarlo con alguien que ya conoces o apostarías por empezar de nuevo? Los guionistas explotan esa incertidumbre con habilidad. Los concursantes hablan de relaciones pasadas, leen descripciones escritas por sus antiguos compañeros sentimentales y dejan que el espectador juegue a descubrir quién comparte historia con quién.

Volver a intentarlo después de un divorcio

Uno de los formatos más interesantes es Amor después del divorcio (Love After Divorce, Netflix). Sus participantes no son veinteañeros que empiezan a descubrir el amor, sino adultos que ya han pasado por matrimonios fallidos, responsabilidades familiares y rupturas dolorosas.

La versión disponible en Netflix reúne a coreanos divorciados que viven en Estados Unidos. Durante unos días conviven en un entorno idílico que les permite recuperar sensaciones que muchos creían olvidadas. Pero el programa no tarda en recordarles que la realidad sigue ahí. Hijos, trabajos, ciudades separadas por miles de kilómetros y obligaciones familiares aparecen como obstáculos tan importantes como la propia compatibilidad sentimental. Lo interesante no es solo ver surgir nuevas relaciones, sino observar cómo personas marcadas por experiencias previas negocian una segunda oportunidad.

Solteros que aprenden a relacionarse

El programa que probablemente despierta más empatía es Más vale tarde que solteros (Better Late Than Single, Netflix). Sus participantes comparten una característica poco habitual: nunca han tenido pareja.

Antes incluso de comenzar la convivencia reciben el apoyo de expertos y celebridades que les ayudan a ganar confianza y mejorar sus habilidades sociales. Pero el interés del programa no reside únicamente en si encontrarán el amor. 

Los participantes de 'Más vale tarde que solteros' reciben asesoramiento de expertos 
Los participantes de ‘Más vale tarde que solteros’ reciben asesoramiento de expertos Terceros

Lo verdaderamente emocionante es observar cómo personas que llevan años sintiéndose incómodas en situaciones sociales empiezan a abrirse, a expresar lo que sienten y a descubrir que relacionarse con los demás también puede aprenderse. En una sociedad cada vez más marcada por la soledad y el aislamiento, el programa acaba funcionando casi como un relato de crecimiento personal.

El laboratorio del amor

Si existe un programa que resume la capacidad de innovación del género es Love Lab. Cada episodio plantea un experimento distinto alrededor de una idea asociada al amor romántico.

¿Qué ocurre si dos personas se conocen después de haber bebido? ¿Y si el primer encuentro tiene lugar sin maquillaje, sin ropa escogida para impresionar y directamente en la cama? ¿Influye el contacto físico en el nacimiento de la atracción? 

Los divertidos comentaristas de 'Love Lab' 
Los divertidos comentaristas de ‘Love Lab’ Terceros

El programa no pretende ofrecer respuestas científicas. Pero utiliza estas situaciones para observar cómo reaccionan los participantes y poner en cuestión muchas de las ideas preconcebidas sobre el amor.

Cuando el destino entra en juego

Todavía más singular resulta Possessed Love. Sus concursantes son chamanes, tarotistas, lectores del saju -una práctica tradicional coreana de interpretación del destino- y otros profesionales de disciplinas espirituales que siguen teniendo una notable presencia en aquella sociedad.

Una de las participantes de 'Possessed Love', ataviada de chamana
Una de las participantes de ‘Possessed Love’, ataviada de chamanaTerceros

La paradoja es irresistible. Son personas acostumbradas a interpretar el destino de los demás, pero cuando se trata de su propia vida sentimental las certezas desaparecen. A lo largo del programa deben decidir si seguir aquello que les dicen sus intuiciones, las cartas o las señales espirituales, o confiar simplemente en sus emociones. El resultado ofrece además una ventana poco habitual a una faceta cultural coreana que sigue muy viva pese a la modernidad tecnológica del país.

Lo que ocurre después del final

Durante años, los realities románticos terminaban con una elección final. Los dating shows coreanos han empezado a cuestionar también esa convención. Cada vez son más frecuentes los episodios especiales que regresan a la vida de los participantes semanas o meses después del desenlace para comprobar qué ocurrió cuando las cámaras se apagaron. Cielo para dos dedicó varios episodios de reunión a mostrar cómo habían evolucionado las relaciones nacidas en la isla y a reunir de nuevo a los concursantes tras ver juntos el programa emitido. Más vale tarde que solteros recuperó a sus participantes para conocer cómo afrontaban la vida real después de la experiencia, mientras que Amor después del divorcio convierte la vuelta a la rutina en una parte esencial de la historia. Las nuevas parejas deben enfrentarse entonces a cuestiones mucho menos románticas: conocer a los hijos del otro, presentarse ante las familias o comprobar si una relación nacida en un entorno idealizado puede sobrevivir a la distancia, el trabajo y las obligaciones cotidianas.

Un fenómeno que dice mucho de Corea

La popularidad de estos programas no puede entenderse sin el contexto coreano. Corea del Sur sigue siendo una sociedad donde el matrimonio conserva una enorme importancia cultural y donde existen fuertes presiones sociales relacionadas con la vida sentimental y familiar. Las citas organizadas, las agencias matrimoniales o las consultas a especialistas en compatibilidad siguen formando parte del paisaje social.

Los dating shows convierten todas esas inquietudes en entretenimiento. Pero también ofrecen algo que conecta con espectadores de todo el mundo: una atención obsesiva a las emociones. 

Del mismo modo que los k-dramas han conquistado audiencias internacionales por su capacidad para construir vínculos emocionales intensos, estos programas sitúan los sentimientos en el centro de la narración. La atracción física importa, pero también los silencios, las dudas, los malentendidos y los pequeños gestos.

A ello se suma una realización especialmente cuidada, más cercana por momentos a una serie romántica que a un reality tradicional.

Un género que sigue explorando nuevos caminos

La aparición de formatos como His Man, centrado en hombres homosexuales, o Stand BI Me, protagonizado por participantes bisexuales, demuestra hasta qué punto el género continúa ampliando sus límites. En una sociedad donde la diversidad sexual sigue siendo un tema sensible, estos programas han contribuido a normalizar en pantalla realidades poco habituales en la televisión generalista.

Cartel del programa 'Stand BI Me' de Corea del Sur
Cartel del programa ‘Stand BI Me’ de Corea del SurTerceros

La llegada de Love Against Time y My AI Partner confirma que la búsqueda continúa. No porque los productores coreanos pretendan hacer sociología, sino porque han comprendido que el amor es una herramienta extraordinaria para contar historias sobre casi cualquier aspecto de la condición humana. La pregunta ahora es si una televisión como la española, acostumbrada a formatos como First Dates o La isla de las tentaciones, estaría dispuesta a seguir esos mismos caminos. De momento, Corea parece haber encontrado un territorio narrativo que el resto del mundo apenas empieza a explorar.

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