Tras una victoria apretada en las elecciones de junio, Keiko Fujimori, que accedió a la presidencia peruana el mes pasado en su cuarto intento, ha disfrutado de una pequeña luna de miel. Según una encuesta de Datum publicada tras la toma de posesión, la nueva presidenta conservadora, hija del exdictador Alberto Fujimori, contaba con un nivel de aprobación del 60 % y solo un 24 % en contra. Pero todo indica que el amor será efímero y, exceptuando la fujimorista capital, Lima, puede haberse esfumado ya.
La clave de su popularidad será la respuesta a “El Niño”, dice el politólogo surandino Paulo Vilca,
Tras una victoria apretada en las elecciones de junio, Keiko Fujimori, que accedió a la presidencia peruana el mes pasado en su cuarto intento, ha disfrutado de una pequeña luna de miel. Según una encuesta de Datum publicada tras la toma de posesión, la nueva presidenta conservadora, hija del exdictador Alberto Fujimori, contaba con un nivel de aprobación del 60 % y solo un 24 % en contra. Pero todo indica que el amor será efímero y, exceptuando la fujimorista capital, Lima, puede haberse esfumado ya.
Tras años de rechazo a la clase política, una rotación casi anual de presidentes y tres exmandatarios encarcelados, la popularidad del arranque de Fujimori fue una sorpresa. Ella ganó las elecciones del pasado siete de junio por menos de 50.000 votos, un empate técnico con su adversario, Robert Sánchez, en medio de denuncias de fraude. En la primera vuelta de las elecciones presidenciales, solo logró 2,7 millones de votos, en un electorado de 27 millones.
De opositora, la palabra Keiko se convirtió en sinónimo de un establishment político peruano despreciado. Es más, muchos consideraban que había traicionado a su madre, Susana Higuchi, víctima de malos tratos a manos de su marido y del servicio de inteligencia militar. Otros la consideraban traidora de su propio padre al aprovechar su encarcelamiento en 2005 para lanzar su propia carrera política. Tras sus repetidos fracasos electorales, se empezó a comentar con sorna que “el antifujimorismo es el partido más grande en Perú”.
El discurso de inauguración presidencial, sin embargo, cambió las impresiones. Fujimori anunció la duplicación de las pensiones de vejez hasta 700 soles (180 euros) cada dos meses y el aumento del salario mínimo hasta 1.300 soles (330 euros) por mes. La militarización de las medidas contra la delincuencia fue valorada positivamente también.
El compromiso de Fujimori de actuar rápidamente ante la llegada inminente del fenómeno meteorológico de El Niño que suele provocar graves inundaciones y sequías, fue aplaudido en los medios. Incluso el anuncio de un estado de emergencia para actuar rápidamente en caso de un desastre climatológico y para afrontar el crimen y el narcotráfico parece contar con un apoyo considerable.
Según la encuestadora Ipsos, el 74 % de los peruanos escuchó su discurso de inauguración el pasado 30 de julio y el 73 % lo valoró favorablemente. “Fujimori se vuelve populista y disfruta de una luna de miel política”, resumió hace dos semanas James Bosworth, editor de Latin American Risk Review.
Pero, según una entrevista mantenida en Lima con Paulo Vilca, politólogo del Instituto de Estudios Peruanos,, de ahora en adelante el matrimonio tendrá problemas. “Tiene una luna de miel en Lima. Pero no en el sur, y en los Andes en general. En el sur y centro andino, solo el 42 % considera que el Gobierno es legítimo. En Lima es el 74 %. El establishment político peruano en Lima es el principal aliado del fujimorismo”.
“Tiene una luna de miel en Lima. Pero no en el sur, y en los Andes”
“Mucho dependerá del tipo de respuesta que pueda dar el Gobierno al impacto de El Niño, que usualmente se traduce en el sur andino en sequía”, dijo Vilca, procedente de una familia quechua de Puno en el sur andino. Por el momento, la prueba son las inundaciones en diversas partes del país, desde Lima hasta Arequipa en el sur. Por el momento, el impacto no es favorable para la presidenta. En una nueva encuesta elaborada esta semana por AtlasIntel, la popularidad de Fujimori ha caído al 35%. “La paciencia de la gente aquí se agota rápido”, dice Vilca. Tras las inundaciones, “se está diciendo que hay mucho discurso, pero no hay acción.
Eso se suma a las divisiones territoriales. Hay una corriente de opinión importante en el país, sobre todo en los Andes, que cree consistentemente que hubo un fraude electoral en los comicios presidenciales”, dice Vilca. En Lima y el norte, más del 70% considera legítimo el resultado electoral. En el resto del país, la mayoría cree que hubo fraude y apoya el no reconocimiento del resultado de Sánchez, quien denunció corrupción en el recuento de los votos en el extranjero. El fujimorismo es minoritario en la Cámara de Diputados y solo tiene mayoría en el Senado gracias a “votos viciados, comprados”.
Es más, en el sur andino no se olvida la violencia durante las protestas contra el encarcelamiento del expresidente de origen andino, Pedro Castillo en 2023, cuando se produjeron 49 muertos, 19 en Puno en una sola jornada. “Las masacres en el sur, luego de la caída de Castillo, han generado una herida muy profunda”, dice Vilca.
Por el momento, los anuncios de apoyo económico a las clases populares parecen haber prevenido otro estallido de protestas. Se han limitado a algunas manifestaciones contra las subidas del precio de combustible de transportistas y organizaciones sociales de Ucayali, Loreto, en la Amazonía, y Arequipa, en el sur andino. Fujimori respondió con otro ejemplo del nuevo populismo: un subsidio del 15 al 20 % sobre el precio de combustibles .
Pero aún es pronto, dice Vilca. “Las protestas siempre son una respuesta frente a un agravio y, por el momento, no hay”, dijo. “Por supuesto, el estado de emergencia creará un régimen legal mucho más laxo para que las fuerzas de seguridad puedan actuar en cualquier situación de protesta”, añadió.
Mientras tanto, Fujimori intenta complacer a Washington sin dañar las relaciones de Perú, cuya economía depende de las exportaciones de minerales, sobre todo del cobre, con China y Europa.
Trump y Rubio “esperan cobrar un precio alto por el apoyo que Keiko Fujimori está mendigando en este momento. El puerto de Chancay (el nuevo puerto en el Pacífico peruano gestionado por China) es un tema. Pero no solamente es eso, sino todo lo que está vinculado a la relación con China. El embajador de Estados Unidos en Perú, Bernie Navarro, es antichino”, dice Vilca. Fujimori respondió a las presiones estadounidenses al nombrar como canciller a Carlos Espá, exdirector de Comunicaciones de la Embajada de Estados Unidos en Lima que “mantiene un discurso antichino muy fuerte”, dice.
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