Cometas bajo sospecha: el juguete infantil que se lleva el viento desde Gaza enoja a Israel

Todo lo que venga de Gaza es visto como una amenaza para las comunidades israelíes que envuelven la franja. Incluso si “el terror” llega impulsado por la brisa marina en forma de cometa, e incluso si al final del hilo de este juguete se encuentra un niño.

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 El Ejército israelí amenaza con atacar la franja tras el hallazgo de cometas al otro lado de la frontera de la línea amarilla  

Todo lo que venga de Gaza es visto como una amenaza para las comunidades israelíes que envuelven la franja. Incluso si “el terror” llega impulsado por la brisa marina en forma de cometa, e incluso si al final del hilo de este juguete se encuentra un niño.

Casi un año después del acuerdo de alto el fuego entre Hamas e Israel, la vida regresa a medio gas al enclave palestino, donde los bombardeos continúan, pero de forma más esporádica. En ausencia de aviación israelí, decenas de gazatíes han retomado la costumbre de hacer volar pequeñas cometas hechas a mano. Algunos de estos artefactos han conseguido cruzar la línea amarilla -donde permanecen las tropas israelíes- e incluso la frontera.

El gobierno israelí no ve en ellas un acto inocente. El ministro de Defensa, Israel Katz, ha advertido de que intensificará los ataques sobre Gaza si continúan estos lanzamientos, y el propio Netanyahu avisó el domingo de que “los responsables” de lanzar cometas, globos o drones hacia Israel serán objeto de ataques selectivos, con evacuación incluida de las zonas desde donde se lancen. El aviso llega después de que aparecieran varias cometas el fin de semana en localidades fronterizas, entre ellas cuatro halladas en el kibutz Nahal Oz, a apenas 800 metros de la frontera.

El precedente pesa. En 2018 -cinco años antes de la ofensiva sobre Gaza-, cometas y globos cargados con material incendiario calcinaron bosques y tierras de cultivo en el sur de Israel, en lo que los propios gazatíes presentaron entonces como protesta contra el bloqueo. Ese recuerdo alimenta ahora la sospecha sobre cualquier objeto volador que cruce la línea amarilla.

Rafi Babian, jefe de seguridad de una localidad del Néguev occidental, lo cuenta en una entrevista a La Vanguardia. “En 2018 cogieron las cometas, les ataron a la cola una botella incendiaria o algún tipo de carga, y con los vientos que van de oeste a este nos quemaron cientos y miles de hectáreas de tierras agrícolas, de bosques, de árboles”, recuerda. 

“Y no fue solo daño económico: fue también un daño tangible, sobre todo para los niños, que tenían miedo de cualquier globo. Dejamos de traer globos a los cumpleaños”. Aquel episodio derivó después en el “terror de los globos”, más difícil de detectar a simple vista. Ahora, con la aviación israelí ausente del cielo de Gaza, las nuevas cometas reabren esa misma cicatriz. “No es solo el hilo, es también el tamaño”, apunta Babian, que sospecha que estos artefactos “llegaron para ver qué hacemos con esto”.

Varios palestinos fabrican una cometa en un campamento de desplazados en Ciudad de Gaza, este martes 
Varios palestinos fabrican una cometa en un campamento de desplazados en Ciudad de Gaza, este martes DAWOUD ABU ALKAS / Reuters

Hamas, por su parte, niega responsabilidad sobre las nuevas cometas -que no portaban explosivos- y sostiene que pertenecen a “niños en busca de su infancia inocente entre los escombros”, acusando a Israel de usar el episodio como “pretexto” para mantener los bombardeos pese al alto el fuego.

En Gaza, los comités populares -formados por ONG locales y organizaciones benéficas que gestionan campamentos de desplazados- emitieron el lunes por la noche un comunicado, coordinado con las autoridades de Hamas, pidiendo a los padres que impidan a sus hijos volar cometas. 

“Estamos haciendo todo lo posible para poner fin a esta práctica, no para limitar la infancia de nuestros niños, sino para proteger sus vidas inocentes”, señala el texto. Umm Mohammed, una madre de Ciudad de Gaza, contó a Reuters que teme que su hijo salga herido: “Cada verano, mi hijo Ahmed, de 10 años, y los niños del barrio hacen volar esas cometas para entretenerse, pero ya no le voy a dejar hacerlo”.

Al otro lado de la frontera, en el moshav Netiv Ha’Asara -la población israelí más próxima a Gaza-, Hila Fenton lleva casi dos años intentando reconciliar el miedo con la esperanza. “Antes del 7 de octubre tenía que reconstruir mis creencias, mi optimismo, y después ya no es fácil”, explica a este diario. 

“Solía decir que la victoria para ambos pueblos sería que esos muros dejaran de existir; que pudiéramos coger la bicicleta y volver a la playa, y que ellos pudieran venir aquí, como antes. Hoy creo bastante menos: esos muros tendrán que seguir en pie durante bastante más tiempo”. 

“Solía decir que la victoria para ambos pueblos sería que esos muros dejaran de existir (…), hoy creo que tendrán que seguir en pie durante mucho más tiempo”

Aun así, se aferra a una idea: “La solución es a la vez la más complicada y la más simple que existe: la aceptación. ¿Aceptamos que Gaza es nuestra vecina? Israel dio un paso hacia esa aceptación en 2005, y Hamas, por desgracia, no lo siguió. Ser víctima también es una elección, y esa es la que ha tomado Hamas por su pueblo: ¿a qué precio y por cuánto tiempo?”.

No todos comparten ese margen para la esperanza. Avida Bachar, superviviente del 7 de octubre, perdió a su mujer, a su hijo de 15 años y una pierna cuando los milicianos de Hamas llegaron a su casa en el kibutz Be’eri, donde aquel día murieron 115 personas. No confía en que Hamas se desarme ni en que la Junta de Paz de Trump cambie nada: “No les conocéis como yo. No creo que Netanyahu sepa cómo son”. A su juicio, “deberían marcharse todos a otros países y empezar de cero. Con nosotros no pueden vivir”.

Entre el miedo de Bachar y la esperanza de Fenton, el futuro de Gaza dependerá también del resultado de las urnas: Israel tiene convocadas elecciones para el 27 de octubre.

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