El germen de la serie nació durante la pandemia, “a partir de un titular y un dato que nos dejó descolocados”, recuerdan los creadores Irene Bohoyo y Carlos del Hoyo al explicar el origen de Cochinas , la nueva apuesta de Prime Video que se estrena este viernes. Ese dato era el aumento disparado del consumo de pornografía en España, especialmente entre mujeres. A partir de esa anécdota, se realizó una reflexión más amplia: “Nos dimos cuenta de que casi nunca se habla de la intimidad sexual femenina, de la masturbación, de la menopausia, de los deseos reales de las mujeres, sobre todo de cierta edad”. De esa inquietud surge una serie que busca llenar ese vacío desde un enfoque cercano y reconocible.
Prime Video estrena esta serie ambientada en un videoclub que se especializa en porno y sacude el Valladolid de los años noventa con una inesperada revolución sexual
El germen de la serie nació durante la pandemia, “a partir de un titular y un dato que nos dejó descolocados”, recuerdan los creadores Irene Bohoyo y Carlos del Hoyo al explicar el origen de Cochinas , la nueva apuesta de Prime Video que se estrena este viernes. Ese dato era el aumento disparado del consumo de pornografía en España, especialmente entre mujeres. A partir de esa anécdota, se realizó una reflexión más amplia: “Nos dimos cuenta de que casi nunca se habla de la intimidad sexual femenina, de la masturbación, de la menopausia, de los deseos reales de las mujeres, sobre todo de cierta edad”. De esa inquietud surge una serie que busca llenar ese vacío desde un enfoque cercano y reconocible.
Esa voluntad de hablar sin filtros pero también sin solemnidad se traduce en una etiqueta que los propios creadores no dudan en reivindicar: “Comedia orgásmica. Es un nuevo género que hemos inventado”, comentan entre risas para definir el tono de una ficción que apuesta por el humor como vehículo para explorar temas tradicionalmente invisibilizados. Sin embargo, lejos de la caricatura o el exceso, Cochinas se construye desde un naturalismo buscado: una comedia “luminosa”, como la describen, que evita el histrionismo y encuentra su fuerza en lo cotidiano, en lo reconocible, en esa vecina o esa dependienta que cualquiera podría identificar.
Ambientada en Valladolid en 1998, la serie se sitúa en un contexto especialmente fértil para ese contraste entre apariencia y realidad. “Era una época en la que pensábamos que éramos modernos, pero no tanto”, explica Bohoyo. La elección de una ciudad como Valladolid -frente a un entorno más obvio como Madrid- responde a esa intención de reforzar el choque entre una sociedad que se percibía avanzada y unas mentalidades todavía profundamente conservadoras.
“Esta serie es una reivindicación del sexo al andar por casa y del placer sin culpa”, sostiene Carlos del Hoyo, cocreador de la serie con Irene Bohoyo
La trama sigue a Nines (Malena Alterio), una ama de casa de aires conservadores cuya vida da un vuelco cuando su marido cae en coma y la deja al frente del videoclub familiar. Al descubrir que el negocio está en quiebra, toma una decisión insólita: especializarse en el único género rentable, el porno.
Así, junto a Chon (Celia Morán), la deslenguada empleada, y Agu (Álvaro Mel), un cinéfilo tan apasionado como inseguro, transformará el “Dorothy” en el primer videoclub porno de la ciudad. Lo que comienza como una solución desesperada acabará convirtiéndose en un terremoto en el barrio, desatando un proceso de liberación sexual tan inesperado como imparable.
En el centro de todo está Malena Alterio, cuya interpretación de Nines se perfila como uno de los grandes atractivos de la serie. Los creadores no escatiman en elogios: “Sobre el papel es un personaje antipático, gruñón, incluso egoísta, pero Malena le da una humanidad que hace que empatices con ella desde el primer momento”.
La capacidad de la actriz para equilibrar dureza y vulnerabilidad convierte a Nines en un personaje complejo y profundamente humano. “A Malena se le perdona absolutamente todo”, aseguran, subrayando además su entrega total: “Es una kamikaze, se lanza a cualquier cosa y lo hace todo con una sonrisa”.
Junto a ella, Celia Morán y Álvaro Mel completan el trío protagonista con perfiles muy distintos. En el caso de Morán, el personaje fue construido directamente para ella tras verla en teatro, mientras que Mel sorprendió en el proceso de casting por un potencial cómico que, según los creadores, no había mostrado hasta ahora.
Más allá de su premisa provocadora, Cochinas aspira a conectar con el espectador desde un lugar mucho más íntimo. “Es una reivindicación del sexo al andar por casa y del placer sin culpa”, sostiene Carlos del Hoyo. La serie plantea una mirada alejada de los estándares irreales de la pornografía o de las comedias sexuales convencionales, apostando por cuerpos, deseos y experiencias reconocibles.
“Queremos que los espectadores se sientan acompañados, que no están solos, que hay un sitio que es esta serie, que es Cochinas , que es el Dorothy, donde estamos todos los que somos normales, gente normal, con deseos normales, cuerpos normales”, resume Bohoyo. La aspiración es que el público se reconozca en pantalla, que sienta que esas historias también le pertenecen. “Somos gente de andar por casa, existimos, contamos y también podemos estar en la ficción”.
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