Ay Cholo, qué difícil es ser favorito

Acostumbrado a las diatribas justicieras, como aquella que decía que el Atleti era el equipo del pueblo –algo que hace tiempo que no se cree nadie por plantilla y talonario para construirla–, al Cholo el traje de favorito se le volvió en contra. Cómodo en la guerrilla, en la emboscada y en el enredo, a Simeone la final se le había fundido a azul oscuro casi negro hasta el fogonazo de Julián Álvarez. Un panorama en las antípodas de lo deseado por él. Porque, ay Cholo, qué complejo es construir, qué difícil es llevar la iniciativa, qué tarea más ti­tánica la de encontrar una rendija entre un océano de piernas, qué empresa más desabrida la de remar a contracorriente ante un rival intenso, aguerrido y que puede tirar contragolpes. Porque enfrente no estaba un Barça abierto, maravilloso y generoso, sino una Real afanada en conservar un resultado que era oro. Le sobraron los últimos minutos del tiempo reglamentario para levantar antes una Copa que se terminó llevando en la suerte de los penaltis. A pesar de tener un equipo más extenso y más fuerte que el del rival, el Atlético perdió con la agonía propia de su historia, repleta de fatalidades decisivas.

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 Acostumbrado a las diatribas justicieras, como aquella que decía que el Atleti era el equipo del pueblo –algo que hace tiempo que no se cree nadie por plantilla y talonario para construirla–, al Cholo el traje de favorito se le volvió en contra. Cómodo en la guerrilla, en la emboscada y en el enredo, a Simeone la final se le había fundido a azul oscuro casi negro hasta el fogonazo de Julián Álvarez. Un panorama en las antípodas de lo deseado por él. Porque, ay Cholo, qué complejo es construir, qué difícil es llevar la iniciativa, qué tarea más ti­tánica la de encontrar una rendija entre un océano de piernas, qué empresa más desabrida la de remar a contracorriente ante un rival intenso, aguerrido y que puede tirar contragolpes. Porque enfrente no estaba un Barça abierto, maravilloso y generoso, sino una Real afanada en conservar un resultado que era oro. Le sobraron los últimos minutos del tiempo reglamentario para levantar antes una Copa que se terminó llevando en la suerte de los penaltis. A pesar de tener un equipo más extenso y más fuerte que el del rival, el Atlético perdió con la agonía propia de su historia, repleta de fatalidades decisivas.Seguir leyendo…  

Acostumbrado a las diatribas justicieras, como aquella que decía que el Atleti era el equipo del pueblo –algo que hace tiempo que no se cree nadie por plantilla y talonario para construirla–, al Cholo el traje de favorito se le volvió en contra. Cómodo en la guerrilla, en la emboscada y en el enredo, a Simeone la final se le había fundido a azul oscuro casi negro hasta el fogonazo de Julián Álvarez. Un panorama en las antípodas de lo deseado por él. Porque, ay Cholo, qué complejo es construir, qué difícil es llevar la iniciativa, qué tarea más ti­tánica la de encontrar una rendija entre un océano de piernas, qué empresa más desabrida la de remar a contracorriente ante un rival intenso, aguerrido y que puede tirar contragolpes. Porque enfrente no estaba un Barça abierto, maravilloso y generoso, sino una Real afanada en conservar un resultado que era oro. Le sobraron los últimos minutos del tiempo reglamentario para levantar antes una Copa que se terminó llevando en la suerte de los penaltis. A pesar de tener un equipo más extenso y más fuerte que el del rival, el Atlético perdió con la agonía propia de su historia, repleta de fatalidades decisivas.

Diego Pablo Simeone
Diego Pablo SimeoneFran Santiago / Getty

Cinco años sin levantar un título para un Atlético que fue fiel a su historia

791 partidos suma el eterno Simeone en el banquillo rojiblanco y cinco años sin levantar un título. Apenas 19 encuentros acumula el matemático Pellegrino Matarazzo en el de la Real. De raíces italianas, crecido en Nueva Jersey, licenciado en Columbia y formado para el fútbol en la escuela de entrenadores alemana, el club donostiarra encontró su potosí en plena desesperación.

¿Podría jugar mejor el Atlético con otro entrenador? Se intuye que sí, pero el Atlético no sería el Atlético sin la estampa de Simeone. Qué manera de palmar.º

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