La atracción de la trampa

Experimento interesante en el Canal 33, que es un reducto clandestino que luego amplifica la plataforma 3Cat. Se titula Sala 30 , y son ocho conversaciones con varios representantes de lo que, por pereza o ignorancia, denominamos arte contemporáneo . El interlocutor es Albert Pla, que ejerce de anfitrión en el jardín de la típica y bucólica masía que pocos podemos permitirnos. Con naturalidad, Pla logra superar el reto de un formato deliberadamente abstruso, con contenidos conceptuales que contrastan con los ingredientes efervescentes habituales en las parrillas televisivas. Evidentemente, pedirle una cuota de audiencia masiva sería de mal gusto, y supongo que el proyecto –producido por El Terrat– se habrá acogido a las ayudas a la producción que reparte el Departament de Cultura. Aunque de entrada todo pueda parecer denso, hermético, incluso pedante, las conversaciones acaban desprendiendo un interés hipnótico que obliga al espectador a fortalecer los músculos de la curiosidad y a preguntarse: ¿seré capaz de interesarme por un universo creativo tan desconocido? Yo he visto la mitad y he sobrevivido a cambio de descubrir artistas, reflexiones y puntos de vista que ignoraba que existían. ¿El menú? Ocho conversaciones con estos epígrafes: La forma i el fons, La lluita, El concepte, L’enigma, La mirada, L’espai, El cos y La investigació .

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 Experimento interesante en el Canal 33, que es un reducto clandestino que luego amplifica la plataforma 3Cat. Se titula Sala 30 , y son ocho conversaciones con varios representantes de lo que, por pereza o ignorancia, denominamos arte contemporáneo . El interlocutor es Albert Pla, que ejerce de anfitrión en el jardín de la típica y bucólica masía que pocos podemos permitirnos. Con naturalidad, Pla logra superar el reto de un formato deliberadamente abstruso, con contenidos conceptuales que contrastan con los ingredientes efervescentes habituales en las parrillas televisivas. Evidentemente, pedirle una cuota de audiencia masiva sería de mal gusto, y supongo que el proyecto –producido por El Terrat– se habrá acogido a las ayudas a la producción que reparte el Departament de Cultura. Aunque de entrada todo pueda parecer denso, hermético, incluso pedante, las conversaciones acaban desprendiendo un interés hipnótico que obliga al espectador a fortalecer los músculos de la curiosidad y a preguntarse: ¿seré capaz de interesarme por un universo creativo tan desconocido? Yo he visto la mitad y he sobrevivido a cambio de descubrir artistas, reflexiones y puntos de vista que ignoraba que existían. ¿El menú? Ocho conversaciones con estos epígrafes: La forma i el fons, La lluita, El concepte, L’enigma, La mirada, L’espai, El cos y La investigació .Seguir leyendo…  

Experimento interesante en el Canal 33, que es un reducto clandestino que luego amplifica la plataforma 3Cat. Se titula Sala 30 , y son ocho conversaciones con varios representantes de lo que, por pereza o ignorancia, denominamos arte contemporáneo . El interlocutor es Albert Pla, que ejerce de anfitrión en el jardín de la típica y bucólica masía que pocos podemos permitirnos. Con naturalidad, Pla logra superar el reto de un formato deliberadamente abstruso, con contenidos conceptuales que contrastan con los ingredientes efervescentes habituales en las parrillas televisivas. Evidentemente, pedirle una cuota de audiencia masiva sería de mal gusto, y supongo que el proyecto –producido por El Terrat– se habrá acogido a las ayudas a la producción que reparte el Departament de Cultura. Aunque de entrada todo pueda parecer denso, hermético, incluso pedante, las conversaciones acaban desprendiendo un interés hipnótico que obliga al espectador a fortalecer los músculos de la curiosidad y a preguntarse: ¿seré capaz de interesarme por un universo creativo tan desconocido? Yo he visto la mitad y he sobrevivido a cambio de descubrir artistas, reflexiones y puntos de vista que ignoraba que existían. ¿El menú? Ocho conversaciones con estos epígrafes: La forma i el fons, La lluita, El concepte, L’enigma, La mirada, L’espai, El cos y La investigació .

El documental cuenta la relación tóxica entre dos grandes maestros del ajedrez convertidos en depredadores

AJEDREZ. Explotando el filón de los documentales sobre la dimensión desconocida del deporte, Netflix ha estrenado Al descubierto: Jaque al rey , sobre la feroz rivalidad, con denuncia de trampas incluida, entre el campeón Magnus Carlsen y el aspirante Hans Niemann. Con el testimonio de todos los implicados, el documental explica la complejidad de las competiciones y las interioridades de un negocio –vehiculado a través de plataformas y aplicaciones criptodigitales– que concita una afición universal como el ajedrez. Como cebo narrativo, el documental carga abiertamente las tintas sobre la personalidad de un presunto villano –Niemann–, al que acaban acusando de conectarse a un centro de datos a través de un anillo anal (!) de ciencia ficción. Y en el lado opuesto un presunto bueno –Carlsen– que, a medida que pasan los minutos, resulta que quizá no lo es tanto. No sé cuál será la experiencia de los espectadores expertos en ajedrez, pero, para alguien que no entiende del tema –servidora–, la historia funciona con la eficacia de un formato a medio camino entre el culebrón y el documental sobre depredadores.

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