Vorágine

Ceuta sigue siendo la vorágine que puede engullir al Gobierno español. La desclasificación de documentos de Inteligencia para intentar demostrar que el Ejecutivo no recibió un claro aviso sobre lo que podía ocurrir finales de julio, ha aportado más información sobre los sucesos de Ceuta, pero no ha resuelto la confusión sobre el comportamiento de los mecanismos estatales a un lado y otro de la frontera.

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 La cuestión de Ceuta se enquista, Macron se prepara para viajar a España y las cosas se complican en el mar Rojo  

Ceuta sigue siendo la vorágine que puede engullir al Gobierno español. La desclasificación de documentos de Inteligencia para intentar demostrar que el Ejecutivo no recibió un claro aviso sobre lo que podía ocurrir finales de julio, ha aportado más información sobre los sucesos de Ceuta, pero no ha resuelto la confusión sobre el comportamiento de los mecanismos estatales a un lado y otro de la frontera.

Hubo avisos, pero estos no fueron emitidos con luces de alarma parpadeantes. Todos tienen razón. El CNI y la inteligencia militar detectaron que algo podía pasar, incluso avisaron a los servicios de inteligencia marroquíes, pero nadie pulsó la máxima señal de alarma, la señal que pudiese llegar inmediatamente a la mesa del presidente del Gobierno. El foco está ahora puesto en la delegación del Gobierno en Ceuta. Gonzalo Sanz, jefe de gabinete del delegado, recibió un mensaje de advertencia de un agente del CNI e incluso mantuvo una conversación telefónica con él. El delegado, Miguel Ángel Pérez Triano, sostiene desde el primer día que no recibió ninguna comunicación oficial del CNI. Su jefe de gabinete ha presentado la dimisión por razones “personales” y por discrepancia con la versión dada por su jefe. Es probable que no sea la única dimisión.

El presidente de la ciudad autónoma de Ceuta, Juan Jesús Vivas, 26 años en el cargo, mucha experiencia a cuestas, gato viejo, como se decía antes, volvió ayer a la carga declarando que desde Moncloa le dijeron que no llamara más después de haber comunicado su inquietud en diversas conversaciones telefónicas, previas al día de la crisis. Vivas apunta, sin nombrarlo, al jefe del gabinete de la Presidencia del Gobierno. No deja de ser significativo que el presidente-alcalde de Ceuta no subrayará ese hecho “-no llames más”- en los primeros compases de la polémica. Vivas, muy alineado estas semanas con el líder de su partido, Alberto Núñez Feijóo, sabe moverse en las vorágines.

¿Ha servido para algo la desclasificación de documentos? Ha aportado más información, eso es inapelable. La sociedad hoy sabe más que la semana pasada. ¿Ha disminuido la confusión? No. Hubo avisos, sí, pero no llevaban encendidas las luces de máxima alerta. Una comunicación de WhatsApp no puede considerarse una señal de alarma en toda regla.

Ante la evidencia documental de esa realidad, llama mucho la atención que el ministro del Interior y la ministra de Defensa fuesen incapaces de coordinar sus versiones días después de una crisis de fortísimo impacto internacional. Es sabido que Fernando Grande-Marlaska y Margarita Robles, ambos exmagistrados, van a la greña desde el primer día. Alguien fue avisado, pero nadie predijo la magnitud de la crisis. La ministra Robles ha querido zanjar la polémica admitiendo que el CNI no calibró la magnitud de lo que venía. Conclusión: la Operación Transparencia evita males mayores al Gobierno, pero no le permite recuperar la iniciativa política.

Tampoco hay unidad de criterio en el principal partido de la oposición. Núñez Feijóo ha tenido que llamar al orden a sus dirigentes territoriales para que unifiquen los mensajes y no estropeen la partitura de Génova. Muy duro con Sánchez desde el primer día, Feijóo se mostró cauto con Marruecos en los primeros compases de la crisis. El 10 de agosto en una entrevista con la publicación digital Ok Diario, el líder del PP declaraba que su primer viaje como presidente del Gobierno será a Marruecos y anunciaba el propósito de mantener buenas relaciones con Rabat si se confirman las expectativas de un cambio político en España. En aquel momento, el PP aún no hablaba de ‘invasión’ de Ceuta. Habría sido chocante que diez días después de la “invasión”, Feijóo se mostrase prudente con el ‘invasor’. El 10 de agosto, la crisis social en Ceuta aún no había estallado con toda su acritud, y Sánchez aún no había cometido el grave error de no moverse durante el mes de agosto de la residencia estival de La Caleta en Lanzarote.

Desde entonces, Feijóo ha ido elevando el tono contra Marruecos para poder castigar mejor al PSOE, pero una vez más, Isabel Díaz Ayuso ha subido la apuesta con perspectiva ática. “Si yo fuese presidenta del Gobierno, rompería relaciones diplomáticas con Marruecos”, ha declarado Ayuso, a OK Diario, el 7 de septiembre. Alberto, supera esto.

Marruecos ha emitido esta semana un comunicado en el que afirma estar colaborando con España y rechaza convertirse en pelota de ping-pong de la dura contienda política española. Es un comunicado que podemos considerar más crítico con el PP que con el PSOE. Los populares han respondido con otro comunicado en el que acusan a Marruecos de ser responsable de lo ocurrido en Ceuta “por acción u omisión”, José María Aznar entra y sale del escenario con ganas de papel. En agosto viajó a Ceuta para reivindicar la gesta de Perejil y esta semana ha presentado en Madrid una conferencia de la encargada de negocios de Israel en España, Dana Elrich, a falta de embajador o embajadora, debido a la rebaja de las relaciones diplomáticas entre ambos países. El expresidente ha querido abrir el foco geopolítico de la cuestión de Ceuta. Aznar sostiene que España ha debilitado peligrosamente sus alianzas internacionales [se refiere a Estados Unidos e Israel, básicamente], por lo que hoy es un país más débil y expuesto. La señora Elrich quiso desvincular a Israel de lo ocurrido en Ceuta, pero dejó caer una afirmación que está siendo objeto de muchos comentarios. “No trabajar con Israel sobre nuestra defensa tiene también precio para los ciudadanos españoles”. Después del 30 y 31 de julio estas palabras adquieren un significado especial.

Vox habla menos. El partido de Santiago Abascal fijó posición desde el primer momento, acusando a Pedro Sánchez de “alta traición”. Vox propone activar el artículo 102 de la Constitución. Este artículo, pocas veces mencionado, prevé la posibilidad de acusar al presidente del Gobierno ante la Sala Segunda del Tribunal Supremo si el Parlamento estima que ha llevado a cabo una “acción criminal”. Para activar ese procedimiento, jamás planteado en España hasta la fecha, la acusación debe contar con el apoyo inicial del 25% de los diputados, porcentaje que hoy no está al alcance de Vox, por lo que necesitaría el apoyo propulsor del PP. Posteriormente, la acusación debería ser respaldada por la mayoría absoluta del Congreso, lo cual requeriría el apoyo de Junts. Vox ha fijado un marco: alta traición. Supera esto, Alberto. Supera esto, Isabel.

Los de Abascal, sin embargo, también envían señales que pueden agradar a Marruecos. El pasado jueves, Vox fue el único partido que votó en contra de la proposición de ley para dar la nacionalidad española a los saharauis que así lo deseen. El PP se abstuvo. Una de las impulsoras de esta iniciativa es la diputada de Sumar, Tesh Sidi, de origen saharaui. Las autoridades marroquíes han encajado con contrariedad esa propuesta de ley. PSOE, PP y Vox lo saben puesto que tienen comunicación directa con Rabat.

Alianzas internacionales. El presidente de la República Francesa, Emmanuel Macron, viajará a España a finales de mes. Es una visita de Estado prevista hace meses que tendrá un contexto muy especial: la resaca de Ceuta y la paralización del tratado de amistad entre España y Francia, firmado en 2023 y ahora embarrancado en el Senado español. Puede ser una visita incómoda para el jefe de la oposición, que ha hecho todo lo posible para evitar la ratificación parlamentaria de un tratado de amistad que prevé la participación periódica de ministros de ambos países en las reuniones del Consejo de Ministros de la nación vecina. Es esta una cláusula de fuerte sabor europeísta que no gusta nada a Marine Le Pen y a Santiago Abascal. Figura, sin problemas, en los tratados de amistad de Francia con Alemania, Polonia e Italia.

Macron obtuvo la validación de la Asamblea Nacional, pese al voto contrario de los lepenistas y de la Francia Insumisa de Jean-Luc Mélenchon. En España, el PP pasó de la abstención al voto contrario cuando vio que Sánchez podía morder el polvo. Cuando Macron llegue a Madrid el 29 de septiembre es posible que el Tribunal Constitucional ya se haya pronunciado sobre el tratado. Junto con Portugal, Irlanda y Luxemburgo, Francia fue uno de los cuatro países que el pasado 1 de Agosto no firmaron la carta crítica con la política de migración española, suscrita por 22 países de la Unión Europea, carta que ha sido un duro golpe para Sánchez. La impulsaron Italia y Dinamarca con el apoyo activo de Alemania.

Vorágine. Atención a lo que está ocurriendo en Yemen y Arabia Saudí. En un audaz golpe de mano, la guerrilla hutí, fuerza proxy de Irán, que opera en la zona noroeste del Yemen, ha tomado el puerto de Moka en el estrecho de Bab el Mandeb, está intentando conquistar la pequeña isla de Permi. situada en el centro del estrecho, y ha bombardeado el oleoducto saudí Este-Oeste a través del cual Arabia exporta petróleo sin tener que pasar por el estrecho de Ormuz. La conquista de Permi les facilitaría un control visual de todos los barcos que atraviesan el estrecho de Bab el Mandeb. Podrían seleccionar visualmente los blancos sin ayuda del radar.

Si los hutíes consolidan posiciones, Irán puede pasar a controlar de manera directa o indirecta Ormuz y Bab el Mandeb, corredores vitales para el comercio marítimo mundial y para el transporte de hidrocarburos. Arabia Saudí ha suspendido las exportaciones de petróleo tras el bombardeo del oleoducto Este-Oeste. Petróleo y gas pueden subir aún más de precio. Un fuerte repunte de la inflación aceleraría la vorágine.

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