La Vuelta llegó el jueves 3 de septiembre a Andalucía y ya no abandonará la comunidad autónoma del sur de la península. Serán diez etapas con mucho sofoco, con un calor intenso. Tras varios días ya bajo el sol abrasador, los ciclistas pidieron el sábado un poco de clemencia a la organización. Se esperaban más de 40 grados en Córdoba y les dijeron que había que buscar una solución. La Vuelta les escuchó. “Fue iniciativa de los corredores. Ellos propusieron activar el protocolo por temperaturas extremas y nosotros lo tomamos en consideración y decidimos adaptar la etapa a esas circunstancias climatológicas”, explicó Javier Guillén, director de Unipublic.
Los ciclistas pidieron activar el protocolo de altas temperaturas en Córdoba
La Vuelta llegó el jueves 3 de septiembre a Andalucía y ya no abandonará la comunidad autónoma del sur de la península. Serán diez etapas con mucho sofoco, con un calor intenso. Tras varios días ya bajo el sol abrasador, los ciclistas pidieron el sábado un poco de clemencia a la organización. Se esperaban más de 40 grados en Córdoba y les dijeron que había que buscar una solución. La Vuelta les escuchó. “Fue iniciativa de los corredores. Ellos propusieron activar el protocolo por temperaturas extremas y nosotros lo tomamos en consideración y decidimos adaptar la etapa a esas circunstancias climatológicas”, explicó Javier Guillén, director de Unipublic.
La jornada, inicialmente prevista de 189 kilómetros, entre Palma del Río y Córdoba se recortó en más de 70 kilómetros y se quedó en 110 km. “Son menos horas al sol y se nota”, aplaudía la medida Xabier Mikel Azparren, ciclista del Pinarello.
Aunque no todos estaban contentos. Joxean Fernández Matxín, el director del UAE, lamenta que el viernes perdiese a Sivakov “por un golpe de calor” y propone de cara al futuro plantearse cambiar la hora de salida. “¿Por qué no buscar un horario alternativo? Salir a las tres las tarde cuando más grande es el calor no es la mejor solución”, deja caer. “Quemaba hasta el manillar”, revela Enric Mas, el líder, cuando llega a la meta y se pone a hacer rodillo pensando en la contrarreloj de Jerez.
Al ser más corta, la etapa fue más intensa desde el banderazo. Se corrió con el cuchillo entre los dientes y en ese ciclismo de ataque tan parecido al de las clásicas, Wout van Aert es el rey. Lo fue en Loja (Granada) y repitió en Córdoba.
“Esta es la manera en la que me gusta correr a mí”, aseguró el belga del Visma, al que no le importó que fuesen todos contra él en la escapada. Sus cuatro acompañantes sabían que debían atacarle sin descanso y es lo que hicieron en el desenlace.
A falta de tres kilómetros, Nys y Debruyne lo prueban juntos. Romele le deja la tostada. Van Aert ni se inmuta: cierra el hueco con facilidad. Después llega el turno de Leknessund. Una, dos y tres veces. Siempre Van Aert responde a su rueda porque quiere llegar al sprint y lo consigue.
A 200 metros se lanza Nys. Pero Van Aert no perdona. Se sabe el más rápido y lo confirma en Córdoba, ciudad talismán para él, donde ya ganó una etapa en el 2024. “Después de ésta no querré volver para no romper la estadística”, bromea el belga, que donde pone el ojo, pone la bala. Los 43 grados no le borran la sonrisa.
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