Jon Idígoras Guridi, mozo vasco de 18 años, trabajaba en el caserío de sus padres. Las tropas nacionales llegaron, le calzaron uniforme y fusil y le enviaron a la guerra. Con otros desprevenidos reclutas, Jon llegó a Bot (Terra Alta) en tren y le metieron en la batalla del Ebro, la más sangrienta de la guerra civil. Sus padres y hermana no volvieron a saber de él, salvo lo que les contó otro vasco que estaba cerca cuándo le vio caer durante una carga bajo las balas. La hermana lloró a Jon toda su vida, sin saber dónde estaba su cuerpo. Ella murió. Su hijo Aitor, amigo mío, me contó esta historia.
Jon Idígoras Guridi, mozo vasco de 18 años, trabajaba en el caserío de sus padres. Las tropas nacionales llegaron, le calzaron uniforme y fusil y le enviaron a la guerra. Con otros desprevenidos reclutas, Jon llegó a Bot (Terra Alta) en tren y le metieron en la batalla del Ebro, la más sangrienta de la guerra civil. Sus padres y hermana no volvieron a saber de él, salvo lo que les contó otro vasco que estaba cerca cuándo le vio caer durante una carga bajo las balas. La hermana lloró a Jon toda su vida, sin saber dónde estaba su cuerpo. Ella murió. Su hijo Aitor, amigo mío, me contó esta historia.Seguir leyendo…
Jon Idígoras Guridi, mozo vasco de 18 años, trabajaba en el caserío de sus padres. Las tropas nacionales llegaron, le calzaron uniforme y fusil y le enviaron a la guerra. Con otros desprevenidos reclutas, Jon llegó a Bot (Terra Alta) en tren y le metieron en la batalla del Ebro, la más sangrienta de la guerra civil. Sus padres y hermana no volvieron a saber de él, salvo lo que les contó otro vasco que estaba cerca cuándo le vio caer durante una carga bajo las balas. La hermana lloró a Jon toda su vida, sin saber dónde estaba su cuerpo. Ella murió. Su hijo Aitor, amigo mío, me contó esta historia.
Pregunté en el Memorial Democràtic y apareció Jon Idígoras Guridi: enterrado el 27 de septiembre de 1938 en las tapias del cementerio de Bot. Veinte años después un camión llegó y se llevó en cajas los cadáveres de los combatientes allí soterrados. Esos cuerpos fueron apilados en el seno del Valle de los Caídos, inaugurado en 1959. Cuerpos robados, robados a su dignidad y a sus familias. A mi amigo Aitor le cuento yo lo que nadie le contó nunca a su madre: su hermano fue enterrado en Bot y después sus restos sustraídos ilegalmente por el dictador de España para embutirlos en el mausoleo de Cuelgamuros y así rodear la tumba en la que se hizo enterrar en 1975 (hasta ser removido en 2019 por nuestro gobierno democrático). He visto los huesos de esos muertos secuestrados en el documental Cuelgamuros: entre lo difícil y lo imposible (RTVE Play): impresiona ver los restos mortales de 30.000 personas, revueltos, maltratados, usados casi como argamasa. Hoy –¡al fin!– empiezan a exhumarse, limpiarse e identificarse científicamente por profesionales de la antropología forense mediante análisis de ADN. ¿Podrán un día ser devueltos todos los huesos a sus respectivas familias? Ojalá. Es un trabajo que el Estado español debió haber acometido con Felipe González, que se inhibió, y que ya está haciendo el gobierno de Pedro Sánchez, como Dios manda.
El documental ‘Cuelgamuros: entre lo difícil y lo imposible’ muestra los huesos robados de españoles
Probablemente dejará de hacerse si llega un gobierno nuevo que considere innecesario destinar dinero público a devolver su dignidad a miles de españoles humillados por un tirano, españoles cuya vida fue segada y cuya muerte fue profanada, como la del tío de mi amigo Aitor, Jon Idígoras Guridi, aquel mozo vasco que solo quiso trabajar en su caserío, jamás batirse en ninguna guerra. – @amelanovela
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