Hace unos días, el Primer Ministro Netanyahu afirmaba (entre risas) que si bien su Ejército ya controlaba el 60% de Gaza, ahora había dado órdenes de que el control se ampliase al 70%. Una voz en off decía “el 100%”, y el respondía cada cosa a su tiempo. Siempre sonriendo. La franja de Gaza mide cuarenta kilómetros por diez kilómetros. Echen sus cálculos, pero lo que es seguro es que los dos millones y pico de gazatíes (menos los setenta y cinco mil muertos por Israel) siguen ahí, apretujados contra un mar al que por cierto tienen vetados el acceso.
Hace unos días, el Primer Ministro Netanyahu afirmaba (entre risas) que si bien su Ejército ya controlaba el 60% de Gaza, ahora había dado órdenes de que el control se ampliase al 70%. Una voz en off decía “el 100%”, y el respondía cada cosa a su tiempo. Siempre sonriendo. La franja de Gaza mide cuarenta kilómetros por diez kilómetros. Echen sus cálculos, pero lo que es seguro es que los dos millones y pico de gazatíes (menos los setenta y cinco mil muertos por Israel) siguen ahí, apretujados contra un mar al que por cierto tienen vetados el acceso.Seguir leyendo…
Hace unos días, el Primer Ministro Netanyahu afirmaba (entre risas) que si bien su Ejército ya controlaba el 60% de Gaza, ahora había dado órdenes de que el control se ampliase al 70%. Una voz en off decía “el 100%”, y el respondía cada cosa a su tiempo. Siempre sonriendo. La franja de Gaza mide cuarenta kilómetros por diez kilómetros. Echen sus cálculos, pero lo que es seguro es que los dos millones y pico de gazatíes (menos los setenta y cinco mil muertos por Israel) siguen ahí, apretujados contra un mar al que por cierto tienen vetados el acceso.

Mientras, ese mismo Ejército de Israel se ha instalado en la franja del sur del Líbano que va hasta el Rio Litani (a unos veinte kilómetros ), pero ahora su control se va a extender más de veinte kilómetros adicionales tierra adentro. La ciudad de Tiro ( que tiene unos 250.000 habitantes ) está siendo bombardeada cada tanto, y sus habitantes han recibido la orden de irse al norte. Parece claro que Netanyahu no se da por enterado de treguas y ceses del fuego, que D. Trump pregona día sí y día tampoco.
Para la microhistoria, esos mismos días el concierto de Bad Bunny en Barcelona dio para una anécdota con punta. Una joven judía israelí, de nombre Gal (no daremos su apellido), decide acudir a este concierto, con la intención de ondear la bandera de su país. Se le acerca un miembro del servicio de seguridad del Concierto, y le confisca la enseña. La chica explica que quien se la confiscó se dirigió a ella en hebreo, era israelí, y trabajaba en la organización. Como ella misma aclaró en su larga entrevista en el canal i24 de la Televisión de su país (que abrió su noticiario dando mucho espacio al asunto), nadie del público se metía con ella, ni los días que estuvo en nuestra ciudad fue objeto de ningún signo de hostilidad. Conclusión: el agente de seguridad israelí….actuó como un exigente profesional al servicio de Bad Bunny, pero no era antisemita ¿verdad?
Sigamos con la macrohistoria. A estas alturas no parece que Irán esté perdiendo la guerra, ni que Donald Trump la esté ganando. Ni que el precio del petróleo, a estas alturas, sea un espectacular Dragon Khan, más bien navega a la baja de los 100$ el barril. ¿Por qué seguir en el empeño? En el fondo es muy simple, por un lado Irán no puede permitirse una rendición “incondicional” al modo que le exige Trump, y por tanto su estrategia y sus tácticas defensivas le salen claramente a cuenta. Por otro lado, Trump transmite un mensaje no solo contradictorio (de un día para otro), sino que da claramente la impresión de que no tiene ni idea de como salir del atolladero, porque tampoco sabía porqué entró en ese laberinto de Ormuz. Uno quiere pensar que en su entorno alguien le diría que Iran no es Venezuela, ni tampoco Cuba. Pero a la vista de la media docena de muy altos cargos a los que ha echado, es creíble la tesis de que no está dispuesto ni a escucharse a si mismo. Su última propuesta es muy audaz, se trata de que los países árabes de la región se sumen todos a eso que se llama “los Acuerdos de Abraham” , reconozcan diplomáticamente a Israel, y sobre todo aporten fondos a la Famosa Junta Mundial por la Paz (creada y dirigida por …. Donald Trump).
La conclusión es obvia, Trump parece guiarse por la divisa “tenemos un problema para cada solución”.
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