Es una de las startups más prometedoras del momento: entrena a sus modelos y goza del favor de Andreessen Horowitz Leer Es una de las startups más prometedoras del momento: entrena a sus modelos y goza del favor de Andreessen Horowitz Leer
Joan Rodríguez nació en Barcelona en 1997, cerca del Camp Nou, habituado a los bramidos de la grada. Completó la carrera de telecomunicaciones en la Universidad Pompeu Fabra, donde tanteó por primera vez los secretos de la inteligencia artificial, remató su trabajo de fin de carrera con el profesor Xavier Binefa y recibió la sugerencia de cursar un máster donde combinaría conocimientos en IA y visión por computación. Esta decisión fue crucial para entablar contacto con varios docentes españoles de la Universidad de Montreal, donde Rodríguez se embarcaría en un doctorado. No se trataba de cualquier cosa. El español investigaría en las entrañas de MILA, hoy Quebec Artificial Intelligence Institute, una fábrica capaz de aportar a la comunidad científica nombres como los de Ian Goodfellow (creador de las redes generativas antagónicas, la semilla de las actuales herramientas de generación de imágenes y contenido sintético), Yoshua Bengio (pionero del deep learning), Aaron Courville (uno de los autores más citados a nivel mundial) y Joëlle Pineau (autoridad planetaria en aprendizaje por refuerzo y directiva de Meta). «En Montreal y Toronto se forjan las ideas y en California se terminan escalando», dictamina el emprendedor.
Quizás dicha reflexión explique la estrategia geográfica de Rodríguez. Todavía residente en Montreal, monta Quiver AI desde San Francisco (la sede fiscal está en Delaware, como en tantos otros casos). La lluvia fina y no tan fina de MILA le empujó en la dirección finalmente tomada por su startup: los vectores o archivos SVG. Capaz de monetizar ya pese a estar en sus albores, es remarcable que la startup haya captado la atención de una de las gestoras de capital riesgo más reputadas. Fue Andreessen Horowitz el fondo que lideró la ronda de 8,3 millones de dólares anunciada a finales de febrero. En ella participó también K Fund, una de las firmas de referencia en España.
ero, ¿qué hace exactamente Quiver y por qué resulta una apuesta tan seductora para algunos de los mejores sabuesos del emprendimiento? La herramienta ha sido pensada para crear infografías, iconos y logotipos a partir de un texto o unas imágenes de referencia. «A diferencia de otros modelos que trabajan en píxeles, basados en una matriz RGB que arrastra el problema de la pérdida de calidad al agrandar la imagen y la necesidad de recurrir a un upscaler [para aumentar la resolución], la ventaja de los vectores es que son escalables y definen las imágenes matemáticamente, de modo que puedes estirarlas hasta el infinito; es decir, las puedes escalar arbitrariamente, con una calidad perfecta», describe el joven CEO. Mucho de lo que usted ve en su ordenador son esos gráficos vectoriales. Y lo bueno es que se adaptan tanto al frontal de una gorra de béisbol como a una pancarta gigante colgando de una fachada de Times Square, pueden animarse para dinamizar una pantalla de carga y son responsables de ese efecto flotación del que hacen gala algunos iconos del smartphone.
Cualquier persona con un negocio entre manos necesita su primer logotipo, una tipografía concreta, una paleta de colores. La idea que subyace es la creación de la marca, la identidad corporativa. «Para lograrlo, hasta ahora se contactaba con un diseñador gráfico o con una agencia publicitaria que ayudase a aterrizar la visión esbozada. Quiver pretende potenciar el flujo de trabajo que culmina en una marca. Si, por ejemplo, dispones de cinco iconos para tu página web, la plataforma te permite contar con otros 100 manteniéndose fiel al estilo decidido y habilitando la edición para pulirlos». Rodríguez recuerda que, al igual que sucede con Freepik, un referente de IA generativa enfocada al diseño y made in Málaga, Quiver es una herramienta apta tanto para legos en la materia como para profesionales. Los primeros echan a andar con un simple prompt; los segundos tienen acceso a configuraciones más avanzadas e incluso pueden llevar el vector a otros editores para modificar el código.
Otro hecho singular de Quiver es que entrena a sus modelos, convirtiéndose así en una exótica empresa dual, pues hay pocas en el mercado que combinen aquellas labores con el despliegue en paralelo de aplicaciones. Una parte considerable del capital levantado se destina precisamente a la adquisición de GPU. Joan Rodríguez inventó durante el doctorado Star Vector, convertida hoy en su versión musculada, Arrow 1.0. «Empecé a investigar y comprendí que la técnica que recurre a LLM para generar vectores funcionaba con un billón de parámetros, pero escalar de esa cifra a siete billones y de dos millones de ejemplos a diez exigía más capacidad de computación. Por eso fundé Quiver y busqué la ronda de inversión. Al modelo lo entrenamos nosotros con recompensas para que aprenda a diseñar con buen gusto. Donde sí recurrimos a los LLM de terceros (Claude, GPT-5) es cuando toca escribir código, pero nuestro modelo es fundacional».
Para hacer dinero, Quiver mezcla el B2C con varios tipos de suscripción y el B2B, donde se cierran gota a gota contratos con compañías grandes que presentan diferentes casos de uso. «Tenemos asimismo el enfoque API para que cualquiera pueda comprar un paquete de créditos e integrarlo en sus servicios y aplicaciones. Recibimos mucho tráfico desde EEUU, pero también desde Europa y Asia. Nuestra vocación es internacional».
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