Resistir la tentación

La undécima edición de La isla de las tentacione s (Telecinco) mantiene sus principios de jugar con la tentación, en este caso inducida, de la infidelidad. Me consta que entre espectadoras radicalmente feministas el programa se sigue con una voracidad analítica y una sororidad perpleja, que juega a detectar todos los tópicos y aberraciones heteropatriarcales del formato. Esta mirada crítica, sin embargo, no debe ser mayoritaria y prevalecen evidencias como la sumisión a los patrones de belleza y unos códigos de relación que alternan una supuesta modernidad –los concursantes tienen la libertad de decidir– y vínculos emocionales y sexuales abiertamente medievales. Los rituales del programa
–la tableta, la hoguera, los jacuzzis, la alarma que suena con la potencia de una alarma de cataclismo nuclear– perpetúan una narrativa que incluye figuras como los Tentadores y Tentadoras. Unas figuras que, en el paisaje laboral de la España actual, se acercan al universo, igualmente inescrutable, de OnlyFans.

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 La undécima edición de La isla de las tentacione s (Telecinco) mantiene sus principios de jugar con la tentación, en este caso inducida, de la infidelidad. Me consta que entre espectadoras radicalmente feministas el programa se sigue con una voracidad analítica y una sororidad perpleja, que juega a detectar todos los tópicos y aberraciones heteropatriarcales del formato. Esta mirada crítica, sin embargo, no debe ser mayoritaria y prevalecen evidencias como la sumisión a los patrones de belleza y unos códigos de relación que alternan una supuesta modernidad –los concursantes tienen la libertad de decidir– y vínculos emocionales y sexuales abiertamente medievales. Los rituales del programa–la tableta, la hoguera, los jacuzzis, la alarma que suena con la potencia de una alarma de cataclismo nuclear– perpetúan una narrativa que incluye figuras como los Tentadores y Tentadoras. Unas figuras que, en el paisaje laboral de la España actual, se acercan al universo, igualmente inescrutable, de OnlyFans.Seguir leyendo…  

La undécima edición de La isla de las tentacione s (Telecinco) mantiene sus principios de jugar con la tentación, en este caso inducida, de la infidelidad. Me consta que entre espectadoras radicalmente feministas el programa se sigue con una voracidad analítica y una sororidad perpleja, que juega a detectar todos los tópicos y aberraciones heteropatriarcales del formato. Esta mirada crítica, sin embargo, no debe ser mayoritaria y prevalecen evidencias como la sumisión a los patrones de belleza y unos códigos de relación que alternan una supuesta modernidad –los concursantes tienen la libertad de decidir– y vínculos emocionales y sexuales abiertamente medievales. Los rituales del programa
–la tableta, la hoguera, los jacuzzis, la alarma que suena con la potencia de una alarma de cataclismo nuclear– perpetúan una narrativa que incluye figuras como los Tentadores y Tentadoras. Unas figuras que, en el paisaje laboral de la España actual, se acercan al universo, igualmente inescrutable, de OnlyFans.

SER O NO SER. En Disney+, segunda temporada de Chad Powers. Es la historia de un gran quarterback de fútbol americano cancelado por un pasado turbulento y que, por circunstancias diversas, vuelve a la competición disfrazado y con otra identidad. Los paralelismos con Tootsie o Señora Doubtfire son evidentes, aunque aquí no hay transvestismo, solo una caracterización minuciosa y laboriosa. Y, curiosamente, aunque la fórmula de jugar con la inminente posibilidad de ser descubierto sea evidente y previsible, funciona y entretiene.

Las tentaciones generen dilemas morales que los espectadores pueden compartir desde el sofá

NARCOCORRIDO. En el catálogo de novedades de películas de Netflix, encontraréis La captura , una producción mexicana que cuenta la historia de la detención del capo del cártel de Sinaloa el Chapo Guzmán. Documentada con criterios periodísticos y un tratamiento narrativo de clásica ficción de acción, el aliciente de la historia se centra en la relación entre los dos policías. Acosados por la circunstancia de, en un control rutinario, haber detenido al enemigo público número uno del país, los policías tienen que sobrevivir a unas horas de tensión y de dudas sobre si serán capaces de contener los tentáculos del crimen organizado, la red de complicidades y la corrupción del sistema. Aquí no hay spoiler posible: sabemos que el narcotraficante fue detenido y que los policías resistieron la tentación de corromperse.

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