Randri, o un elefante en el vestuario femenino: ¿con qué cara le hablará a sus jugadoras?

Una vez más, el fútbol vuelve a sorprenderme. Una vez más, lo hace para mal.

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Una vez más, el fútbol vuelve a sorprenderme. Una vez más, lo hace para mal.

Estoy pensando en Randri y en su plantilla, el Alhama CF femenino. Randri es Juan Antonio García y es el entrenador del equipo, conjunto que ahora milita en la Liga F pero en unos meses dejará de hacerlo: el Alhama ya está descendido matemáticamente.

Bueno: este, el descenso, no es el tema.

El tema es la sentencia que un juez de lo Social de Murcia dictó la semana pasada y que condenaba a Randri, y también a la directora deportiva Tamara Ruiz (esposa de Randri) y al club, a pagar una indemnización solidaria de 32.000 euros a cuatro jugadoras que en el 2023 habían tenido que soportar las múltiples ofensas del técnico, descalificaciones como las que siguen aquí abajo:

–Estáis tan gordas que no sé ni cómo podéis follar.

–Habéis llegado a Primera División por ser mujeres y chupar pollas; si no, no habríais llegado ni a Tercera.

Si un técnico debe ser un modelo para su equipo, ¿qué ejemplo será Randri para su Alhama femenino?

La sentencia también considera probado que Randri le había enviado a la plantilla, a través de WhatsApp, una foto en la que se le veía a él mismo y a su cuerpo técnico duchándose desnudos en los vestuarios.

Repito: 32.000 euros de multa.

¿Y la inhabilitación?

Bueno, la inhabilitación ya se había producido: Randri pasó dos años suspendido, y durante ese tiempo no pudo dirigir ningún equipo de fútbol (Tamara Ruiz fue también suspendida; en su caso, por un año).

Randri, entrenador del Alhama CF femenino 
Randri, entrenador del Alhama CF femenino LV

El caso es que ambos han cumplido ya su condena de inhabilitación y, mira tú por dónde, ya han vuelto a situarse donde estaban. Randri dirige al equipo de fútbol. Y Tamara Ruiz manda en el despacho.

Me detengo en Randri y en sus modales.

O en su falta de modales.

Ahora mismo, el hombre vuelve a entrar y salir del vestuario, dicta órdenes a sus jugadoras, monta los onces y decide quién va al banquillo.

Es legítimo: la justicia le avala. Randri ya cumplió el tiempo de inhabilitación y solo debe pagar la multa, y es cierto que ninguna de las cuatro denunciantes sigue en el equipo (como también es cierto que, en su día, el resto de la plantilla se había puesto del lado del técnico).

Sin embargo, me pregunto qué ascendente tendrá el hombre sobre sus jugadoras, con qué argumentos las convencerá de que hagan esto o aquello, con qué palabras y con qué tono. Y también me pregunto cómo serán las conversaciones en casa, ya al caer noche, cuando se apaguen los focos y Randri le cuente a su mujer cómo ha puesto en su sitio a las jugadoras, y cómo ella, solidaria, le responda:

–Bien hecho, bien dicho.

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