Oro rojo y Coca-Cola en Sudán

La guerra más olvidada del mundo cabe en una callejuela de un zoco histórico de Dubái. Lejos de la ostentación vertical de los rascacielos en otros barrios de la ciudad emiratí, los pasajes cubiertos de pérgolas de madera del Zoco de oro de Deira, en el norte de Dubái, albergan otro tipo de alarde más discreto: más de 300 tiendas de compra y venta de joyas y oro. El zoco dubaití es un hormiguero de lujo y paz vibrante. 

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 La Vanguardia inicia con este capítulo la serie “Las guerras de la codicia”, sobre cuatro grandes conflictos africanos y las principales riquezas minerales que están en la raíz de la violencia. Desde el negocio clandestino de metal dorado y goma arábiga en Sudán, al coltán en Congo, el contrabando de drogas y armas en el Sahel o el petróleo en Libia.   

La guerra más olvidada del mundo cabe en una callejuela de un zoco histórico de Dubái. Lejos de la ostentación vertical de los rascacielos en otros barrios de la ciudad emiratí, los pasajes cubiertos de pérgolas de madera del Zoco de oro de Deira, en el norte de Dubái, albergan otro tipo de alarde más discreto: más de 300 tiendas de compra y venta de joyas y oro. El zoco dubaití es un hormiguero de lujo y paz vibrante. 

Envueltos en el bullicio de los regateos a viva voz, los visitantes se pasean sin prisa frente a los escaparates de luces cegadoras y ahogan el calor en refrescos burbujeantes en las cafeterías cercanas. A primera vista, nada parece unir ambas escenas de calma con uno de los peores conflictos en el mundo que se desarrolla a 2600 kilómetros de allí, pero la conexión existe: el multimillonario comercio de oro y de goma arábiga, una resina comestible que se utiliza en refrescos como la Coca-Cola, golosinas, pintura o productos cosméticos y farmacéuticos, está en la raíz de la guerra de Sudán, el conflicto más olvidado del mundo según la lista anual del Consejo Noruego para los Refugiados (NRC), y que ha provocado una crisis humanitaria de proporciones bíblicas con 150.000 muertos y 14 millones de desplazados.

Mapa de la localización de las minas de oro de Sudán y las rutas en los territorios controlados por ambos bandos del comercio clandestino del metal dorado y de goma arábiga 
Mapa de la localización de las minas de oro de Sudán y las rutas en los territorios controlados por ambos bandos del comercio clandestino del metal dorado y de goma arábiga Clara Penín / LV

Para la periodista sudanesa Zeina Salih, la lucha local por el poder iniciada en 2023 entre Mohammed Hamdan Dagalo, alias Hemedti, al frente del temible grupo paramilitar Fuerzas de Apoyo Rápido (FAR), y de Abdelfattah Burhan, jefe del ejército, ha derivado en una economía de rapiña con decenas de países implicados que incendia el conflicto sin misericordia. Y en ese negocio sangriento, el metal dorado es central. “El oro juega un papel clave en la guerra. Sudán tiene las terceras mayores reservas de oro de África y ambos bandos comercian con esa riqueza para comprar armamento y apoyos. El oro de las zonas rebeldes de las FAR viaja a Emiratos y hay compañías de Egipto al frente de las minas de oro que controlan las fuerzas gubernamentales”, señala.

Los rebeldes de las Fuerzas de Apoyo Rápido, autores de matanzas, reciben armas clandestinamente de Emiratos Árabes Unidos a cambio del oro de sus minas

A pesar de la devastación que asuela el país africano, que ha dejado miles de escuelas y hospitales destruidos o carreteras impracticables y ha empujado al hambre al 41% de la población, el negocio del oro tiene mejor salud que nunca. En el informe Oro y guerra en Sudán , Suliman Baldo, fundador del Observatorio de Transparencia y Política de Sudán, denuncia que el sector del oro –tanto la minería y la producción como la distribución y el contrabando—define el conflicto civil sudanés. “El comercio de oro, valorado en miles de millones de dólares, constituye la fuente de ingresos más importante para las dos principales partes en conflicto y alimenta una red transfronteriza asociada de actores que incluye a otros grupos armados, productores, comerciantes, contrabandistas y gobiernos extranjeros”.

El comercio de la goma, usada en refrescos o cosmética, alcanza cifras récord y sirve para comprar armas

Si la producción de las minas controladas por el ejército se exporta, tanto por vía legal como de contrabando, hacia Egipto; en territorio rebelde, donde la minería artesanal es la norma, el oro se ha convertido en moneda de cambio para comprar el armamento que sus principales aliados, Emiratos y Rusia, envían de contrabando por las porosas fronteras de Libia o Chad. El descontrol es casi total. El informe Tras la pista del oro de África , de Swissaid, calcula que hasta el 70% de la producción aurífera en Sudán se lleva de contrabando a países vecinos, desde los que se introduce en los canales internacionales. El tráfico empezó antes incluso que el sonido de las balas: según la organización, al menos la mitad de las 400 toneladas de oro que se sacaron clandestinamente de suelo sudanés entre el año 2012 y el 2024 tuvieron como destino a Dubái y, en menor medida, Moscú.

Una mujer y un niño en un campamento de desplazados tras la masacre de El Fasher, cuando las FAR asesinaron a cientos de civiles  
Una mujer y un niño en un campamento de desplazados tras la masacre de El Fasher, cuando las FAR asesinaron a cientos de civiles  Marwan Ali / Ap-LaPresse

La guerra de Sudán no ha provocado una lucha sangrienta por el oro. Es al revés. La carrera descarnada por el oro sudanés ha llevado a una guerra sin cuartel. Y no es el único tesoro que se disputan ambos bandos y sus aliados internacionales. Además de las tierras fértiles y el ganado, que interesan a Arabia Saudí y Egipto, hay otra riqueza de Sudán que coloca a Estados Unidos y Europa en el centro del conflicto: la goma arábiga. Su importancia siempre ha sido crucial. En los años 90, cuando EE.UU. prohibió las exportaciones del país africano al calificarlo de “estado que financia el terrorismo” excluyó expresamente esta resina extraída de las acacias con propiedades emulsionantes, presente en cientos de productos del supermercado. El veto habría sido fatal: Sudán proporciona el 80% de la oferta mundial de goma arábiga.

La guerra ha aprovechado esa gran demanda. El contrabando de goma arábiga desde ambos bandos, un comercio tradicionalmente opaco, ha disparado sus cifras: pese a que la variedad más demandada, la hashab, ha multiplicado por seis su precio por la guerra, en el año 2024 Europa importó casi 20.000 toneladas de goma arábiga sudanesa, un 62% más que el año anterior, con Alemania y Francia como principales destinos. Además, el contrabando se practica sin cuartel, ya que países vecinos como Egipto, Eritrea o Chad se han convertido en nuevos exportadores con más de 4000 toneladas en total.

“El oro constituye la mayor fuente de ingresos de ambos bandos”, dice el experto Suliman Baldo

Aunque las grandes farmacéuticas o multinacionales de bebidas y cosmética aseguran vigilar el origen de sus compras, Esther Bijl, coautora del informe Cómo el comercio de goma arábiga alimenta el conflicto en Sudán denuncia indiferencia. “Cada día, millones de consumidores europeos visitan sus tiendas sin saber que muchos de los productos que compran contienen goma procedente de Sudán, donde milicias armadas están cometiendo atrocidades a gran escala. Nuestra investigación indica una alta probabilidad de que estos grupos se beneficien del comercio de goma arábiga”.

El activista sudanés Gurashi Mirghani, quien formó parte de los comités de resistencia populares que derrocaron en el 2019 al dictador Omar el Bashir, resume en una frase la guerra de rapiña con la que tanto actores nacionales como internacionales han llevado al desastre a su querida Sudán. “Nuestras riquezas han sido una vez más nuestra maldición”.

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