Máximo Huerta relata la mala experiencia tras su dimisión como ministro: “La crítica la puedo entender, pero la deshumanización no”

La de Máximo Huerta es una de esas historias que sorprenden a propios y extraños. El escritor valenciano se convirtió en una de las caras más prominentes de la televisión española, al formar tándem con Ana Rosa Quintana en Telecinco. El oriundo de Utiel fue su mano derecha en El programa de Ana Rosa entre 2005 y 2015, antes de virar hacia la literatura. En 2014 ya había ganado el Premio Primavera de Novela con La noche soñada, pero el momento más trascendental de su vida se produjo el 6 de junio de 2018.

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 El escritor valenciano se sinceró sobre los ocho días que pasó en el primer ejecutivo de Pedro Sánchez  

La de Máximo Huerta es una de esas historias que sorprenden a propios y extraños. El escritor valenciano se convirtió en una de las caras más prominentes de la televisión española, al formar tándem con Ana Rosa Quintana en Telecinco. El oriundo de Utiel fue su mano derecha en El programa de Ana Rosa entre 2005 y 2015, antes de virar hacia la literatura. En 2014 ya había ganado el Premio Primavera de Novela con La noche soñada, pero el momento más trascendental de su vida se produjo el 6 de junio de 2018.

Fue entonces que Pedro Sánchez le nombró ministro de Cultura y Deportes en su primer gobierno. Un cargo en el que, inesperadamente, aguantó una sola semana. El día 14, Huerta presentó su dimisión al descubrirse una condena de Hacienda por tributar sus ingresos a través de una sociedad, entre los años 2006 y 2008. Una práctica otrora común entre colaboradores televisivos, pero que le ha perseguido hasta su debut en La Mesa, el nuevo programa de actualidad de Antena 3 presentado por Cristina Pardo.

La escena arrancó con la llegada de Huerta al plató, pidiendo un cambio de silla: “¿Te puedo pedir una cosa? Me quiero cambiar de silla. La de Iván Redondo no, me lo vas a permitir. Me va a dar mala suerte. Coincidí con él en uno de los momentos más fuertes de mi vida y al sentarme me ha dado un mal rollo…”. Redondo fue jefe de gabinete de Sánchez en aquel gobierno del que dimitió, lo cual le dio pie a hablar de lo mal que lo pasó. Uno de los aspectos más complicados fue lidiar con la presión mediática y los distintos prejuicios.

“En el momento en que se anunció mi nombre, sabía que iba a ir mal la cosa, por la forma en la que se hizo. En cuanto acaba, ya empieza una crisis mental. Gorda, muy gorda, de desmayarte en aeropuertos. Pasas a ser solo un titular. La crítica la puedo entender, pero la deshumanización no. Era una deshumanización terrorífica, con prejuicio, con homofobia…”, lamentó. La experiencia de ver cómo susurraban sobre su supuesto “sueldo vitalicio” durante un viaje en AVE no hizo más que agravar los síntomas y acontecimientos a su alrededor.

Máximo Huerta
Máximo HuertaREDACCIÓN / Terceros

Un cúmulo catastrófico

“Me encerré, perdí la espontaneidad, la naturalidad, la libertad de expresión… Gané un montón de pastillas, psicólogos, miedo… Perdí amigos y tenía miedo a salir a la calle. Una mirada que a lo mejor era de solidaridad no la identificas, no eres capaz de entender por qué te están mirando”, relataba. Asimismo, también lanzó un mensaje contra el actual presidente del Gobierno, ya que en su momento se preguntaba por qué su caída se produjo de aquella manera.

“Al principio buscaba culpables. El principal culpable era Pedro. Porque es un tramposo, porque aquello fue ruin. Ese día no me llamó nadie. Con el tiempo te das cuenta de que eso es un uso. No tengo ningún rencor, pero estos días veo cosas y me pregunto cómo es la vara de medir para los errores, cuándo caduca un error”, reflexionó.

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