A veces los recuerdos pueden ser traicioneros y no conviene cogerlos como referencia en el presente. La memoria puede jugar una mal pasada. La Sierra de la Pandera lo demostró en la lucha por la Vuelta a España. Convirtió en un espejismo la idea de repetir victorias y ataques de insurgentes. Que una vez saliese bien no significa que siempre vaya a ser así, aunque sí que existen puertos que son talismanes.
El esloveno entra en crisis en la parte final de la Sierra de la Pandera y el líder, muy sólido, no le perdona
A veces los recuerdos pueden ser traicioneros y no conviene cogerlos como referencia en el presente. La memoria puede jugar una mal pasada. La Sierra de la Pandera lo demostró en la lucha por la Vuelta a España. Convirtió en un espejismo la idea de repetir victorias y ataques de insurgentes. Que una vez saliese bien no significa que siempre vaya a ser así, aunque sí que existen puertos que son talismanes.
Hace cuatro años, la subida del puerto jienense sonrió a Carapaz, que ganó la etapa, y a Roglic, que le sacó 50 segundos a Evenepoel, que era el líder (y quien terminó ganando la Vuelta). Pero ya no son los mismos, ni Carapaz ni Roglic, cuatro años mayor, que ya tiene 36. El tiempo no pasa en balde.
Los recuerdos son bonitos pero el pasado no puede volver. Sobretodo si hay alguien no le deja. De eso se encargó Enric Mas, ejemplo viviente de que las cosas pueden cambiar. Sus sensaciones son inmejorables y a cada oportunidad que la carrera le brinda consigue aumentar su botín. Como una hormiguita, el ciclista del Movistar va consiguiendo segundos. Un puñado en Aitana, otro montoncito en Calar Alto y un fajo más en La Pandera, donde desnudó a Roglic y le rascó 25 segundos, lo necesario para sobrepasar la barrera psicológica de los dos minutos en la clasificación.
El tiempo es oro para Mas, que va haciendo acopio de cara a la contrarreloj de Jerez, esos 32 kilómetros que sobre el papel son tan favorables a Roglic, que incluso perdió la segunda posición en favor de Gall.
Carapaz es de los que muere por su valentía. Lo intentó en la parte más dura, ya dentro de los cinco km, donde el asfalto rugoso y mal asfaltado hace que cueste coger la rueda del de delante. Esas fuerzas las echará de menos al final.
Roglic también sabe lo que es hacer daño en La Pandera y abandona su perfil bajo para enseñar los dientes. El tetracampeón de la Vuelta quiere infundir respeto y decir que va a más y por un momento consigue que se lo crean los otros tres candidatos. Pero al que no engaña es a Raúl García Pierna, el compañero de Mas, que venía de la fuga –donde el alemán Brenner ganará a los colombianos Buitrago y Sosa y al español Cristian Rodríguez–, y es alcanzado en la pancarta de dos para meta.
El gregario ve la debilidad del esloveno y se pone a tirar enfurismado para abrir hueco. Y Roglic y Carapaz sufren y se abren. Entran en crisis. Mientras Mas y Gall, los dos más escaladores, ven la situación y van a por todas. No pueden perdonar al veterano del Red Bull, por si acaso.
El final se le hace eterno a Roglic, que primero los ve pero después ya no. Los segundos se le escurren. Mas saca otros 25s en la meta, donde se abraza con García Pierna y le da una golpes en el casco. “Siempre nos abrazamos todos pero les tengo que dar las gracias por lo que están haciendo por mí”, dice el líder, que ya suma una semana de rojo tras el adiós de Pogacar. “Sinceramente tenía malos recuerdo del 2022, cuando Roglic me metió 30 segundos. Hoy ha sido diferente por suerte”, se felicita Mas, que no esconde que vive un momento dulce y no se quiere preocupar. “Lo difícil es cuando no tienes las fuerzas y las piernas”. El mallorquín tiene vía libre.
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