Los coches sufren más averías en verano y con el calor: ¿Mito o realidad?

Con la llegada de las vacaciones estivales y las oleadas de desplazamientos masivos por carretera, surge una duda recurrente entre los conductores: ¿sufren realmente más los vehículos en verano o es solo una percepción?. Los datos de los talleres de asistencia confirman que no es una leyenda urbana: las incidencias mecánicas y electrónicas experimentan un repunte de hasta un 8% entre los meses de junio y agosto en comparación con el resto del año. El calor extremo actúa como un enemigo silencioso que somete a los componentes del automóvil a un estrés térmico extremo, convirtiendo los trayectos largos con el coche cargado en una auténtica prueba de resistencia.Este desafío térmico no discrimina por tipo de motorización, afectando tanto a los vehículos tradicionales como a los electrificados. En los coches de gasolina y diésel, el termómetro al alza castiga de forma crítica a la batería de arranque, los neumáticos —con un peligro real de reventón sobre asfaltos que superan los 60 °C— y el sistema de refrigeración. Por su parte, los vehículos eléctricos e híbridos se enfrentan a la pérdida de hasta un 15% de su autonomía y a procesos de recarga notablemente más lentos, ya que sus sistemas de gestión se ven obligados a desviar una gran cantidad de energía solo para enfriar las baterías de litio y proteger su vida útil.Muchos conductores preparan sus maletas con absoluta minuciosidad, pero olvidan por completo realizar una puesta a punto básica de su vehículo. Dedicar unos minutos a verificar los puntos críticos del coche antes de emprender la marcha no solo previene las averías más costosas y comunes de la temporada estival, sino que garantiza la seguridad y la tranquilidad de todos los pasajeros en la carretera.El calor extremo actúa como un enemigo silencioso que somete a los componentes del vehículo a un estrés térmico extremo. Combinado con viajes largos, retenciones bajo el sol y el coche cargado al límite, el verano se convierte en la auténtica «prueba de fuego» para la fiabilidad del automóvil, sin importar su tecnología de propulsión.Para los vehículos de gasolina y diésel, los expertos de Norauto señalan los tres elementos críticos que más sufren con el termómetro al alza. Primero la batería de arranque (12V), porque el calor extremo acelera la evaporación del agua del electrolito y precipita la corrosión interna de las placas, provocando que muchas baterías que ya estaban débiles «caigan» definitivamente al intentar arrancar tras horas al sol.Luego, los neumáticos, con peligro de reventón. Con el asfalto superando los 60ºC, circular con una presión inferior a la recomendada deforma la banda de rodadura y multiplica la fricción, elevando críticamente el riesgo de sufrir un reventón con el coche cargado.Y, en tercer lugar, el sistema de refrigeración. Si el líquido refrigerante está degradado o el radiador obstruido, el motor no puede disipar su propio calor, lo que deriva en los temidos «calentones», una de las averías más costosas de reparar.«Muchos conductores preparan la maleta meticulosamente, pero se olvidan por completo de preparar el coche, sea de la tecnología que sea», afirma Xavier Celda , responsable de Mercado especialista en Taller de Norauto España, quien remarca que «una revisión preventiva que apenas toma 30 minutos en el taller puede marcar la diferencia entre disfrutar del destino de vacaciones o pasar las primeras horas de descanso esperando a una grúa en el arcén».Híbridos y eléctricosExiste la falsa creencia de que los vehículos eléctricos (EV) e híbridos, al prescindir total o parcialmente de la mecánica térmica tradicional, son «inmunes» a los problemas del verano. Sin embargo, Norauto advierte de que las altas temperaturas son, de hecho, el mayor enemigo de las baterías de alta tensión (de iones de litio o LFP).El rango óptimo de funcionamiento de una batería de litio se sitúa entre los 20ºC y los 35ºC. Cuando el termómetro exterior supera los 40ºC, el vehículo se ve obligado a destinar una cantidad ingente de energía a refrigerar su propio sistema de celdas para evitar la degradación y el temido sobrecalentamiento.Esto provoca dos efectos inmediatos en los viajes de verano, como la pérdida notable de autonomía. Al tener que enfriar la batería de tracción al mismo tiempo que se climatiza el habitáculo a pleno rendimiento, el consumo eléctrico se dispara, reduciendo la autonomía por carga entre un 10% y un 15%. Y también cargas más lentas. Durante un viaje largo, al detenerse en un punto de carga rápida, el sistema de gestión del coche (BMS) limitará de forma automática la velocidad de carga si la batería está demasiado caliente. Esto se hace para proteger la vida útil del componente, pero alarga los tiempos de espera del conductor.MÁS INFORMACIÓN noticia No Asfalto a 60 grados y habitáculo a 80, la prueba de fuego para el conductor y el coche noticia Si La DGT cambia las reglas en los atascos: la maniobra que exigirá a todos los conductores en las retenciones a partir de octubreAdemás, los vehículos híbridos combinan la complejidad de ambos mundos: cuentan con los retos térmicos de la batería eléctrica y las necesidades de refrigeración de un motor de combustión tradicional. Con la llegada de las vacaciones estivales y las oleadas de desplazamientos masivos por carretera, surge una duda recurrente entre los conductores: ¿sufren realmente más los vehículos en verano o es solo una percepción?. Los datos de los talleres de asistencia confirman que no es una leyenda urbana: las incidencias mecánicas y electrónicas experimentan un repunte de hasta un 8% entre los meses de junio y agosto en comparación con el resto del año. El calor extremo actúa como un enemigo silencioso que somete a los componentes del automóvil a un estrés térmico extremo, convirtiendo los trayectos largos con el coche cargado en una auténtica prueba de resistencia.Este desafío térmico no discrimina por tipo de motorización, afectando tanto a los vehículos tradicionales como a los electrificados. En los coches de gasolina y diésel, el termómetro al alza castiga de forma crítica a la batería de arranque, los neumáticos —con un peligro real de reventón sobre asfaltos que superan los 60 °C— y el sistema de refrigeración. Por su parte, los vehículos eléctricos e híbridos se enfrentan a la pérdida de hasta un 15% de su autonomía y a procesos de recarga notablemente más lentos, ya que sus sistemas de gestión se ven obligados a desviar una gran cantidad de energía solo para enfriar las baterías de litio y proteger su vida útil.Muchos conductores preparan sus maletas con absoluta minuciosidad, pero olvidan por completo realizar una puesta a punto básica de su vehículo. Dedicar unos minutos a verificar los puntos críticos del coche antes de emprender la marcha no solo previene las averías más costosas y comunes de la temporada estival, sino que garantiza la seguridad y la tranquilidad de todos los pasajeros en la carretera.El calor extremo actúa como un enemigo silencioso que somete a los componentes del vehículo a un estrés térmico extremo. Combinado con viajes largos, retenciones bajo el sol y el coche cargado al límite, el verano se convierte en la auténtica «prueba de fuego» para la fiabilidad del automóvil, sin importar su tecnología de propulsión.Para los vehículos de gasolina y diésel, los expertos de Norauto señalan los tres elementos críticos que más sufren con el termómetro al alza. Primero la batería de arranque (12V), porque el calor extremo acelera la evaporación del agua del electrolito y precipita la corrosión interna de las placas, provocando que muchas baterías que ya estaban débiles «caigan» definitivamente al intentar arrancar tras horas al sol.Luego, los neumáticos, con peligro de reventón. Con el asfalto superando los 60ºC, circular con una presión inferior a la recomendada deforma la banda de rodadura y multiplica la fricción, elevando críticamente el riesgo de sufrir un reventón con el coche cargado.Y, en tercer lugar, el sistema de refrigeración. Si el líquido refrigerante está degradado o el radiador obstruido, el motor no puede disipar su propio calor, lo que deriva en los temidos «calentones», una de las averías más costosas de reparar.«Muchos conductores preparan la maleta meticulosamente, pero se olvidan por completo de preparar el coche, sea de la tecnología que sea», afirma Xavier Celda , responsable de Mercado especialista en Taller de Norauto España, quien remarca que «una revisión preventiva que apenas toma 30 minutos en el taller puede marcar la diferencia entre disfrutar del destino de vacaciones o pasar las primeras horas de descanso esperando a una grúa en el arcén».Híbridos y eléctricosExiste la falsa creencia de que los vehículos eléctricos (EV) e híbridos, al prescindir total o parcialmente de la mecánica térmica tradicional, son «inmunes» a los problemas del verano. Sin embargo, Norauto advierte de que las altas temperaturas son, de hecho, el mayor enemigo de las baterías de alta tensión (de iones de litio o LFP).El rango óptimo de funcionamiento de una batería de litio se sitúa entre los 20ºC y los 35ºC. Cuando el termómetro exterior supera los 40ºC, el vehículo se ve obligado a destinar una cantidad ingente de energía a refrigerar su propio sistema de celdas para evitar la degradación y el temido sobrecalentamiento.Esto provoca dos efectos inmediatos en los viajes de verano, como la pérdida notable de autonomía. Al tener que enfriar la batería de tracción al mismo tiempo que se climatiza el habitáculo a pleno rendimiento, el consumo eléctrico se dispara, reduciendo la autonomía por carga entre un 10% y un 15%. Y también cargas más lentas. Durante un viaje largo, al detenerse en un punto de carga rápida, el sistema de gestión del coche (BMS) limitará de forma automática la velocidad de carga si la batería está demasiado caliente. Esto se hace para proteger la vida útil del componente, pero alarga los tiempos de espera del conductor.MÁS INFORMACIÓN noticia No Asfalto a 60 grados y habitáculo a 80, la prueba de fuego para el conductor y el coche noticia Si La DGT cambia las reglas en los atascos: la maniobra que exigirá a todos los conductores en las retenciones a partir de octubreAdemás, los vehículos híbridos combinan la complejidad de ambos mundos: cuentan con los retos térmicos de la batería eléctrica y las necesidades de refrigeración de un motor de combustión tradicional.  

Con la llegada de las vacaciones estivales y las oleadas de desplazamientos masivos por carretera, surge una duda recurrente entre los conductores: ¿sufren realmente más los vehículos en verano o es solo una percepción?. Los datos de los talleres de asistencia confirman que no es … una leyenda urbana: las incidencias mecánicas y electrónicas experimentan un repunte de hasta un 8% entre los meses de junio y agosto en comparación con el resto del año. El calor extremo actúa como un enemigo silencioso que somete a los componentes del automóvil a un estrés térmico extremo, convirtiendo los trayectos largos con el coche cargado en una auténtica prueba de resistencia.

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