Las colas en los colegios de todo Israel marcaron una jornada electoral con la participación más alta de las últimas décadas. “Estas son las elecciones más importantes de mi vida”, explica a La Vanguardia Yoram, de 81 años y voluntario de Los Demócratas, el partido encabezado por Yair Golan.
Las colas en los colegios de todo Israel marcaron una jornada electoral con la participación más alta de las últimas décadas. “Estas son las elecciones más importantes de mi vida”, explica a La Vanguardia Yoram, de 81 años y voluntario de Los Demócratas, el partido encabezado por Yair Golan. Seguir leyendo…
Las colas en los colegios de todo Israel marcaron una jornada electoral con la participación más alta de las últimas décadas. “Estas son las elecciones más importantes de mi vida”, explica a La Vanguardia Yoram, de 81 años y voluntario de Los Demócratas, el partido encabezado por Yair Golan.
Anima a los votantes que acuden a votar en el norte de Jafa, en Tel Aviv, un barrio donde conviven israelíes seculares y una gran población árabe. “Nací tres años antes de la fundación del Estado de Israel, y puedo afirmar que esta es la peor época que ha vivido este país”, añade.
Al cierre de los colegios, a las diez de la noche, el bloque opositor lidera los sondeos a pie de urna con el Likud de Netanyahu como partido más votado; ninguno de los dos bloques tienen una clara mayoría.
Ariel, de 18 años, votó por primera vez. Tenía 15 años el 7 de octubre de 2023 y pronto empezará el servicio militar. No quiere marcharse del país, explica a este diario, sino cambiarlo, para que su generación no esté condenada a una guerra permanente.
La movilización fue aún mayor en las poblaciones árabes, donde muchos de los dos millones de palestinos con pasaporte israelí votaron por primera vez. “Siempre he hecho boicot a las elecciones”, dice Maher, palestino de Jafa, a las puertas de su colegio electoral, “pero en estos últimos años he sentido que el racismo ha aumentado, y después de lo que ha pasado en Gaza, sólo quiero que cambie este gobierno”.
En la ciudad beduina de Rahat, en el desierto del Néguev, a las cuatro de la tarde ya había votado el 60,6% del censo, la misma cifra que en toda la jornada de 2022. En la cercana Segev Shalom, algunos vecinos esperaron más de cuatro horas, y otros se marcharon a casa sin votar. Sus colegios reciben también a habitantes de aldeas beduinas que Israel no reconoce, que recorrieron decenas de kilómetros para depositar su papeleta.
El voto árabe ha sido históricamente bajo. En 2021, apenas acudió a las urnas el 44,6% de los votantes de las localidades árabes. Este año, a la indignación por la guerra de Gaza se sumó el intento de la Comisión Electoral Central de vetar a las dos listas árabes, una decisión que el Tribunal Supremo anuló a principios de octubre.
A las ocho de la tarde había votado el 74,3% del censo, más de 5,4 millones de israelíes, ocho puntos más que en 2022 a la misma hora. Sólo en los feudos del Likud en la periferia, como Bat Yam, Kiryat Shmona o Beersheva, la afluencia se quedó por debajo de la media durante buena parte del día. Incluso en las cárceles votó casi el 89% de los presos, y decenas de miles de israelíes residentes en el extranjero volaron al país para votar.
Netanyahu, que votó en Jerusalén, respondió con una campaña de alarma. En casi una docena de mensajes en redes sociales, difundió fotografías de ciudadanos árabes en los colegios junto a imágenes de urnas supuestamente vacías en bastiones de la derecha. “Están intentando robarnos las elecciones”, aseguró en un vídeo, sin aportar ninguna prueba. No es la primera vez. En 2015, el día de los comicios, ya alertó de que los votantes árabes acudían a las urnas “en masa”.
El primer ministro llegó a afirmar que la policía había sorprendido a tres altos cargos de la Lista Árabe Unida (Ra’am) con sobres de dinero en el sur del país. El partido confirmó la detención de tres activistas, pero negó que fueran dirigentes y calificó los arrestos de infundados. Sus socios se sumaron a la alarma. Bezalel Smotrich habló de “una emergencia para la derecha” y aseguró que la participación árabe era la más alta en 53 años. El líder ultraortodoxo Arie Deri advirtió de un “peligro real para el judaísmo”.
Por la tarde, el Likud y sus aliados pidieron alargar una hora la votación. La oposición vio en la petición un intento de sembrar dudas sobre el resultado. “La solicitud pretende preparar el terreno para cuestionar la integridad de las elecciones”, denunció Yashar. La Comisión Electoral rechazó la petición y atribuyó la alta participación a “la gran implicación del público en el proceso democrático”.
La jornada estuvo salpicada de denuncias. Una ONG de observación electoral acusó a representantes del Likud de compartir en un grupo de WhatsApp el número de personas que habían votado, una práctica que el Tribunal Supremo prohibió la semana pasada. Ra’am denunció cortes de luz en dos localidades beduinas donde tiene un fuerte apoyo. Varios partidos se quejaron de papeletas rotas o manchadas, y la Comisión ordenó contarlas siempre que el voto se pudiera identificar. En Netanya, el partido de Avigdor Lieberman denunció que simpatizantes de Itamar Ben Gvir agredieron a sus activistas y destrozaron su puesto de campaña.
A dos horas del cierre, Mansour Abbas, líder de Ra’am, hizo un último llamamiento. “Dos horas nos separan del fin de cuatro años de desastres, muertes y destrucción”, dijo. “Este gobierno llegó al poder a través de las urnas, y será apartado del poder a través de las urnas”.
La batalla continuará en los próximos días. Según el canal israelí Canal 12, Netanyahu tiene preparado un discurso para reclamar el encargo de formar gobierno si el Likud es el partido más votado, aunque el bloque de Eisenkot sume más escaños. El exjefe del Ejército defenderá lo contrario, y para sumar una mayoría necesitará el apoyo de los partidos árabes. El líder de la Lista Conjunta, Yousef Jabareen, ya ha prometido respaldar desde fuera cualquier gobierno que sustituya a Netanyahu. La decisión estará en manos del presidente, Isaac Herzog, que tras consultar a los partidos deberá elegir al candidato con más opciones de formar una coalición.
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