Eisenkot deberá romper sus promesas electorales si quiere gobernar

Gadi Eisenkot esperaba ser la fuerza más votada con Yashar. Pero al exjefe del Ejército israelí le ha pasado por la derecha el Likud de Beniamin Netanyahu, que, pese a arrastrar duras críticas por su gestión del 7 de octubre, ha quedado primero en las elecciones al parlamento.

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 El líder de la oposición se queda corto y depende de los árabes para formar una mayoría alternativa al primer ministro Netanyahu, que encabeza la lista más votada en las legislativas  

Gadi Eisenkot esperaba ser la fuerza más votada con Yashar. Pero al exjefe del Ejército israelí le ha pasado por la derecha el Likud de Beniamin Netanyahu, que, pese a arrastrar duras críticas por su gestión del 7 de octubre, ha quedado primero en las elecciones al parlamento.

Con más del 85% escrutado, aún falta por contabilizar hasta 480.000 votos de soldados, policías, presos y personal de embajadas. Puede que algún escaño baile, pero no la aritmética de bloques. Los aliados de Netanyahu suman 53 diputados, a ocho de la mayoría absoluta. La oposición sionista obtiene 48, y los partidos árabes, 19, su mejor resultado histórico.

La movilización récord de los palestinos con nacionalidad israelí ha dejado a Eisenkot ante una encrucijada. Sin la Lista Conjunta y Ra’am no puede gobernar, y con ellos tendría que romper su principal promesa de campaña. “Ra’am no estará en mi gobierno”, advirtió el exgeneral, que calificó los sondeos a pie de urna de “un voto de censura total contra Netanyahu y el gobierno del 7 de octubre”.

La noche electoral, Eisenkot habló de “una victoria de la mayoría sionista responsable”. Horas después, se dirigió a los responsables de las instituciones del Estado con un mensaje inequívoco. “Netanyahu es un primer ministro de transición, sin mandato y sin confianza. Recordad que sólo estáis al servicio del Estado y de los ciudadanos de Israel”.

La primera opción para desalojarle es un gobierno en minoría, sostenido desde fuera por la abstención o el voto directo de las formaciones árabes. Ya ocurrió en 1993, cuando Isaac Rabin gobernó con 56 diputados gracias al apoyo externo de los partidos árabes. Ra’am, que en 2021 se convirtió en el primer partido árabe en entrar en un gobierno israelí, está dispuesto a repetir. La Lista Conjunta ofrece su respaldo desde fuera. La oposición puede formar gobierno “si quiere, si es lo bastante valiente”, desafió su candidato Ahmad Tibi.

La primera opción para desalojar a Netanyahu es un gobierno en minoría, sostenido desde fuera por la abstención o el voto directo de los partidos árabes

El precio para Eisenkot sería alto. Una parte de su propio partido, con diputados de derechas y religiosos, rechaza depender de los votos árabes. El último gobierno que lo hizo, el de Naftali Bennett, se desmoronó en 2022 por las deserciones de sus diputados más conservadores.

La segunda opción es una gran coalición con el Likud y Netanyahu como primer ministro, algo que Eisenkot también descartó en campaña. El precedente no invita al optimismo. En 2020, Benny Gantz aceptó un gobierno de rotación con Netanyahu, que se rompió antes de que llegara su turno.

En ambos casos, Eisenkot se sentiría incómodo. La alternativa es una repetición electoral en unos meses, sin garantía de que la participación árabe vuelva a ser tan alta.

Su bloque tampoco habla con una sola voz. El líder de Los Demócratas, Yair Golan, es el único que defiende abiertamente pactar con las formaciones palestinas. “No tenemos futuro aquí si no dejamos de tener miedo y no acabamos con el racismo”, escribió en la red social X. “El voto de un ciudadano israelí en Tira vale exactamente lo mismo que el de uno en Givat Shmuel”.

En el otro extremo está Avigdor Lieberman. El líder de Yisrael Beitenu, que llegó a compartir gobierno con Ra’am, descarta ahora cualquier alianza con los partidos árabes, y su negativa podría empujarle a cambiar de bloque. Bennett, socio de Eisenkot, también se ha opuesto a sentarse con ellos tras el 7 de octubre.

Netanyahu, mientras tanto, afronta las negociaciones a la ofensiva. El Likud asegura que las elecciones han sido “robadas” por los partidos árabes y ha pedido a la policía y al Shin Bet que investiguen un supuesto fraude masivo. La Comisión Electoral Central rechazó las acusaciones, aunque promete revisar todas las denuncias.

El primer ministro insiste en que las elecciones han sido “robadas” por las formaciones árabes y ha solicitado investigar un supuesto fraude masivo

Al mismo tiempo, el primer ministro ha tendido la mano a Eisenkot para formar un gobierno de unidad, y su partido ha contactado con Ra’am, según su líder, Mansour Abbas. No sería la primera vez. En 2021, fue el propio Netanyahu quien cortejó a Abbas antes de que el islamista entrara en el gobierno de Bennett.

El primer ministro cuenta además con un aliado en Washington. Donald Trump aseguró que estudiará presionar para formar un gobierno de unidad encabezado por Netanyahu, y presumió de que su apoyo “marcó una gran diferencia para Bibi”.

La última palabra la tendrá el presidente, Isaac Herzog, que ha pedido a los partidos que negocien “con la mente abierta” para evitar unas nuevas elecciones.

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