El banco central eleva tipos por primera vez en tres años para contener el alza de los precios. Eleva también sus estimaciones para la inflación hasta el 3% para finales de año, y en un escenario severo llegará al 4% Leer El banco central eleva tipos por primera vez en tres años para contener el alza de los precios. Eleva también sus estimaciones para la inflación hasta el 3% para finales de año, y en un escenario severo llegará al 4% Leer
La larga travesía por el desierto que iniciaron las familias europeas allá por 2021, cuando la cesta de la compra se encarecía a un ritmo de doble dígito, no ha terminado. Las últimas proyecciones elaboradas por el Banco Central Europeo (BCE) en el mes de junio no solo empeoran el crecimiento de la Eurozona para los próximos tres años, sino que estiman una inflación de vuelta a niveles del 3% a cierre de año en el escenario base -en el más severo se iría a cotas del 4% este año y del 5,3% en 2027-. La traducción de estas cifras para el bolsillo del ciudadano de a pie es un menor poder adquisitivo, no solo porque el coste de la vida va a seguir aumentando, sino porque su capacidad para financiarse va a ser menor y más cara.
En el nuevo cuadro macroeconómico que dibuja el BCE destaca la subida del precio del petróleo. El organismo es más pesimista que el propio mercado al descontar un barril de Brent, el de referencia en Europa, sobre los 97 dólares a finales de año. Los futuros del crudo continental para el mes de diciembre se están intercambiando a unos 10 dólares por debajo -sobre los 87 dólares/barril-, tras el repunte que protagoniza los últimos días en los que la tensión se ha intensificado ante nuevos ataques entre EEUU, Israel e Irán y sus aliados. Desde que comenzó el conflicto, el pasado 28 de febrero, el banco central ha revisado al alza en 45,8 dólares el precio del barril de Brent, pasando de los 51 dólares de finales del año pasado a rozar en la actualidad la cifra redonda de 100 dólares por barril, tras sendas subidas de 31,8 y 19,2 dólares cada trimestre.
La cuestión es que la guerra en Irán ha dejado de tener un impacto temporal sobre las previsiones del banco central y plantea un coste elevado de los carburantes durante los próximos años, a tenor de que un 20% del suministro de petróleo y gas pasa por el estrecho de Ormuz, que permanece bloqueado 100 días después del inicio del conflicto. De cara a 2027 el Brent podría mantener un coste superior a los 82 dólares (14 por encima de las estimaciones previas) y de hasta 77 dólares en el año 2027. Respecto al precio del gas, el BCE modera el alza prevista para 2026 hasta los 45,6 euros el megavatio hora, ligeramente inferior (3 dólares) a los futuros que se compran ahora para el mes de julio, según la ICE europea.
«El shock energético está durando más de lo que se esperaba y estamos viendo cómo está impactando en el resto de la economía, con costes directos e indirectos», señaló Lagarde a preguntas de los periodistas. «No debemos y no estamos siendo complacientes», respondió la presidenta preguntada por el parón de 12 meses en los cambios en política monetaria.
No obstante, Christine Lagarde volvió a dar un toque de atención a los gobiernos que tengan aprobadas medidas fiscales para subvencionar a la ciudadanía parte del alza del precio de los carburantes, como es el caso de España. Insistió, una vez más, en que debe ser limitadas y acotadas a un periodo de tiempo concreto. Los precios de la energía en la zona euro siguen disparados. En abril subieron otro 10,9% en su tasa interanual, colaborando al alza del IPC comunitario hasta niveles del 3,2%. Mientras, el Euribor, índice que se emplea en la concesión de hipotecas para referenciar su precio, cerró sobre el 2,8% y va camino de escalar aún más en junio. Ayer se situaba sobre el 2,84%. Es su nivel más alto desde septiembre de 2024.
El panorama para los hogares es desolador si se tiene en cuenta el encarecimiento constante del coste de la vida desde 2021 a un ritmo elevado y sobre el que no se intuye el final. Para 2026 el BCE proyecta una caída del consumo de los hogares, que fue uno de los motores de crecimiento de la zona euro en 2025, precisamente debido a un empeoramiento de su poder adquisitivo y a una menor confianza en el rumbo de la economía, lo que retrae también el gasto de los hogares en bienes como automóviles, electrodomésticos y todo aquello que suponga un desembolso importante en la economía familiar. «La confianza del consumidor se ha debilitado notablemente desde el inicio de la guerra en Oriente Medio», sostiene el BCE en su informe.
El banco central empeora en dos décimas su previsión de consumo privado para 2026, hasta el 0,8%, y se resentirá también el próximo año. Su contribución al crecimiento de un PIB débil, dado que el crecimiento que se prevé es ya inferior al 1% para la zona euro, será de 1,1 puntos porcentuales, menos de lo que se esperaba y a pesar de haber sido el verdado viento de cola de la economía comunitaria doce meses atrás, con el desempleo en mínimos históricos y un gasto en servicios disparado. Hoy la creación de puestos de trabajo está dando las primeras señales de debilitamente, según reconoció ayer Lagarde, y se reduce considerablemente la capacidad de ahorro de los hogares, que aumentará de manera muy modesta un 0,3% este año, según las últimas previsiones. Esto supone un duro golpe al poder adquisitivo de las familias. Su tasa de ahorro sobre la renta disponible caerá por primera vez en tres años, y volverá a niveles del 14,1%, mínimos del año 2022.
A ello se suma un aumento de los costes de financiación para hogares y empresa. No es una novedad, ya que los bancos españoles llevaban reconociendo un encarecimiento de sus préstamos desde inicios del año. Ya se habían anticipado al cambio. El BCE, cumpliendo con el guion, aumentó ayer y por primera vez desde 2023 las tres tasas oficiales de referencia que utilizan las entidades financieras como referencia para remunerar el ahorro a través de los depósitos (aunque en España van algo por detrás, con una oferta casi inexistente), y también se emplea para definir el tipo al que se conceden hipotecas y préstamos al consumo.
De este modo, el BCE aprobó por unanimidad aumentar en 0,25 puntos los tres tipos de referencia de la zona euro, llevando la facilidad de depósito hasta el 2,25%; el tipo de refinanciación principal al 2,4% de vuelta y el de la facilidad marginal de préstamo al 2,65%. Frente a las críticas de quienes consideran que subir los tipos no logrará tener el impacto que el BCE busca, Lagarde aseguró que ninguno de los miembros del consejo ni los analistas del BCE tuvieron sobre la mesa otra opción que no fuera la de elevar las tasas de referencia. «El mayor riesgo hubiera sido no tomar esta decisión», aseveró, y dejar a la inflación «seguir subiendo» con consecuencias «mucho peores».
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