Graham Hill marca la pole y Jim Clark cruza la meta en primera posición con el debutante Lotus 49. Aquel 4 de junio no solo nació un triunfo en el Gran Premio de Países Bajos; se encendió la mecha de la hegemonía más aplastante en la historia del automovilismo. La alianza entre Ford y la ingeniería británica Cosworth acababa de presentar en sociedad el motor DFV (Double Four Valve), un V8 atmosférico de 3.0 litros destinado a reescribir las reglas de la Fórmula 1.A mediados de los años 60, Walter Hayes, director de Relaciones Públicas de Ford Gran Bretaña, vislumbró el escaparate perfecto para proyectar el rendimiento de la marca en la élite. Con una inversión inicial de 100.000 libras, financió el desarrollo de un propulsor encomendado a Keith Duckworth y Mike Costin, fundadores de Cosworth. Nadie previó entonces que esa cifra compraría el billete a la inmortalidad técnica.En la primavera de 1967, la alianza entre Ford y la firma de ingeniería Cosworth dio a luz una obra maestra de la mecánica que transformó para siempre la Fórmula 1: el motor Ford Cosworth DFV (Double Four Valve) FordEl verdadero salto cualitativo del DFV no residió únicamente en la eficiencia de su culata de cuatro válvulas por cilindro, sino en su arquitectura. Concebido junto al genial diseñador de Lotus, Colin Chapman, el bloque V8 se diseñó para actuar como elemento estructural del propio monoplaza. Atornillado directamente al monocasco posterior, el motor soportaba la transmisión y la suspensión trasera. Esta integración eliminó la necesidad de un subchasis posterior, reduciendo drásticamente el peso total e incrementando la rigidez torsional del vehículo: una solución que se convirtió en el estándar técnico que rige la categoría reina hasta nuestros días.El impacto en las cifras define por sí solo el alcance del V8 155 victorias en Grandes Premios oficiales disputados entre 1967 y 1983. 12 Títulos Mundiales de Pilotos. 10 Títulos Mundiales de Constructores.Conscientes de la abrumadora superioridad mecánica exhibida en sus primeros pasos, Ford y Cosworth tomaron una decisión sin precedentes: comercializar el propulsor a cualquier escudería de la parrilla. Aquella apertura democratizó la competición durante la década de los 70 y dio oxígeno a estructuras independientes como Tyrrell, McLaren, Williams, Brabham o March.Jimmy Clark celebra la primera victoria del Ford DFV Ford Por un precio asequible, las escuderías privadas disponían de un corazón mecánico competitivo y fiable con el que plantar cara a los gigantes del deporte.MÁS INFORMACIÓN noticia No «Por fin, Madrid»: Mercedes-Benz celebra la llegada de la Fórmula 1 a la capital noticia No Fórmula 1 en Madrid: el monoplaza de Alpine ‘vuela’ sobre la azotea del Club Financiero Génova noticia No Ibiza, Arona, León y Ateca: un póker de ases que mantiene en lo más alto a la marca SeatEl rugido del Ford Cosworth DFV resonó como la banda sonora indiscutible del Gran Circo durante 16 temporadas. Su último aliento victorioso llegó en el Gran Premio de Detroit de 1983, con el italiano Michele Alboreto al volante de un Tyrrell. Con aquel triunfo se cerró el capítulo del atmosférico más laureado de todos los tiempos, cediendo el testigo a la era del turbo pero dejando un legado imborrable en la ingeniería del motor. Graham Hill marca la pole y Jim Clark cruza la meta en primera posición con el debutante Lotus 49. Aquel 4 de junio no solo nació un triunfo en el Gran Premio de Países Bajos; se encendió la mecha de la hegemonía más aplastante en la historia del automovilismo. La alianza entre Ford y la ingeniería británica Cosworth acababa de presentar en sociedad el motor DFV (Double Four Valve), un V8 atmosférico de 3.0 litros destinado a reescribir las reglas de la Fórmula 1.A mediados de los años 60, Walter Hayes, director de Relaciones Públicas de Ford Gran Bretaña, vislumbró el escaparate perfecto para proyectar el rendimiento de la marca en la élite. Con una inversión inicial de 100.000 libras, financió el desarrollo de un propulsor encomendado a Keith Duckworth y Mike Costin, fundadores de Cosworth. Nadie previó entonces que esa cifra compraría el billete a la inmortalidad técnica.En la primavera de 1967, la alianza entre Ford y la firma de ingeniería Cosworth dio a luz una obra maestra de la mecánica que transformó para siempre la Fórmula 1: el motor Ford Cosworth DFV (Double Four Valve) FordEl verdadero salto cualitativo del DFV no residió únicamente en la eficiencia de su culata de cuatro válvulas por cilindro, sino en su arquitectura. Concebido junto al genial diseñador de Lotus, Colin Chapman, el bloque V8 se diseñó para actuar como elemento estructural del propio monoplaza. Atornillado directamente al monocasco posterior, el motor soportaba la transmisión y la suspensión trasera. Esta integración eliminó la necesidad de un subchasis posterior, reduciendo drásticamente el peso total e incrementando la rigidez torsional del vehículo: una solución que se convirtió en el estándar técnico que rige la categoría reina hasta nuestros días.El impacto en las cifras define por sí solo el alcance del V8 155 victorias en Grandes Premios oficiales disputados entre 1967 y 1983. 12 Títulos Mundiales de Pilotos. 10 Títulos Mundiales de Constructores.Conscientes de la abrumadora superioridad mecánica exhibida en sus primeros pasos, Ford y Cosworth tomaron una decisión sin precedentes: comercializar el propulsor a cualquier escudería de la parrilla. Aquella apertura democratizó la competición durante la década de los 70 y dio oxígeno a estructuras independientes como Tyrrell, McLaren, Williams, Brabham o March.Jimmy Clark celebra la primera victoria del Ford DFV Ford Por un precio asequible, las escuderías privadas disponían de un corazón mecánico competitivo y fiable con el que plantar cara a los gigantes del deporte.MÁS INFORMACIÓN noticia No «Por fin, Madrid»: Mercedes-Benz celebra la llegada de la Fórmula 1 a la capital noticia No Fórmula 1 en Madrid: el monoplaza de Alpine ‘vuela’ sobre la azotea del Club Financiero Génova noticia No Ibiza, Arona, León y Ateca: un póker de ases que mantiene en lo más alto a la marca SeatEl rugido del Ford Cosworth DFV resonó como la banda sonora indiscutible del Gran Circo durante 16 temporadas. Su último aliento victorioso llegó en el Gran Premio de Detroit de 1983, con el italiano Michele Alboreto al volante de un Tyrrell. Con aquel triunfo se cerró el capítulo del atmosférico más laureado de todos los tiempos, cediendo el testigo a la era del turbo pero dejando un legado imborrable en la ingeniería del motor.
Graham Hill marca la pole y Jim Clark cruza la meta en primera posición con el debutante Lotus 49. Aquel 4 de junio no solo nació un triunfo en el Gran Premio de Países Bajos; se encendió la mecha de la hegemonía más aplastante en … la historia del automovilismo.
La alianza entre Ford y la ingeniería británica Cosworth acababa de presentar en sociedad el motor DFV (Double Four Valve), un V8 atmosférico de 3.0 litros destinado a reescribir las reglas de la Fórmula 1.
A mediados de los años 60, Walter Hayes, director de Relaciones Públicas de Ford Gran Bretaña, vislumbró el escaparate perfecto para proyectar el rendimiento de la marca en la élite.
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Con una inversión inicial de 100.000 libras, financió el desarrollo de un propulsor encomendado a Keith Duckworth y Mike Costin, fundadores de Cosworth. Nadie previó entonces que esa cifra compraría el billete a la inmortalidad técnica.

(Ford)
El verdadero salto cualitativo del DFV no residió únicamente en la eficiencia de su culata de cuatro válvulas por cilindro, sino en su arquitectura. Concebido junto al genial diseñador de Lotus, Colin Chapman, el bloque V8 se diseñó para actuar como elemento estructural del propio monoplaza.
Atornillado directamente al monocasco posterior, el motor soportaba la transmisión y la suspensión trasera. Esta integración eliminó la necesidad de un subchasis posterior, reduciendo drásticamente el peso total e incrementando la rigidez torsional del vehículo: una solución que se convirtió en el estándar técnico que rige la categoría reina hasta nuestros días.

El impacto en las cifras define por sí solo el alcance del V8
155 victorias en Grandes Premios oficiales disputados entre 1967 y 1983.
12 Títulos Mundiales de Pilotos.
10 Títulos Mundiales de Constructores.
Conscientes de la abrumadora superioridad mecánica exhibida en sus primeros pasos, Ford y Cosworth tomaron una decisión sin precedentes: comercializar el propulsor a cualquier escudería de la parrilla. Aquella apertura democratizó la competición durante la década de los 70 y dio oxígeno a estructuras independientes como Tyrrell, McLaren, Williams, Brabham o March.

(Ford)
Por un precio asequible, las escuderías privadas disponían de un corazón mecánico competitivo y fiable con el que plantar cara a los gigantes del deporte.
El rugido del Ford Cosworth DFV resonó como la banda sonora indiscutible del Gran Circo durante 16 temporadas. Su último aliento victorioso llegó en el Gran Premio de Detroit de 1983, con el italiano Michele Alboreto al volante de un Tyrrell. Con aquel triunfo se cerró el capítulo del atmosférico más laureado de todos los tiempos, cediendo el testigo a la era del turbo pero dejando un legado imborrable en la ingeniería del motor.
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