El fútbol actual, y el que vendrá, atiende con gran cuidado la información que procede de toda clase de datos, estadísticas y funciones de la inteligencia artificial. Es un modelo cada vez más instalado en las derivadas tecnológicas, no sin algunas aberraciones que amenazan la naturaleza del juego más popular del planeta. Siempre se habla de tendencias en el fútbol, del efecto que produce el éxito, pero ocurre que en ocasiones dos clases distintas de éxito colisionan de manera estrepitosa. Es el caso de España y su victoria en el Mundial, el segundo en 16 años, vinculados a un modelo que choca con las predicciones de los futurólogos.
El fútbol actual, y el que vendrá, atiende con gran cuidado la información que procede de toda clase de datos, estadísticas y funciones de la inteligencia artificial. Es un modelo cada vez más instalado en las derivadas tecnológicas, no sin algunas aberraciones que amenazan la naturaleza del juego más popular del planeta. Siempre se habla de tendencias en el fútbol, del efecto que produce el éxito, pero ocurre que en ocasiones dos clases distintas de éxito colisionan de manera estrepitosa. Es el caso de España y su victoria en el Mundial, el segundo en 16 años, vinculados a un modelo que choca con las predicciones de los futurólogos.Seguir leyendo…
El fútbol actual, y el que vendrá, atiende con gran cuidado la información que procede de toda clase de datos, estadísticas y funciones de la inteligencia artificial. Es un modelo cada vez más instalado en las derivadas tecnológicas, no sin algunas aberraciones que amenazan la naturaleza del juego más popular del planeta. Siempre se habla de tendencias en el fútbol, del efecto que produce el éxito, pero ocurre que en ocasiones dos clases distintas de éxito colisionan de manera estrepitosa. Es el caso de España y su victoria en el Mundial, el segundo en 16 años, vinculados a un modelo que choca con las predicciones de los futurólogos.
La Premier League es el principal laboratorio del fútbol, sostenido por una economía boyante, inversiones de fondos que parecen no tener fondo, difusión mediática superlativa, estrellas que no cesan de acudir al campeonato inglés y la arribada constante de los entrenadores más prestigiosos del mundo. Los nacionales no interesan en su país, ni en su selección, dirigida en el último Mundial por el alemán Tuchel.
Uno de los aspectos más interesantes de la victoria de ‘la roja’ es su valor contracultural
Ningún entrenador ha alcanzado mayor éxito en la Premier League que Pep Guardiola. Fue el oráculo de un nuevo fútbol en el Barça, acreditado después en la impresionante saga de títulos del Manchester City. Hasta los equipos más agrestes del fútbol inglés tomaron nota. Todos querían adaptarse, en mayor o menor medida, a la modernidad que proponía Guardiola, que en esencia estaba construida sobre un aspecto crucial: el pase y una deseada consecuencia, la posesión de la pelota.
Ese modelo, que no ha encontrado mejor acomodo que en España, se ha declarado en peligro de extinción durante las dos últimas temporadas. Las métricas del fútbol en la Premier League han informado de un crecimiento casi exponencial del pase largo, la obsesión por el aprovechamiento de saques de esquina y de banda –aquel troglodita Stoke City y su famoso lanzador Rory Delap es ahora el espejo en que se miran numerosos equipos, incluidos algunos de los mejores del campeonato– y los marcajes individuales y sin tregua por todo el campo.

El Arsenal, campeón de la Premier League y finalista en la última Copa de Europa, marcó 25 goles en jugadas a balón parado. Significa el 35% de los goles que el equipo de Arteta sumó en el campeonato inglés, excluyendo los anotados en el lanzamiento de penaltis. Con datos de esta clase se ha llegado a profetizar la desaparición del modelo Guardiola. Hace tres meses, el técnico catalán declaraba que no perdía la fe en el pase, en los postulados que durante tantos años había defendido fervientemente. Las estadísticas anunciaron un cambio casi radical en la liga más importante del mundo.
Uno de los aspectos más interesantes de la victoria de España en el reciente Mundial es su valor contracultural. Difícil recordar un campeón tan distinguible del resto. Ocurrió algo parecido en el Mundial de 2010, donde el éxito de la selección se añadió a la apoteosis del Barça. El fútbol español dejó una huella imborrable. Comenzó a jugarse de otra manera, hasta que las noticias procedentes de la Premier League y otros campeonatos empezaron a cuestionar su validez.
Nadie sabe qué influencia tendrá la selección española en la deriva del fútbol. Su cartesiano modelo se ha impuesto con una contundencia implacable. Apenas ha dejado resquicios de ventajas estadísticas para el resto de las selecciones. No ha encontrado una convincente respuesta a su vía futbolística, que, mire por donde, está en las antípodas de lo que la supuesta modernidad predica. En cualquier caso, qué maravilla de noticia.
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