Si la pretemporada sirve para coger confianza, el Real Madrid de Jose Mourinho comenzará la Liga con la batería llena. Su puesta de largo en Alemania fue convincente, especialmente con una primera parte donde el juego fluía con Bernardo Silva y Güler, y Mbappé cogía la bandera de la responsabilidad. El Madrid no recibió ni cosquillas y lo atacó por tierra, mar y aire.
El francés se estrenó con Mourinho con un gol y con una actuación determinante, Huijsen hizo el segundo de córner en la primera mitad y Espí sigue en racha
Si la pretemporada sirve para coger confianza, el Real Madrid de Jose Mourinho comenzará la Liga con la batería llena. Su puesta de largo en Alemania fue convincente, especialmente con una primera parte donde el juego fluía con Bernardo Silva y Güler, y Mbappé cogía la bandera de la responsabilidad. El Madrid no recibió ni cosquillas y lo atacó por tierra, mar y aire.
A los 12 minutos de partido, Kylian Mbappé ya podía haber anotado un ‘hat-trick’. El francés, en su estreno con Mourinho en el banquillo, no tardó demasiado en anotar. Acomodado como delantero centro, se le vio más participativo en la presión y con movimientos más afilados, pendiente de darle sentido a toda acción.
A los seis minutos, un error de Schallenberg al pasarle el balón a Karius, el meta de aquella Champions que le ganó el Real Madrid al Liverpool (2018), dejó solo a Mbappé, que superó de tiro cruzado raso. Fue como darle el revólver a Clint Eastwood. Cinco minutos después, un pase al espacio de Brahim dejó de nuevo solo, aunque algo escorado y con los defensores pisándole los talones, a Mbappé, que lanzó fuera cruzado. Y, acto seguido, una carrera de las suyas dejó atrás a dos defensores pero no logró encontrar el mejor remate. El Schalke no era capaz ni de presionar ni de hacerle daño al Madrid, muy bien posicionado con una alineación equilibrada.
Con Huijsen encontrando entre líneas a Güler y Brahim y Bernardo Silva ordenando el equipo, el Madrid tuvo buen gusto en las posesiones ante un Schalke, campeón de la segunda alemana el curso pasado, demasiado blando, sin encimar y desordenado. El balón fue circulando como si los jugadores blancos se lo pasaran con la mano hasta que el turco encontraba los espacios. Tras una recuperación de Mbappé, Güler lanzó un córner que remató Huijsen saltando más que nadie. Un termómetro que midió quien estaba más tensionado en el partido y quien no había salido de los vestuarios.
Si la pretemporada sirve para ganar confianza, el Madrid se llenó de ella. Fue un partido de mayores contra pequeños, en el que Huijsen pudo hacer el tercero en el minuto 33 y Vinicius perdonó un pase de la muerte de Mbappé en el minuto 36. Falta de velocidad, el brasileño encontró situaciones de uno contra uno pero le faltó una marcha, la que nunca pierde el francés.
Tras el descanso, el Schalke se ordenó y cerró mejor los espacios, el Madrid dio entrada a Camavinga, Espí y Rüdiger, y el delantero ex del Levante volvió a ver puerta en un contraataque iniciado por una genialidad de Vinícius. Habilitó a Carreras, que con un autopase se plantó en el perfil izquierdo del área. Espí, con un inteligente desmarque, la pidió al segundo palo. El centro preciso lo mandó de cabeza al fondo de la red. Espí ha caído de pie en Valdebebas.
El momento surrealista del partido llegó a la hora de juego, cuando los aficionados alemanes silbaron con vehemencia a Marc Cucurella. No se olvida de aquella mano no señalada en los cuartos de final de la Eurocopa ante Alemania, que se convirtió en un debate en el país. La UEFA, con el tiempo, entendió que se debía haber señalado.
También salieron Bellingham y Diomande, pero curiosamente, el Madrid se desorganizó en los momentos finales y el Schalke merodeó el gol del honor. Los de Mourinho mantuvieron la solidez y se entregaron a mantener la portería a cero. Un valor que el técnico cuida en cada entrenamiento.
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